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MEJORAR LA COMPETITIVIDAD ES RESPONSABILIDAD DEL GOBIERNO

La alta presión impositiva con impuestos distorsivos, la competencia desleal de una economía en negro de 40%, los altos costos laborales, los de logística para llegar con sus producciones a los mercados de consumo y la exportación, la enorme burocracia a nivel municipal, provincial y nacional que encarece y demora las gestión empresarial y la actual política cambiaria son algunos de los factores económicos que componen este cóctel insoportable que tiene el empresario argentino para trabajar y producir.

En el actual contexto económico es muy difícil para las Pymes agropecuarias seguir trabajando con margen de rentabilidad, si tienen que adoptar tecnologías modernas para poder aumentar la producción por hectárea, a fin de que su empresa siga siendo sostenible por aumento de la productividad.
Los rindes de indiferencia en muchas zonas están muy cerca de los rindes promedios de los cultivos, incluidos la soja.
Este panorama complica a los productores que han tenido graves problemas en sus cultivos y otras producciones por las grandes inundaciones, cuyas pérdidas todavía son muy difíciles determinar en cuanto a los montos, pero son realmente cuantiosas.
A eso le tenemos que agregar el lucro cesante de muchos campos, consecuencia del anegamiento hídrico, por mal manejo de las aguas en todos los niveles del Estado y el sector privado.
Para afrontar los productores la próxima siembra tendrán a apelar, los que puedan, a tomar créditos, a tasas de mercado, porque en el país no hay políticas de Estado para atender los eventos climáticos y atenuar las pérdidas de cada caso.
Lo más grave es que parece que después de 16 meses de gestión no las vamos a tener, porque es uno de los temas que no se habla en el Ministerio de Agroindustria nacional ni en las provincias.
En cualquier país que tenga uno oportunidad de visitar, estas políticas se encuentran incluidas como “políticas de Estado”.
La alta presión impositiva con impuestos distorsivos, la competencia desleal de una economía en negro de 40%, los altos costos laborales, los de logística para llegar con sus producciones a los mercados de consumo y la exportación, la enorme burocracia a nivel municipal, provincial y nacional que encarece y demora las gestión empresarial y la actual política cambiaria son algunos de los factores económicos que componen este cóctel insoportable que tiene el empresario argentino para trabajar y producir.
Agrava dicha situación, una inflación que se resiste a bajar, con un dólar que, ajustado por la inflación, sería similar al valor que teníamos cuando asumió el presidente Mauricio Macri en diciembre de 2015.
Es decir que la inflación se consumió la devaluación, mientras los insumos para el sector agropecuario aumentaron por la inflación en dólares. Hay que afrontarlos con precios de granos y commodities muchos más bajos.
Por eso digo que la mejora de la competitividad después de 16 meses de gestión es responsabilidad del Gobierno. No se arregla la situación del agro, especialmente de las economías extra pampeanas, haciendo política específica para cada sector.
Cuando todas las producciones tienen problemas, las soluciones deben ser generales, para no distorsionar más la economía nacional.
Hay que asumir que este problema de falta de competitividad del país para poder crecer y desarrollarnos, es responsabilidad del actual nivel de gasto público del Estado, por lo cual se impone rediseñar el mismo, para que esté acorde a la capacidad contributiva de un sector privado, para que sea competitivo para exportar al mundo.
No tiene ningún sentido ponerse a discutir una nueva reforma impositiva para mantener este nivel de gasto público, porque así no van a invertir los argentinos y muchos menos vendrán inversiones extranjeras.
El sector más competitivo
La agroindustria, a pesar de ser el sector más competitivo del país, necesita un marco institucional más amplio y una agenda de políticas de Estado moderna, que le permita desplegar todas las capacidades emprendedoras, para mejorar las producciones en cantidad y calidad y colocarlas mejor en las góndolas del mundo sin gravosos aranceles.
El sector demostró que con unas pocas medidas tomadas por este Gobierno, que permitieron destrabar la capacidades de producción y de comercialización en base a la libertad, la respuesta ha sido muy importante con una cosecha de 111 millones de toneladas en el ciclo 2015-2016 y previendo para el 2016-2017 unas 120 millones estimadas que podrá variar según la incidencia de las grandes lluvias e inundaciones.
Por eso es estratégico que la Agroindustria apoye el ingreso de la Argentina al grupos de países como la Alianza del Pacífico, un Mercosur reformulado por el libre comercio o acuerdos bilaterales con México o Colombia y otros, para comercializar nuestros productos con los menores aranceles posibles, para acceder a dichos mercados.
La agroindustria con sus transformaciones de la materia prima es el único sector que está en condiciones de demostrar en corto
tiempo el rol geopolítico que tiene, arraigando a sus pobladores en donde viven.

