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Un grupo de expertos brinda consejos de manejo clave para la gruesa

Especialistas en plagas, malezas y enfermedades adelantan cuáles serán los principales desafíos agronómicos de la campaña 2015/16, amenazada por la baja rentabilidad y por la incertidumbre que genera el cambio de gobierno.

De acuerdo a los pronósticos, la campaña de cultivos de verano que se avecina contará con abundantes lluvias. En ese marco, y en un año difícil económicamente para los agricultores, ajustar el manejo agronómico a las condiciones ambientales será aún más importante que de costumbre.

“Lo primero que tiene que tener en claro el productor es que la maleza hoy modifica el costo productivo; por lo tanto, hay que contemplarla en el sistema de toma de decisión”, subrayó el Ing. Agr. Luis Lanfranconi investigador del INTA y docente de la Universidad Católica de Córdoba.

Por malos que sean los pronósticos, Lanfranconi llamó a no bajar la inversión en tecnología en los lotes con alta infestación de malezas. “Ese ahorro circunstancial puede significar un dolor de cabeza para los próximos cinco años; no sería conveniente que en un lote muy complicado con sorgo de Alepo o yuyo colorado o chloris, se piense en ahorrar plata, porque no se va a terminar de solucionar el problema y, además, lo potenciaría para los años siguientes; sería un error garrafal tratar a todos los lotes como un promedio”, explicó.

El especialista recomendó hacer el diagnóstico y tomar las decisiones lote por lote. “Hoy hay respuestas tecnológicas para algunos de los problemas que tenemos; sale mucho más caro pero hay solución. Entonces, aquellos lotes complicados hay que abordarlos con la tecnología disponible y no tratar de ahorrar plata ahí”, insistió.

Si las condiciones ambientales son buenas para el desarrollo de los cultivos, este año “las plantas van a tener un buen porte y van a sombrear el suelo rápidamente; eso implica que el mismo cultivo va a ser un aliado en el control de las malezas. Entonces, hay que jugar lo más que se pueda para que se cierre el surco muy rápido y así evitar hacer aplicaciones de repaso posteriores”, indicó Lanfranconi.

Además, aconsejó arrancar con lotes limpios usando herbicidas preemergentes. “Valen el doble que los postemergentes pero terminan siendo baratos; con un buen emergente que permita que el cultivo nazca limpio y se mantenga así los primeros 45 días, si cierra el surco rápido, se convierte en competidor importante para las malezas”, afirmó el investigador.

En cuanto a fechas de siembra, recordó que las mejores en la Pampa Húmeda siempre fueron las tempranas porque presentan un mayor potencial de rendimiento, pero aclaró que si hay problemas serios de malezas, habrá que modificarlas para impactar más sobre su desarrollo.

Por caso, en Córdoba hoy predominan las fechas de siembra tardías y “para la problemática de yuyo colorado está fantástico, porque cuanto más atrasemos el cultivo y controlemos temprano, acorralamos al final de ciclo a la maleza y le ganamos”, aseguró Lanfranconi.

Las enfermedades también merecen atención. “Hay problemas económicos y políticos, con lo cual el productor está indeciso, ansioso, angustiado, y tiene que tomar decisiones para un futuro que es desconcertante para él. En este contexto, mi primer mensaje es que no se olviden de la técnica, si van a dedicarse a la producción”, advirtió el ingeniero Marcelo Carmona, especialista de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires.

Carmona recomendó a los productores “que no se retrasen en las aplicaciones, que no bajen las dosis y que usen los productos efectivos”, y llamó a insistir en el monitoreo, por ser el único procedimiento que indica el momento preciso para actuar. “Es probable que tiendan a querer utilizar menos dosis o retrasar la aplicación del producto porque hasta último momento les cuesta tomar la decisión, pero eso finalmente les va a traer mucho más perjuicio”, advirtió.

De acuerdo a los pronósticos, el año tendrá condiciones predisponentes para enfermedades reguladas por temperaturas invernales moderadas y posteriores lluvias, incluso hasta el final de ciclo de la soja. Por eso, Carmona llamó a “estar alerta especialmente en híbridos de maíz susceptibles a tizón; en soja por la aparición de enfermedades de fin de ciclo; en trigo con la roya, especialmente la roya negra que empieza a ser un desafío importante; y en cebada con ramularia, controlando el estrés oxidativo que pudiera ocurrir”.

Las plagas también merecerán atención, en una campaña de gruesa que estará atravesada por un cambio de gobierno, lo cual genera incertidumbre respecto de las políticas agropecuarias que vendrán. Pero “la idea es decirle a los productores que no piensen en esta campaña sino en el manejo que van a hacer de acá a cinco años: hoy te piden que los ayudes a salir del paso, porque es muy difícil lograr que hagan un manejo integrado de plagas y malezas en este contexto”, lamentó Roberto Peralta, experto en Protección Vegetal de la Universidad Católica de Córdoba.