Autor: Arturo Navarro
Consultor. Ex presidente de CRA y CARBAP

Fuente: www.arturonavarro.com.ar

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La participación del Estado en la renta agrícola es del 94,1%

El índice FADA del mes de septiembre registra otro récord de participación del Estado en la renta agrícola argentina. Termómetro del campo. Explicaciones e impactos de este dato.

Que el Estado participe del 94,1% de la renta agrícola significa que la sumatoria de los tributos (provinciales y nacionales, incluidos los derechos de exportación) y los costos de intervención (efecto ROEs en trigo y maíz), representan $94,10 de cada $100 que genera de renta una hectárea promedio en Argentina.

La renta es lo que vale la producción menos los costos, en otras palabras, el resultado que se obtiene al restarle los costos de producción, comercialización y transporte al valor de la producción a precios internacionales.

La producción y costos de la hectárea se calculan utilizando los rindes, costos y distancias al puerto promedio a nivel nacional para los cultivos de soja, maíz, trigo y girasol y ponderándolos por la participación de estos cultivos en el área sembrada nacional. Así, se obtiene la renta, la que se distribuye en el resultado de la producción después de impuestos, la renta de la tierra y la participación del Estado.

El incremento de la participación del Estado con respecto al 93,5% de junio de 2015 y al 81,7% de hace un año, se debe a la combinación de factores como la caída de precios de las commodities agrícolas y a que la devaluación fue menor al incremento de costos.

En el último año, la soja cayó un 18,6% en dólares, mientras que el maíz bajó apenas un 0,6% (había bajado anteriormente) y el trigo bajó un 20,4%; al tiempo que la devaluación fue del 11%. Es decir, en el caso de la soja, el precio en pesos bajó un 10% mientras que los costos se incrementaron un 17,5%. Cabe aclarar que la caída de precios se viene dando desde 2012 y el atraso cambiario (devaluación menor a la inflación) ocurre prácticamente todos los años desde el 2004. Este atraso cambiario también complica a todos los sectores exportadores del país.

Fada

Distribución de la renta agrícola

Por el problema de rentabilidad que esta situación ha generado en los últimos años, solo paliado por el récord de cosecha, el valor de los alquileres de campos se han ido negociando a la baja. Principalmente, porque es el único ítem susceptible de bajar ya que no lo hacen los impuestos ni los costos. Por ello, para esta medición se ha relevado una baja promedio de entre el 20% y el 30% en el valor de los arrendamientos medidos en quintales de producto, por lo que si consideramos la caída del valor de los productos, en pesos, esta caída es incluso mayor.

La baja de los alquileres permite atenuar los números rojos del campo argentino, pero no alcanza para que el resultado después de impuestos en campo alquilado sea positivo. Para la hectárea promedio, con la superficie ponderada de soja, maíz, trigo y girasol, el resultado es de -$302 por hectárea, mientras que en campo propio es de +$227, representando menos de un 20% del promedio de los últimos 8 años.

La causa de esta pobre rentabilidad, además de la baja de precios, que llevan más de un 40% de caída desde los máximos, es la existencia de los derechos de exportación y las restricciones a las exportaciones (ROE), ambas medidas que los países competidores de Argentina no poseen. Para graficarlo, el trigo tiene un derecho de exportación del 23%, pero por efecto de los ROE vale en el mercado interno U$S 35 menos de lo que debería valer (costos de intervención). Por esta razón, el productor de trigo termina recibiendo en Argentina un 58% del precio internacional. Algo muy similar ocurre con el maíz, en lugar de ser el 58% es el 59%. Mientras que recibe un 65% en el caso de la soja. Un productor en Uruguay o Brasil recibe un valor más cercano al 100%.