“Hoy, para muchos la política es no tener política de manejo porque los números no cierran y por la incertidumbre de no saber hacia dónde vamos”, señaló. Pero hizo una seria advertencia: “Vamos camino a tener grandes problemas de resistencia de plagas; la gente no entiende que el presente de malezas es el futuro de plagas; aunque aún no está publicado, la resistencia de plagas está, hay investigadores que ya lo han evaluado”.

Según aseguró Peralta, spodotera frugiperda, la cogollera del maíz, es resistente a algunos eventos. “En Brasil se publicó y el año pasado lo vimos en el campo, hay una diferencia terrible en el control que había al principio y el que se logra ahora”, consideró. Para el ingeniero, si las prácticas de manejo no se modifican y la tendencia continúa, de acá a dos o tres años “habrá una gran sorpresa de resistencia, lo cual es muy preocupante, porque no hay alternativas al control y en un contexto de monocultivo será muy difícil de manejar”.

Este año, si abundan las lluvias, los problemas no vendrían de la mano de las defoliadoras sino de las chinches en soja. “Eso me preocupa, porque como las chinches aparecen al final del cultivo, a veces los productores se relajan, les da la sensación de que ya está todo desarrollado y es allí cuando más daño pueden causar”, indicó Peralta.

La toma de decisiones de manejo para la campaña de cultivos de verano pinta difícil, no solo por las condiciones particulares del año, sino por un proceso que se arrastra de larga data. “Técnicamente, el monocultivo de soja nos ha puesto muy chatos los últimos quince años, y esto se está agravando cada vez más, porque ya ni siquiera tenemos maíz: este año se ha reducido en un 50% la superficie estimada de siembra a nivel país y el trigo prácticamente no existe. Es una situación realmente muy complicada para el manejo agronómico”, finalizó Peralta.

 

Fuente: Clarín Rural

30 entidades lanzan una Red de Buenas Prácticas Agrícolas

Promueven el manejo responsable en los distintos procesos de la cadena productiva.

Con la presencia de miembros de las 30 instituciones que la integran, se presentó la Red de Buenas Prácticas Agrícolas (BPA). Según se informó, esta red es el resultado de un proceso de diálogo interinstitucional entre las principales entidades públicas y privadas del país, las cuales desarrollan diversas actividades relacionadas con la producción.

Fue creada, se indicó, para contar con un mecanismo de intercambio de información, diálogo y cooperación entre sus miembros para abordar de forma integral las distintas dimensiones de esta temática.

La Red define a las Buenas Prácticas Agrícolas como una manera de producir de modo que los procesos de siembra, cosecha y postcosecha de los cultivos cumplan con los requerimientos necesarios para una producción sana, segura y amigable con el ambiente.

 

Integrantes

Las organizaciones fundacionales de la Red BPA son: Aapresid; ArgenBio, Aacrea; Asagir; ASA, Bolsa de Cereales, Carbio, Ciara-CEC, Ciafa, Casafe, Coninagro, CRA, CPIA, Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires y Programa de Agronegocios y Alimentos, Federación de Centros y Entidades Gremiales de Acopiadores de Cereales, Fertilizar, Iram, Inta, Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación, Ministerio de Asuntos Agrarios de la Provincia de Buenos Aires, Senasa y SRA.

También forman parte de ella consultores fundacionales como David Hughes, Eduardo Serantes, Federico Pochat, Gustavo Idígoras y Santiago Casares. Adhirieron posteriormente Asaho y Fiso.

 

Instrumento

La Red entiende que las BPA constituyen un instrumento estratégico para atender adecuadamente los desafíos del crecimiento cuantitativo y cualitativo de la demanda de los productos de la agroindustria, que implica la integración de la disponibilidad, la calidad e inocuidad y la sustentabilidad de la producción agroindustrial.

“La Red es una iniciativa abierta y dinámica que se construye gradualmente y de manera consensuada con todos sus miembros a través de un proceso de diálogo constructivo”, comentó Ramiro Costa, coordinador de la Red.

 

Mejora continua

En el marco de su presentación en sociedad, y como una de sus primeras actividades concretas, la Red elaboró un documento que es el marco conceptual y técnico de la misma: “El documento que presentamos recorre los distintos procesos de producción, señalando los requisitos a implementar para lograr el cumplimiento de las BPA, basándose en la capacitación del personal y abarcando desde la planificación del cultivo hasta la obtención del producto final”, agregó el coordinador.

Desde la Red se promueve que los productos agrícolas sean usados responsablemente sin afectar a la salud humana ni animal, así como tampoco al medio ambiente y protegiendo la seguridad de los trabajadores.

Con el objetivo de lograr la adopción masiva de las BPA a través de un proceso de mejora continua que permita lograr un buen posicionamiento de Argentina en el contexto mundial, la Red profundizará el documento de lineamientos para generar guías de implementación más específicas según los tipos de cultivos (intensivos o extensivos) y evaluará la situación actual en relación con el uso de las BPA en el país.

 

Plan de comunicación

Además, avanzará con la coordinación de las capacitaciones y trabajará en el desarrollo e implementación de un plan de comunicación para promover las BPA y dar respuestas a las preocupaciones de la sociedad respecto de la actividad agroindustrial.

En el cierre del encuentro, el ingeniero Marcelo Regúnaga, responsable de la Comisión de Capacitación, remarcó que la Argentina está bien encaminada en cuanto a las Buenas Prácticas aunque aún queda mucho por hacer. “Se trata de un proceso de mejora continua”, señaló.

En este sentido, destacó que el periodismo es una pieza fundamental para la difusión de las BPA, con llegada directa a la sociedad. Haciendo referencia a la creación de la Red, Regúnaga rescató la interacción público-privada que se da en este ámbito y comentó que los beneficios de aplicar BPA no son sólo para el productor sino para toda la cadena y el país.

“Desde la Red buscamos, además de promover la implementación de las BPA, trabajar en la comunicación a la sociedad de cómo se producen los alimentos”, añadió Regúnaga.

 

Más información: www.redbpa.org.ar

 

Fuente: La Voz del Interior

Claves para controlar las malezas resistentes

Los sistemas agrícolas extensivos del país y del mundo se ven afectados por la aparición de malezas resistentes a productos de control químico. Las claves para un manejo integral de los lotes. 

Según un estudio de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires y la empresa Adama Argentina, en el país se invierten alrededor de 1.300 millones de dólares por año para controlar la problemática de las malezas. Desde 2005 hasta la fecha, se confirmó la evolución de resistencia a glifosato en cinco especies y, en los últimos años, se detectaron los primeros casos de resistencia múltiple a glifosato y a otros herbicidas en raigrás y yuyo colorado.

Entre las principales malezas resistentes al glifosato detectadas en la Argentina, se encuentran sorgo de Alepo (Sorghum halepense), raigrás anual (Lolium multiflorum), raigrás perenne (Lolium perenne), yuyo colorado (Amaranthus quitensis y Amaranthus palmeri), capín (Echinochloa colona) y pata de ganso (Eleusine indica). Al competir por el agua y los nutrientes del suelo, las malezas generan pérdidas económicas, interfieren en la cosecha y alcanzan la Pampa Húmeda, el NOA y el NEA.

Respecto de los factores que acentúan la problemática, técnicos del INTA remarcan la escasez de rotación dado el predominio del cultivo de soja, el uso de glifosato en muchos casos como única herramienta de control, la gran superficie agrícola bajo arrendamiento de corta duración y la ausencia de monitoreos en los lotes.

maleza

Desde 2005 hasta la fecha, se confirmó la evolución de resistencia a glifosato en cinco especies.

 

La clave está en el manejo

1. Monitorear los lotes: conocer la historia del lote permitirá ajustar las estrategias de manejo de acuerdo con la comunidad de malezas presentes y poner énfasis en las especies más difíciles de controlar. Además de identificar el tipo de malezas, el diagnóstico es fundamental para observar su estado de desarrollo y para realizar un registro de aquellas que podrían emerger. Esta información, a su vez, ayuda a determinar cuáles son los herbicidas pre-emergentes que podrían aplicarse.

2. Diseñar una estrategia integrada de control: en general, las estrategias de control se basan en el uso de uno o de muy pocos herbicidas que, utilizados en forma sistemática, simplifican las tareas de control y hacen que las malezas generen mayor resistencia. Para evitarlo, los técnicos recomiendan llevar a cabo rotaciones de cultivos, emplear variedades de rápido crecimiento en pos de acelerar el cierre del surco y sembrar cultivos de cobertura que demoren o reduzcan el nacimiento de las malezas.

3. Evitar la producción de semillas de malezas resistentes: la producción de semillas de malezas resistentes puede prevenirse con diferentes métodos a fin de evitar una fuerte presión de selección. Por su parte, las plantas que escapan a los herbicidas deben ser eliminadas, en lo posible, de manera manual y cuando el lote recién comienza a infestarse. De igual modo, con el objetivo de contener su expansión, se aconseja la correcta limpieza de vehículos, cosechadoras y otros equipos agrícolas antes de ingresar al campo.

4. Hacer rotación de cultivos: además de mejorar la estructura y biodiversidad del suelo, la rotación disminuye la incidencia de algunas especies resistentes. Esto se debe a que el período de crecimiento de un cultivo –fecha de siembra y ciclo–, la acción de los herbicidas selectivos disponibles y la cantidad de residuos remanentes que quedan en el suelo tras la cosecha cambian entre los cultivos. Estas diferencias aportan diversidad al sistema y reducen la presión de selección que favorece la emergencia de las malezas.

5. Realizar un control químico planificado: en los últimos años, el empleo de productos de síntesis se transformó en el método de intervención más utilizado para el tratamiento contra las malezas. Al respecto, los especialistas resaltan la importancia de realizar un diagnóstico del estado de crecimiento de las malezas, ya que muchas veces las fallas en el control con insumos son consecuencia del carácter tardío de las aplicaciones.

En ese sentido, se recomienda utilizar herbicidas con diferentes sitios de acción, en aplicación total o con mochila sobre plantas aisladas. Asimismo, con el propósito de complementar este tipo de control, es posible tener en cuenta alternativas como el desmalezado manual y el control mecánico con labranzas reducidas en rodales de malezas perennes.

 

Fuente: INTA Informa

El manejo integrado de malezas (MIM)

Lejos de las estrategias aisladas, es necesario volver a hablar de manejo para enfrentar la problemática. Repasamos algunas medidas a tener en cuenta.

Hoy en día no se puede encarar la problemática de malezas con medidas o estrategias aisladas, sino que deben enmarcarse dentro de un conjunto de técnicas que permitan prevenir y contener la aparición de las mismas y no pensar solamente en su eliminación en el corto plazo. En resumen, es necesario volver a hablar de manejo.

Al respecto es necesario repasar algunas de las estrategias que, aplicadas de forma integrada y articulada pueden ayudarnos a enfrentar el problema. Así por ejemplo, los cultivos de cobertura compiten por recursos (agua, luz y nutrientes) disminuyendo el tamaño y la densidad de malezas además de potenciar la acción y disminuir el número de controles químicos en el lote.

La rotación de cultivos y de modos de acción de herbicidas son dos prácticas muy importantes dentro de un MIM. Rotar cultivos permite ampliar el espectro de modos de acción que se pueden utilizar.

Pero respecto de esto último, debe tenerse en cuenta que la rotación de modos de acción debe implementarse tanto a nivel de barbecho como durante el ciclo del cultivo, con especial énfasis en aquellos herbicidas residuales, que exponen por más tiempo a la acción del producto a aquellas malezas de emergencia escalonada.

Esto aumenta la presión de selección sobre las mismas e incrementa la probabilidad de la aparición de resistencia.

Otro aspecto a tener en cuenta es no confundir la rotación de distintos principios activos con la de diferentes modos de acción. Un error común puede ser el de alternar imazetapir y clorimuron, que si bien pertenecen a distintas familias químicas (imidazolinonas y sulfonilureas respectivamente) tienen el mismo modo de acción (inhibidores de la ALS).

El monitoreo de malezas permite la identificación de las especies presentes en el lote, la estimación de su densidad y tamaño, para luego decidir el momento y el tipo de tratamiento más adecuados. Además, si se realiza de manera pertinente, puede alertar sobre “escapes” en el control (si el monitoreo se realiza por un período de tiempo lo suficientemente largo), determinar la causa de los mismos y actuar en consecuencia. Un ejemplo de ello sería detectar posibles focos de resistencia de manera temprana.

Evitar la siembra sobre las malezas vivas es otra acción importante, ya que aparte de impedir la competencia inicial que ejercen sobre el cultivo, abre el abanico de posibilidades para su control (la siembra sobre un manto de malezas vivas restringe las herramientas disponibles a utilizar, además de disminuir las probabilidades de éxito).

El acortamiento de la distancia entre surcos otorga al cultivo una ventaja en la competencia inicial con la maleza, sobre todo en siembras tardías donde las condiciones de luz y temperatura favorecen al crecimiento del primero.

La limpieza de las cosechadoras es de fundamental importancia para evitar la dispersión de las malezas en el resto del lote. Es una práctica muy recomendada para el caso de sorgo de Alepo resistente a glifosato, maleza para la cual también es recomendable dejar los lotes o áreas donde se encuentre presente para cosechar al final.

Por último, las labranzas conservacionistas, contrariamente a la opinión de muchos, contribuyen a cortar los ciclos biológicos de muchas malezas (Cynodon hirsutus, Gomphrena spp, Borreria spp, etc.), tal como lo reportan numerosos trabajos de especialistas en la materia.

Además, este tipo de acciones utilizadas en situaciones puntuales y no como norma de manejo, hacen posible la sustentabilidad del modelo productivo bajo siembra directa, aliviando la presión sobre los herbicidas, que son el principal pilar para el control de malezas en este modelo productivo.

 

Autor: Marcelo Metzler

Fuente: Aapresid

Gramíneas resistentes: comienza una nueva etapa

El alerta rojo de Sorgo de alepo resistente a graminicidas es un hecho. Lejos de resignarnos o de volver a viejas recetas, debemos empezar hoy a pensar en nuevos escenarios.

El Sorgo de alepo resistente a glifosato fue declarado en 2005, dando inicio a la era de las malezas resistentes a este herbicida en la Argentina. Luego le continuaron los raigrases, la Avena negra y lasgramíneas anuales estivales.