Estos datos, más allá de ser una mala noticia y un problema para los productores agropecuarios, generan un efecto negativo trascendente para la sustentabilidad del sistema productivo agrícola. Esto porque cada vez se rotan menos los cultivos, sembrándose más soja y menos trigo y maíz. Esta menor rotación genera pérdida de carbono en el suelo y malezas resistentes a herbicidas, que a su vez requiere que se apliquen más agroquímicos.

Pero además de ser una mala noticia para los productores y para el suelo, debería ser una preocupación para las economías y el empleo del interior, ya que la dinámica de la construcción y el comercio dependen en gran medida de los recursos genuinos originados en el suelo argentino.

 

Fuente: Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA)

Soja: Argentinización del cultivo de la soja en la “década ganada”

Voy a tratar de explicar la “argentinización del cultivo de la soja”: cómo un cultivo que hace 10 años era rentable, por las malas políticas del Gobierno Nacional –aunque él la defina como “década ganada”- en 10 años se convirtió en un cultivo con márgenes finales negativos.

Aumento de los costos:

El primer factor por lo que este cultivo hoy no es rentable es por el enorme aumento en dólares (cuadro 1) que tuvieron los costos. Si observamos el porcentual de aumento de cada uno, los que tienen mayor incidencia por ejemplo el gasoil  – costo de labranza, flete, infraestructura- son los que lideran dicha incremento, por lo que concluiremos que el aumento se debió básicamente por el incremento del “costo argentino”.

 

Cuadro 1

Costo labranza (U$S/ha) (1) Costo insumo (U$S/ha) Costo cosecha (U$S/ha) Costo flete y comercia-lización (U$S/ha) (2) Costo infraestructura (U$S/ha) (3) Costo impositivo (U$S/ha) (4) Total costo (U$S/ha)
2003/04 42,2 101,9 41 66,8 20 80,4 352,3
2004/05 26,1 98,7 60,1 82,4 20 82,3 369,6
2005/06 47 102,3 43,9 74,6 20 98,1 385,9
2006/07 46,6 101,3 44,1 72,4 30 99,2 393,6
2007/08 51,9 107,1 52,1 87,1 30 105,4 433,6
2008/09 63,2 160,6 91,5 150,3 50 111,8 627,4
2009/10 74,6 136,2 55,6 120,7 60 132,4 579,5
2010/11 82,7 116,5 59,3 127,1 60 135,6 581,2
2011/12 96,1 131,1 81,7 156,3 60 138,9 664,1
2012/13 116,7 144,9 84,3 181,9 70 151,1 748,9
2013/14 121,4 148,3 86,5 182,8 70 167,9 776,9
2014/15 126,7 163,9 72,4 192,3 80 183,3 818,2
Aumento 220,00% 62,00% 80,00% 190,00% 300,00% 126,00% 133,00%

Para confirmar la incidencia del costo argentino, vamos a tomar como ejemplo el “costo de labranza”, ya que el mismo para la soja siempre fue de 2 UTA – cada UTA equivale a 45 litros de gasoil-. El tema es que el litro de gasoil en el año 2004 estaba a U$S 0,49 por lo que valor de las 2 UTA era de  U$S 44, hoy al estar el litro a U$S 1,33, las 2 UTA nos dan un valor de U$S 119,70. Esto coincide con el aumento que tuvo el costo de labranza.

Si analizamos cuanto aumentó ese combustible en otros países productores importantes de soja (cuadro 2), observaremos que Argentina tuvo el mayor aumento con un 172%, siendo segundo Brasil nuestro competidor directo en producción de soja en Sudamérica, pero con menos de la mitad de incremento que tuvo la Argentina.

 

Cuadro 2

País Valor año 2004 (U$S/lt) Valor Año 2015  (U$S/lt) Aumento
Brasil 0,49 0,89 81 %
Bolivia 0,40 0,51 27 %
Paraguay 0,51 0,88 66 %
Estados Unidos 0,57 0,76 35 %
Argentina 0,49 1,33 172 %

Si a estos costos donde tiene gran incidencia el valor del combustible- costo de labranza y flete-  los corregimos por el aumento de Brasil, ¿cuál sería el costo por hectárea en Argentina?

En este caso (cuadro 3), el valor del costo por hectárea bajaría de U$S 818,20 a U$S 696,88.