También se sumaron la Gramilla mansa y el Pasto amargo, entre las perennes. A la fecha se encuentran confirmadas nueve especies gramíneas resistentes (Tabla 1). De todas ellas, 3 son de crecimiento invernal y las 6 restantes de crecimiento estival. Las 3 primeras se encuentran en el centro-sur del área agrícola del país, donde prevalecen los cultivos de invierno, mientras que las de crecimiento estival, se ubican en el centro-norte del país, donde predominan los cultivos de verano.

Tabla 1

 

El caso “Sorgo de Alepo”

Desde el 2005 los biotipos resistentes de esta especie se encuentran en franca expansión, colonizando nuevas regiones, en las que antiguamente estaba ausente, y aumentando la superficie afectada en aquellas zonas donde ya se observaba su presencia (Figura 1). En todos estos casos, la principal -y casi única- herramienta de control fueron los graminicidas post-emergentes FOP y DIM (Haloxifop, Quizalofop, Fluazifop, Propaquizafop, Cletodim, principalmente).

Como era de esperarse, en esta campaña se lanzó el alerta amarillo por escapes de plantas de Sorgo de Alepo a graminicidas FOP en el centro-norte de Córdoba, con algunas sospechas más en otras zonas.

Finalmente se acaba de confirmar su resistencia en un biotipo del norte de Santa Fe.

A partir de aquí, hay dos opciones: tomárselo “a la ligera” y pensarlo eventualmente como “un nombre más”  dentro de la lista de resistencias múltiples, o bien reflexionar, de forma prospectiva, sobre cómo este biotipo podría complicar enormemente el manejo.

Mapa

Distribución de Sorgo de alepo resistente a glifosato

 

Si buscamos los registros de herbicidas en Argentina para el control de gramíneas, encontramos que hay varios modos de acción presentes (Tabla 2). Si separamos los que pueden utilizarse en cada uno de los principales cultivos, vemos que hay 6 para girasol, 7 para soja y para maíz, y sólo 3 para sorgo.

Si observamos cuántos de ellos pueden aplicarse en post-emergencia del cultivo (es decir cuántos son selectivos) nos encontramos que quedan 2 para girasol, 4 para maíz, 3 para soja y ninguno para sorgo. Todo ello, asumiendo que no existen resistencias a ningún herbicida en las gramíneas presentes.

Ahora bien, si consideramos que ya tenemos Sorgo de alepo resistente a glifosato, a lo que se suman la resistencia a graminicidas del grupo ACC, la lista de reduce quedando solo los ALS en post-emergencia de soja (Imazatapir) y girasol (Imazapyr+Imazetapir -en híbridos CL-).

Para maíz, la lista es un poco más extensa, ya que continúan presentes los ALS (Foramsulfuron+Iodosulfuron, Nicosulfuron, Imazapyr+Imazetapir -en híbridos CL-), los Inhibidores de las Síntesis de Carotenoides (Topramezone, Mesotrione, Isoxaflutole) y los inhibidores de la Glutamino Sintetasa (Glufosinato de amonio).

Tabla 2

Si continuamos avanzando (Figura 2) y analizamos las ALS, podemos observar que se trata de un grupo de herbicidas muy utilizado, de amplio espectro, con residualidad, de baja toxicidad, pero con el inconveniente de generar resistencias fácilmente.

Tal es así, que a nivel mundial hay más de 150 especies resistentes a estos herbicidas, dentro de los cuales se encuentra el Sorgo de Alepo en Estados Unidos, Italia, Chile, México y Venezuela. En Argentina, la resistencia a este grupo se encuentra en Lolium multiflorum y posiblemente en Echinochloa sp.

Con este contexto, sería prudente recomendar el uso de las ALS siempre y cuando se respete un plan de manejo que implique la rotación de modos de acción.

Cabe preguntarnos entonces: ¿cuánto puede durar en el tiempo un manejo, sin aparición de resistencias, cuando solo queda este único modo de acción para aplicaciones post-emergentes?, y por otro lado: ¿en cuánto se reduciría ese tiempo si consideramos adicionalmente el uso de las ALS durante barbechos como pre-emergentes y post-emergentes de la maleza? Todo hace pensar que muy poco.

Figura 2

 

Sin glifosato y sin graminicidas ACC ni ALS, no tendríamos posibilidades de control químico de Sorgo de alepo dentro de los cultivos de soja y girasol. ¿Es momento de volver a la vieja “soguita” con herbicidas no selectivos?

Por supuesto que aún contamos con una amplia gama de pre-emergentes, aunque esto no será suficiente si tenemos en cuenta que, si bien los pre-emergentes son indispensables para rotar modos de acción y para controlar las malezas en su etapa más vulnerable (germinación) disminuyendo así el banco de semillas, siempre existirá un porcentaje de plantas que escapará a estos tratamientos y que deberá ser controlado con post-emergentes.

Más aún, si consideramos que esta herramienta tiene menos posibilidades en aquellos ambientes de precipitaciones irregulares (ya que los pre-emergentes necesitan agua para ser incorporados al suelo y tener actividad herbicida) el manejo se complicará, y mucho.

 

Otros posibles casos en el futuro.

Mismo destino que el Sorgo de Alepo pueden sufrir otras de las gramíneas que, ya resistentes a glifosato, están siendo controladas – al igual que el Sorgo de Alepo – casi exclusivamente con graminicidas FOP y DIM. Tampoco están exentas las gramíneas tolerantes a glifosato como los Chloris, Trichloris y Pappophorum, a las que también se las controla con estos graminicidas, en varias aplicaciones por campaña.

De todos los posibles casos que pudieran surgir en el futuro bajo sistemas en siembra directa, quizás los más difíciles de manejar sean los de las gramíneas perennes (Cynodon hirsutus, Digitaria insularis, algunasChlorideas), porque una vez instaladas en el lote logran rebrotar, luego de cada aplicación de herbicida, a través de sus estructuras de reserva (matas, rizomas o estolones).

Por otro lado, de presentarse alguno de los casos anteriores, nadie podrá contar con la tranquilidad de estar alejado del supuesto foco, ni creerse con tiempo de ventaja (aquel que le tomaría al nuevo biotipo atravesar “las pampas” hasta golpear su tranquera).

Muy por el contario, la aplicación de un mismo manejo a lo largo de toda el área agrícola donde están presentes estas gramíneas, implicará probablemente – no olvidar que la resistencia es una simple cuestión de probabilidad – que estos nuevos casos se generen de forma paralela, en diversos puntos del país. Así sucedió con el Sorgo de Alepo RG el cual surgió en varios puntos geográficos de la Argentina.

 

¡Una buena!

Afortunadamente, el desenlace de lo que hasta ahora parece un cuento de terror, depende en gran medida de nosotros.

Por un lado, hay algunas tecnologías a lanzarse en el corto y mediano plazo que pueden colaborar, en parte, a sobrellevar la situación. Tal es el caso del evento de resistencia a glufosinato de amonio en soja, ya aprobado en Argentina – aunque no todavía comercialmente -, así como la resistencia a los HPPD también en soja, herbicidas del grupo de los Inhibidores de la Síntesis de Carotenoides (Isoxaflutole).

Ambos eventos permitirían contar con alguna herramienta más en post-emergencia del cultivo, sin olvidar que en ninguno de estos casos hablamos de “nuevos glifosatos”, sino que se trata de herbicidas cuyo control dependerá en gran parte del tamaño de las malezas, condiciones ambientales, calidad de aplicación, etc. Como dato extra, ambos modos de acción poseen moderadamente baja probabilidad de generación de resistencia, a diferencia de los ACC y los ALS.

Queda claro que empezamos una nueva etapa, más compleja. Algunas soluciones ya existen, solo habrá que adaptarlas, pero muchas otras deberán ser generadas, y eso tiene que ser ahora. La situación argentina es única, por el tipo de malezas y por el sistema de producción local, por lo que no podemos esperar recetas del extranjero.

Tampoco se trata de volver simplemente al manejo de los años 80, previo a la incorporación de la tecnología RR – como suele escucharse -, ya que la situación es totalmente diferente.

Las malezas son otras (resistentes y tolerantes) y por ende los herbicidas en ese entonces exitosos, tanto en barbecho (glifosato) como dentro del cultivo (graminicidas), hoy dejan de ser útiles. De manera que tenemos que tomar de aquellos tiempos la dedicación al seguimiento de las malezas, pero no podemos extrapolar cualquier solución.

En ese camino, habrá que considerar las malezas como una parte importante del ambiente productivo, como lo son hoy las precipitaciones, las heladas, la presencia de napa o la textura del suelo porque, al igual que estas variables, las malezas limitan la producción, y porque las herramientas con las que contamos para defendernos son cada vez menos.

En muchos casos, habrá que pasar de un manejo netamente ofensivo a uno más defensivo, cambiando cultivos, variedades, fechas de siembra, densidades, distanciamiento entre surcos y demás variables, con el objetivo de minimizar las pérdidas  y mantener el sistema en funcionamiento. En otras zonas, quizás hagan falta cambios aún más drásticos.

Por último, todas las acciones que puedan o deban implementarse, deberán ejecutarse en un marco de rentabilidad reducida y de alta presión social hacia nuestra forma de producir.

Por suerte, en toda crisis hay oportunidades, pero las mismas deberán aprovecharse hoy, haciendo todo lo que esté a nuestro alcance – y aún más – si queremos estar entre los futuros ganadores y no quedar en el camino.

 

Fuente: Red de Conocimiento en Malezas Resistentes (REM)

 

Malezas: las claves para un control eficiente

Cada vez son más resistentes y su manejo es hoy una de las principales preocupaciones de los productores. Uso planificado de herbicidas, monitoreo permanente y detección temprana resultan fundamentales.
El manejo y control de las malezas se convirtió en una de las principales preocupaciones de los productores: generan pérdidas económicas por competir por el agua y los nutrientes del suelo, además de que interfieren durante la cosecha. Por esto, son fundamentales el monitoreo permanente de los lotes, la información y la planificación para actuar a tiempo y evitar que se agrave el problema.

“Erradicar una maleza es muy difícil”, expresó Diego Ustarroz, especialista en control de malezas del INTA Manfredi–Córdoba, quien aseguró: “Se puede disminuir la población y para eso es necesario minimizar la producción de semillas”.

Para Ustarroz, “la clave está en recorrer los lotes, identificar las especies y hacer un manejo de sitio específico”. Además, señaló que “conocer la historia del lote permitirá ajustar el manejo de acuerdo a la comunidad de malezas presentes, poniendo énfasis en las de difícil control”.

En los últimos años, el control químico se transformó en el método de intervención más utilizado y eficiente en la lucha contra las malezas, para lo cual es imprescindible contar con información previa y planificar para que el problema no se agrave.

Los herbicidas demostraron ser buenos complementos para el manejo de malezas. “El control debe comenzar previo a la siembra del cultivo para eliminar malezas emergidas y plantas ‘guachas’ de cultivos anteriores”, expresó Francisco Bedmar, docente de la Facultad de Ciencias Agrarias, de la Unidad Integrada del INTA Balcarce–Buenos Aires.

Conceptos de este tenor serán ampliados y profundizados durante la Jornada Nacional de Malezas, que se realizará el 18 de marzo en el INTA Oliveros–Santa Fe, organizado por el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación y la provincia de Santa Fe, con entrada libre y gratuita –aunque con cupos limitados–.

 

Consejos para un buen control

De acuerdo con Bedmar, es imprescindible realizar un diagnóstico para identificar correctamente las especies de malezas presentes y determinar su estado de desarrollo y/o crecimiento antes de aplicar productos de postemergencia, en barbecho. En el caso de aplicar herbicidas pre-emergentes, Bedmar consideró que se debería llevar un registro de cuáles especies de malezas podrían emerger, basado en el conocimiento de la historia del lote. Del mismo modo, explicó que si fueran a aplicarse productos con acción residual en el suelo, deberían conocerse los períodos de espera para la siembra de cultivos subsiguientes, a fin de evitar posibles efectos fitotóxicos. “Esto permitirá seleccionar adecuadamente el herbicida a utilizar”, dijo.

En muchos lotes, las fallas en el control con herbicidas se deben a las aplicaciones tardías sobre malezas muy desarrolladas. “Esto es común en alquileres tardíos o en lotes cosechados en invierno”, explicó Ustarroz, para quien “el control debe comenzar en el otoño debido a que especies como rama negra son difíciles de controlar en primavera”.

Durante su desarrollo, las malezas consumen agua y nutrientes que no estarán disponibles para el cultivo. “A medida que las plantas crecen, las alternativas de control se reducen, los costos de los tratamientos se incrementan e, incluso, se puede favorecer la resistencia”, indicó el técnico de Córdoba.

Algunas malezas tolerantes a glifosato como Gomphrena pulchella son fáciles de controlar con otros herbicidas en pre-emergencia o pos-emergencia temprana. Según Ustarroz, “la eficacia del tratamiento se reduce cuando las aplicaciones se realizan sobre malezas más desarrolladas”.

Asimismo, los especialistas coincidieron en que “es importante combinar herbicidas pos-emergentes con aquellos que tengan acción residual en el suelo, de amplio espectro, y que sean eficaces en el control de malezas difíciles de controlar”.

Por otro lado, las dosis son otro aspecto que el productor debe tener en cuenta. “El ahorro del producto suele resultar caro”, aseguró Bedmar quien además, agregó: “Los herbicidas deben aplicarse siempre bajo las normas especificadas para disminuir el impacto ambiental que pudieran causar y evitar los riesgos toxicológicos“.

 

Manejar a las que resisten

La lista de malezas resistentes se amplía todo los años –Eleusine indica, Chloris spp., Borreria verticillata y yuyo colorado, entre otras–. Desde 2005 a la fecha se confirmó la evolución de resistencia a glifosato en cinco especies y, en los últimos años, se detectaron los primeros casos de resistencia múltiple a glifosato y otros herbicidas en raigrás y yuyo colorado.

Para Juan Carlos Papa, especialista en protección vegetal del INTA Oliveros–Santa Fe, la “escasez de rotaciones, la gran superficie agrícola bajo arrendamiento de corta duración y la ausencia de monitoreos influyen y permiten que el problema se agrave”.

Entre las alternativas el manejo de malezas resistentes en general, Papa recomendó limpiar los vehículos, maquinarias u otros equipos agrícolas –en especial las cosechadoras– antes de ingresar a un lote. “Resulta fundamental realizar un monitoreo frecuente de los caminos, cunetas, banquinas, baldíos y bordes a fin de detectar tempranamente la presencia de individuos, los cuales deberían ser eliminados antes de llegar al estado reproductivo”, indicó.

La resistencia de las malezas obliga a realizar un abordaje más integrado que no dependa de un solo herbicida. “Hay que trabajar integralmente sobre el sistema productivo”, afirmó Bedmar quien agregó: “Aplicar principios activos con diferente modo de acción, realizar en lo posible rotaciones de cultivos, utilizar variedades de rápido crecimiento para acelerar el cierre del surco y sembrar cultivos de cobertura que demoren o reduzcan el nacimiento de la maleza, son algunas de las posibilidades con las que contamos para evitar la sobresimplificación en el control de malezas y de esta manera la aparición de resistencia”.

El objetivo es evitar que las malezas resistentes a herbicidas produzcan semillas. Para esto se debe detectar el problema y combinar diferentes prácticas de manejo para que el sistema sea sustentable.

En este sentido, Ustarroz recomendó “el uso de herbicidas con diferente sitio de acción –en aplicación total o con mochila sobre plantas aisladas–, el desmalezado manual cuando sea posible y el control mecánico con labranzas reducidas en rodales de malezas perennes de difícil control químico”.

Fuente: INTA Informa

Dos nuevas alertas por malezas difíciles

En el primer mes del año se sumaron yuyo colorado y sorgo de Alepo, ambos con resistencia múltiple.

La campaña 2014-2015 es, sin dudas, la más complicada de los últimos años en lo que se refiere a malezas, por el avance de malezas resistentes y tolerantes a herbicidas en zonas donde ya tenían presencia y en nuevas regiones.

En este escenario, el año 2015 comenzó, lamentablemente, con dos nuevas alertas. Por un lado, se confirmó la resistencia múltiple a glifosato e inhibidores de la ALS (Imazetapir y Clorimurón) en yuyo colorado, en este caso Amaranthus hibridus (ex quitensis). El estudio estuvo a cargo de Diego Ustarroz y Pablo Belluccini, investigadores de las Estaciones de INTA Manfredi y Marcos Juárez, respectivamente, quienes trabajaron con un biotipo de Laborde, departamento Unión del sudeste cordobés.

Vale recordar que la resistencia a inhibidores de ALS y a glifosato en esta especie ya había sido reportada en 1996 y 2013, respectivamente, pero hasta el momento no en el mismo biotipo, lo que constituye así un nuevo caso de resistencia múltiple, es decir, resistencia a dos modos de acción herbicida diferentes. A nivel de campo, esto se venía viendo cada vez con mayor frecuencia y por eso se encontraba en Alerta Amarilla desde hace más de un año, pasando ahora a alerta roja, luego de los estudios mencionados.

Por otra parte, en el departamento Río Primero, del centro-norte cordobés, se detectó un biotipo de sorgo de Alepo resistente a glifosato con sospechas de presentar también resistencia a graminicidas del grupo de los inhibidores de ACCasa, en este caso específico a un herbicida “FOP” (dentro de los ACCasa se encuentran los grupos FOP, DIM y DEN). Debido a esto, el especialista Diego Ustarroz se encuentra realizando estudios que permitan confirmar o descartar la sospecha.

Se trata, entonces, de una alerta amarilla por resistencia múltiple a glifosato y ACCasa. La resistencia a glifosato en sorgo de Alepo es bien conocida y existen biotipos dispersos en una gran región de nuestro país, pero hasta el momento se controlaban con ese grupo de graminicidas.

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Mas aún, son los graminicidas postemergentes más utilizados a nivel nacional luego de la aparición de gramíneas resistentes, dentro de las cuales se encuentra el sorgo de Alepo. “Perder estas herramientas es de suma gravedad, porque es uno de los dos grupos de herbicidas selectivos en soja para el control de gramíneas resistentes a glifosato, quedando solamente los inhibidores de ALS, siendo estos lo que cuentan con mayor número de resistencias a nivel mundial, por lo que no puede abusarse de su uso”, señaló el ingeniero Pablo López Anido, director adjunto de la REM coordinada por Aapresid (Red de Conocimiento en Malezas Resistentes -REM-).

“Muy poco se ha venido haciendo en los últimos años para evitar la dispersión de los biotipos de sorgo de Alepo resistentes a glifosato; es urgente tomar medidas que eviten la dispersión de estos nuevos biotipos sospechosos que muy probablemente aparezcan también en otras zonas, debido al repetido uso de herbicidas de este grupo que se ha venido haciendo en los últimos años para controlarlos”, explicó el ingeniero Martín Marzetti, gerente de la REM de Aapresid. Al mismo tiempo, es indispensable generar y aplicar prácticas de manejo más diversas que retarden la aparición de nuevas resistencias.

 

Fuente: Red de Conocimiento en Malezas Resistentes (REM)