 

Cuadro 3

Costo labranza (U$S/ha (1) Costo insumo (U$S/ha) Costo cosecha (U$S/ha) Costo flete y comercialización (U$S/ha)(2) Costo infraestructura (U$S/ha)(3) Costo impositivo (U$S/ha)(4) Total costo (U$S/ha)
2003/04 42,2 101,9 41,0 66,80 20 80,4 352,3
2014/15 76,38 163,9 72,4 120,90 80 183,3 696,88
Aumento 81  % 62 % 80 % 81 % 300 % 126 % 97 %

Este escenario hace que cambie el rinde de indiferencia en el cultivo de la soja (cuadro 4) pasando  de los actuales 38 qq/ha a tan solo 32 qq/ha.

 

Cuadro 4

Con aumento del “costo argentino” Corrigiendo el aumento al incremento de Brasil
Valor de la soja (U$S/tn) 215 215
Costo (U$S/ha) 818,20 696,88
Rinde de indiferencia (tn/ha) 3,8 3,2

 

Baja del valor de la soja por el aumento de la presión impositiva

Si analizamos que pasó con el precio de la soja en estos últimos 10 años (cuadro 5), observaremos que mientras el precio de Chicago aumentó un 12%, en Argentina bajó un 5%. Esto se debe a que las retenciones –última columna- sufrieron 3 modificaciones,  pasando de de un 23,5% a un 35%.

 

Cuadro 5

Precio Chicago (U$S/tn) Diferencia(U$S/Tn) Valor pizarra Rosario (U$S/tn) Diferencia (U$S/tn) Retenciones
2004 303 303 226 226 23,50%
2005 234 12,00% 165 – 5 % 23,50%
2006 227 165,7 23,50%
2007 283 196,6 27,50%
2008 489 344 35,00%
2009 422 279 35,00%
2010 349 223 35,00%
2011 498 325 35,00%
2012 521 317 35,00%
2013 542 325 35,00%
2014 546 310 35,00%
2015 340 340 215 215 35,00%

Lo interesante sería saber qué valor tendría la soja, si la presión impositiva de esta campaña fuera igual a la de hace 10 años. En este caso observaríamos que el valor de la soja (cuadro 6) pasaría de 215 U$S/tn  a 255 U$S/tn

 

Cuadro 6

Precio Chicago (U$S/tn) Diferencia(U$S/Tn) Valor pizarra Rosario (U$S/tn) Diferencia (U$S/tn) Retenciones
          2004                 303             303                226,0          226 23,50%
          2005                 234             12 %                165,0         12 % 23,50%
          2006                 227                165,7 23,50%
          2007                 283                212,2 23,50%
          2008                 489                366,7 23,50%
          2009                 422                279,0 23,50%
          2010                 349                316,5 23,50%
          2011                 498                373,5 23,50%
          2012                 521               390,75 23,50%
          2013                 542               406,50 23,50%
          2014                 546               409,50 23,50%
          2015                 340            340               255,0          255 23,50%

 Y esto también modificaría el rinde de indiferencia con los actuales costos (cuadro 7) pasando de 38 qq/ha a 32 qq/h.

 

Cuadro 7

Con el 35 % de retenciones Con el 23,5 % de retenciones
Valor de la soja (U$S/tn) 215 255
Costo (U$S/ha) 818,20 818,20
Rinde de indiferencia (tn/ha) 3,8 3,2

 

Conclusiones:

Si le sacaríamos el componente “argentino” –aumento de los costos en dólares superior a otros países productores y mayor presión impositiva- al cultivo de la soja ¿habría hoy rentabilidad?

Si combináramos la baja de los costos actuales por el costo corregido –modificando el costo de labranza y flete por el porcentual de aumento del gasoil en Brasil- y tuviésemos las misma presión impositiva que en el año 2004 (cuadro 8), observamos que el rinde de indiferencia baja de 38 qq/ha a 27 qq/ha, un rinde sin duda donde el cultivo de la soja –el promedio de producción de este año fue de 30 qq/ha- vuelve a ser nuevamente rentable.

 

Cuadro 8

Situación actual Corrigiendo costo y presión impositiva
Valor de la soja (U$S/tn) 215 255
Costo (U$S/ha) 818,20 696,88
Rinde de indiferencia (tn/ha) 3,8 2,7

 

Autor: Ing. Agr. Néstor Eduardo Roulet

La participación del Estado en la renta agrícola en junio fue del 93,5%

FADA publicó la última medición del Índice FADA de participación del Estado en la renta agrícola, afirma que el Estado se lleva $93,50 de cada $100 de renta que genera el campo.

El peso de los diferentes impuestos e intervenciones estatales sobre el campo argentino continúa creciendo. La participación del Estado en la renta agrícola ha saltado de un promedio del 74% – 75%, durante el periodo 2009- 2013, al actual 93,5%. El motivo de este salto no ha sido el incremento de los impuestos, sino la permanencia de tributos como los derechos de exportación, provenientes de un contexto con un tipo de cambio real alto y buenos precios de los commodities agrícolas. La situación actual es muy distinta: atraso cambiario, inflación y caída de los precios internacionales.

Si se toma como ejemplo la soja, se puede ver que hoy vale el 55% de lo que valía en septiembre de 2012, es decir, casi la mitad que hace 3 años. Esto provoca que la renta que genera una hectárea se reduzca y la participación del Estado crezca, ya que el derecho de exportación, el tributo más importante, actúa sobre el valor bruto, es decir, no tiene en cuenta los costos para producir, comercializar, transportar y administrar la producción.

Gráfico 1

Que el Estado se apropie del 93,5% de la renta agrícola significa que la sumatoria de los tributos (provinciales y nacionales) y los costos de intervención, representan $93,50 de cada $100 que genera una hectárea promedio. La renta es lo que vale la producción menos los costos, es decir, el resultado que se obtiene al restar los costos al valor a precios internacionales de la producción de esta hectárea.

La producción y costos de esta hectárea se calculan utilizando los rindes, costos y distancias al puerto promedio a nivel nacional para los cultivos de soja, maíz, trigo y girasol y ponderando los por la participación de estos cultivos en el área sembrada nacional.

Así, se obtiene la renta, la que se distribuye en el resultado de la producción, la renta de la tierra y la participación del Estado.

Gráfico 2

Los costos de intervención, principal consecuencia de las restricciones a la exportación aplicadas por el gobierno Nacional (ROE), generan importantes efectos negativos en los mercados de trigo y maíz. Hoy el maíz se vende al 78% de su precio teórico en el mercado interno (efecto ROE) y al 62% de su precio internacional (efecto ROE más efecto derechos de exportación). Mientras que el trigo se vende al 63% de su precio teórico dentro de Argentina y al 48% de su precio internacional. Es por ello que muchas veces los productores dicen que tienen una “retención” efectiva de 48% en maíz y 52% en trigo.

Este tema de precio se traduce en un problema de rentabilidad y en incentivos negativos a cultivar maíz y trigo. El problema radica en la necesidad de sembrar estos cultivos por el bienestar de los suelos. Por un lado, el maíz y el trigo aportan materia orgánica a la tierra, mientras que cultivos como la soja la extraen. Por otro lado, la rotación es buena para controlar las malezas, si se cultivan las mismas especies muy seguido aparecen malezas resistentes y se deben utilizar más agroquímicos y más fuertes para matarlas. Por lo que el problema de precio y rentabilidad se convierte en un desafío para la sustentabilidad de la producción agrícola. Hoy se siembran 5 hectáreas de soja por cada una de maíz, cuando la relación debería estar lo más cerca de 1 posible; y se están cultivando la mitad de las hectáreas de trigo que en 2002 – 2003.

Que el índice FADA mida la participación del Estado en el 93,5% expone un problema de rentabilidad muy grande y explica el descontento de los productores rurales en todo el país. La campaña que viene se van a cultivar menos hectáreas, más soja, menos maíz, menos trigo, con menos tecnología y menos fertilización. Y la problemática se potencia en las economías regionales.

El país necesita un cambio urgente de políticas públicas para revertir esta situación, mejorar la sustentabilidad, producir más, exportar más y generar más empleo. Es necesario que los políticos que toman las decisiones comprendan que el tema excede al bolsillo del productor agropecuario, que afecta al suelo que le dejamos a nuestros hijos, que afecta de manera directa a las economías del interior, que incide sobre las exportaciones y la disponibilidad de dólares y que toca de manera directa a la generación de empleo genuino.

Con las políticas correctas, se podrían generar medio millón de puestos de trabajo en todo el país.

 

Fuente: Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA)