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De vuelta al pago

Después de seis meses sin sentir el olor a tinta fresca, Marca Líquida Agropecuaria regresa a las manos de nuestros lectores. El fin del ciclo K nos pegó una buena revolcada, pero ya estamos nuevamente de pie y caminando junto a Ud. amigo lector como hace 25 años.

No nos alcanzan los dedos de las manos para recordar la cantidad de crisis que hemos atravesado a lo largo de un cuarto de siglo. Ya no podemos recordar contra cuantos gobiernos despotricamos y con cuantos funcionarios públicos nos peleamos. Aun así tenemos claro que durante estos 25 años fuimos testigos y protagonistas de la transformación del campo argentino. Una transformación que nos llena de esperanzas, una transformación que nos invita a no bajar los brazos y por eso hoy estamos nuevamente en sus manos.

Tal como se presentan las cosas en el país, da la sensación de que todos estamos volviendo al pago. Todos y cada uno de los productores agropecuarios argentinos parece estar despertando de un muy mal sueño que dejó a más de uno de a pie.

Nada de lo que está cambiando actualmente a nivel de políticas agropecuarias parece ser una solución inmediata y definitiva a los graves problemas que nos dejó la “década ganada”, pero pinta bien: “tres cartas con seña” que bien jugadas pueden ser un buen comienzo.

Maíz y trigo sin retenciones y sin ROEs es algo que nadie podía imaginar hace apenas seis meses atrás. Recomposición del precio de la carne y la posibilidad de exportar sin trabas ni retenciones. Un plan de reducción de la presión impositiva, que si bien tiene plazos más largos que lo esperado, ya permite planificar un futuro con mejores resultados económicos. Tres buenas cartas para la primera mano.

Nada de lo dicho significa que nuestro sector pueda ponerse a festejar inmediatamente. Los problemas por resolver son de muy vieja data y complejos, basta con asomarse a la situación de los tamberos como para entender el largo camino que queda por recorrer.

Durante muchos años bregamos desde estas páginas por cambios en las políticas agropecuarias en nuestro país, durante años manifestamos abiertamente nuestra discrepancia con las retenciones, con las restricciones a las exportaciones, con la altísima presión tributaria y la complejidad de los sistemas de control que imponía el estado a través de la AFIP. Reclamamos por la indebida e ilegal retención del IVA a los agricultores, por las infinitas regulaciones que frenaban el desarrollo del sector y por el atraso cambiario, entre tantos otros.

Ahora parece que del otro lado del mostrador hay gente dispuesta a escuchar, que se preocupa, que intenta generar condiciones para que el sector se recupere y vuelva a crecer. El problema son los tiempos…

Todos quisiéramos que los cambios necesarios se produzcan rápidamente, si es posible ¡ya!

Cabe también decir que así como hemos reclamado, infinidad de veces hicimos una feroz auto crítica a nuestra falta de organización sectorial, al pobre desarrollo de nuestras instituciones que durante mucho tiempo se ocuparon más en pelearse entre si, que en buscar soluciones de compromiso, esas que obtienen pequeños beneficios para todos, pero consistentes y a largo plazo. Seguramente si nuestros representantes gremiales estuvieran mejor preparados la velocidad de los cambios sería mayor.

Se vienen tiempos en los que será necesario soportar la espera e intentar una vez más sostener con producción la falta de rentabilidad, posponer inversiones a costa de pérdida de eficiencia y aprovechar las primeras oportunidades que los cambios ya implementados permiten. La paciencia se pondrá una vez más a prueba, con la diferencia que esta vez los cambios ya se están produciendo.

Finalmente volvemos a hablar de nosotros. La revista Marca Líquida Agropecuaria ha comenzado hace ya varios años un proceso de adecuación a los nuevos tiempos. Lentamente fuimos incorporando lectores que se encontraron cómodos con la versión digital y seguimos trabajando en ese sentido. Actualmente la cantidad de lectores registrados en nuestra página de Internet ya superó a los que nos leen en papel.

Esta experiencia nos motivó a explorar nuevas alternativas e intentar nuevos caminos de comunicación. A tal fin nos incorporamos como aliados estratégicos al portal www.Mercosur.com aportando nuestro conocimiento y experiencia en la materia, junto a los colegas de la Revista Agroguía y un grupo de profesionales envidiable que crearon la primera plataforma Web de la Argentina que opera como mercado electrónico y medio de información, para la promoción y comercialización de productos de la industria agroalimentaria de Argentina. Su objetivo es brindar al productor agropecuario un servicio online que genere mejores oportunidades de negocio y agregue valor a toda la cadena comercial. Para lograrlo el sitio contiene más de 7000 precios de referencia de productos, insumos y servicios de la cadena agro industrial. Contiene además información relevante para todos los actores del sector.

Invitamos a nuestros lectores a visitar www.Mercosur.com y convertirse, igual que nosotros, en un aliado estratégico de esta novedosa herramienta para la producción agropecuaria.

 

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Sentado arriba del silo

“Nadie compra, nadie paga”. Ésa es la respuesta que recibimos de los gerentes comerciales de las diez empresas proveedoras de insumos más grandes de Córdoba, cuando les preguntamos cómo comenzó la nueva campaña agrícola.

“No vendo ni aunque vengan con el Ejército”. Así contestaron los diez productores agrícolas más grandes de Córdoba, cuando les preguntamos qué van a hacer con la producción que todavía no se comercializó.

“Lo mínimo indispensable”. Respuesta que se repitió sistemáticamente frente a la consulta sobre cuántas hectáreas de maíz van a sembrar.

“Ninguna”. Veinte sobre veinte productores respondieron de esta manera cuando les preguntamos cuántas máquinas iban a reponer este año.

“Incertidumbre”. La palabra más utilizada a la hora de hablar de la actualidad.

Los productores agropecuarios criollos transitan un camino plagado de dudas y nadie sabe muy bien cómo actuar. Lo normal en estos casos es quedarse quieto como “gato a la siesta”, dijo un conocido agricultor del sur de nuestra provincia.

“El Gobierno te corre el arco a cada rato”, y alcanza con ver lo que les pasó a los productores de bioetanol. Cuando ya tenían las fábricas a pleno les cambiaron la fórmula de cálculo del precio, ¿y a qué no sabes quién salió ganando? YPF y las demás petroleras. Así es imposible pensar en nuevas inversiones. Los mismos funcionarios que en los congresos te hablan de agregar valor, cuando te das vuelta te cambian las condiciones iniciales y el negocio deja de ser rentable.

Los problemas se multiplican a diario, la gente se acostumbra y ya casi no se queja. Nadie habla más de los eternos atrasos que tiene la AFIP para devolver el IVA. Nadie protesta porque los combustibles siguen subiendo de precio todos los meses. Los diarios ya no reflejan la crisis ganadera y de los frigoríficos. Da la impresión de que absolutamente todo el mundo se sentó a esperar que el gobierno K se vaya, pero mientras tanto hay que vivir, hay que pagar los sueldos, los impuestos, los insumos…

Los párrafos anteriores son un breve compendio de lo que se escucha en cada encuentro de productores en la actualidad. La gente parece hipnotizada. Todos están abrumados, superados por una tormenta de noticias negativas que hacen cada día más difícil tomar decisiones.

Los precios internacionales de cereales y oleaginosas se derrumban y los agricultores seguimos pagando retenciones exageradas, injustas e ilegales. No hay un solo funcionario lúcido que se siente con una calculadora en la mano a descubrir el desastre que va a significar para el empleo y el ingreso en el interior del país, la brutal disminución del área de siembra de maíz que se proyecta para la próxima campaña. ¡Ni uno!

Nadie está buscando soluciones desde el Estado con políticas que corrijan las enormes distorsiones que se han producido entre los costos y los ingresos. Parece que quieren ver al sector quebrado sin darse cuenta de que el fracaso del campo es en realidad un grave fracaso para el país.

Mientras tanto el tiempo corre, los días pasan y llega el tiempo de sembrar una vez más. Llega el tiempo de tomar decisiones. Y la incertidumbre sobre lo que pasará hace más difícil la tarea.

Siguiendo con la metodología de consultar a los actores, frente a la pregunta de cómo planificará la próxima campaña, la respuesta que más veces se repitió fue: sentado arriba del silo.

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Solo soja, el modelo K lo hizo

Por mucho que lo intentemos nos fue imposible encontrar un período con resultados  peores a lo largo de la historia contemporánea argentina. Prácticamente ya no quedan cultivos rentables, así de simple.

Después de una década escuchando hablar sobre los males que acarrea a la economía argentina un modelo “sojadependiente”, las políticas K convirtieron a los productores agropecuarios criollos en exactamente eso, agricultores sojadependientes.

La gran velocidad con la cual la siembra directa se instaló en nuestros campos, llegó de la mano de una significativa toma de conciencia por parte de los agricultores respecto de la importancia que las rotaciones tienen en este tipo de sistema productivo. Una gran oferta de todo tipo de capacitaciones completó la herramienta siembra directa y transformó a un gran porcentaje de productores en expertos en rotaciones. Maíz y trigo encabezaron la lista de las preferencias y el desarrollo tecnológico de esos cultivos acompañó el cambio. Nuevas variedades e híbridos, sistemas de fertilización y siembra inteligentes, cosecha con monitores de rendimiento, entre otras modernas herramientas, fueron adoptándose rápidamente, a la vez que los rendimientos por hectárea crecían y hacían más interesantes los resultados de esos cultivos. Pero nada dura para siempre.

Fueron justamente los mismos personajes que en plena crisis de la Resolución 125 nos decían desde los palcos que sólo sembrar soja era nefasto para el país, los que impulsaron las actuales políticas que literalmente sacan de escena al maíz y al trigo. Los mismos técnicos que gastan fortunas en proyectos destinados a la “agregación de valor” e intentan enseñarnos lo que ya sabemos hace años, los que han permitido que esos cultivos dejen de ser rentables y el área que se dedica a los mismos disminuya a niveles no vistos desde hace 100 años en la Argentina –como es el caso del trigo–.

Sus innegables barreras ideológicas les impiden encontrar soluciones simples y rápidas al problema de la falta de rentabilidad actual de los cereales. Es imposible que sus estrechas mentes acepten la posibilidad de eliminar las retenciones y liberar las exportaciones como respuesta a la brutal caída de los precios internacionales. ¡Imposible!

Ya lo demostraron con las políticas aplicadas a la carne y a la leche: 138 frigoríficos desaparecieron y algo más de 15.000 trabajadores quedaron en la calle –véase nota página 20–, sin que los responsables hagan nada.

Néstor Kirchner prohibió las exportaciones de carne cuando era presidente y no hay un solo funcionario en ejercicio en la actualidad que se atreva a desafiar al difunto. Prefieren inmolarse antes que hacerlo, aunque en el camino se lleven con ellos a una de las actividades por la cual somos reconocidos en el mundo entero. Ni vale la pena decir que 7.000 tambos menos en 10 años son el resultado también nefasto de tanta ceguera ideológica. Defender la “mesa de los argentinos” es otra de las farsas que creó el modelo nacional & popular para conformar a un electorado que hoy debe pagar los precios que la escasez genera, muy a pesar de lo que los “precios cuidados” intentan ocultar.

Quedan dos campañas agrícolas por delante en las cuales sembraremos bajo las normativas K, es decir dos campañas en donde para una gran parte del país sólo será rentable el cultivo de soja y con eso habrá que arreglarse.

Ya nadie pone a las amortizaciones en sus cuadros de resultados, es decir el sector se encuentra en franco proceso de descapitalización. No hace falta ser ministro de Economía para darse cuenta de cómo la están pasando los fabricantes de maquinaria agrícola, tratando de vender máquinas en un mercado que apenas sobrevive y no tiene posibilidad de modernizar sus equipos de trabajo. Para colmo de males, las políticas K tampoco se olvidaron del crédito y lo dejaron en un nivel de tasas sólo apto para quien cosecha oro o petróleo.

Con estas cartas en la mano los productores agropecuarios argentinos planificamos una nueva campaña, al cinto ya no le quedan agujeros y casi nada para recortar cuando de costos se habla. Para quienes arriendan tierra no quedará otra alternativa que revisar los contratos por enésima vez, habrá que aplicar mucha creatividad para permanecer en el oficio de sembrar, conservando el capital de trabajo a la espera de mejores tiempos.

Como apreciará el lector habitual de esta columna, ya no proponemos protestas ni cortes de ruta, da la impresión de que los representantes del sector han entrado en un adormecimiento letal para sus representados. El Gobierno nos esquilma con impuestos exagerados, injustos e ilegales, no respeta ni sus propias resoluciones negándose sistemáticamente a devolver el IVA retenido y nos “ningunea”, como reza el lenguaje popular, sin que nuestros representantes reaccionen más allá de un discursito estéril apenas subido de tono, dicho en ámbitos a donde nos hablamos a nosotros mismos. ¿Hasta cuándo esperaremos, cuántos más quedarán en el camino antes de que los dirigentes que nos supimos conseguir se decidan a hacer algo más que quejarse por televisión?

Para este año, lamentablemente, el pronóstico sigue siendo malo en la medida en que sólo la soja tiene margen bruto positivo, y el modelo K lo hizo.

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En boca del mentiroso…

Nos lo recordaba siempre nuestro abuelo: “En boca del mentiroso, lo cierto se hace dudoso”, y hoy no hace falta ser muy despierto para darse cuenta de quién vamos a hablar.

La historia debería comenzar hace no menos de 20 años, hasta esa época nos llevan nuestros archivos cuando de trazabilidad animal se trata. Inclusive los productores ganaderos usábamos caravanas para identificar individualmente a nuestros animales desde bastante tiempo antes.

Nadie que se encuentre ligado a la ganadería desconoce el tema, nadie minimiza su importancia y todos saben los beneficios que tiene la identificación individual del ganado bovino, no hace falta dedicarle más papel y tinta al tema.

Y entonces, ¿cuál es el problema de que nuestro país se decida a implementar un sistema nacional? El problema es que la idea y la puesta en práctica es una iniciativa de la AFIP, sí, el organismo recaudador del Estado controlado por Ricardo Echegaray, el de los feed lots truchos, el de los subsidios millonarios pagados en efectivo a un indigente marplatense sin explicación, el mismo que hizo de-saparecer la ONCCA de un plumazo para tapar vaya uno a saber qué cosa…

No es una iniciativa que venga a satisfacer una necesidad urgente del sector. Tampoco es un proyecto que haya surgido del consenso de todos los actores de la cadena de la carne, quienes conocen el tema en profundidad y podrían haber aportado ideas que surgen de largos años de experiencia en esa materia.

Convengamos que tampoco llega en un momento adecuado, sino justo en medio de una de las peores crisis de los últimos 50 años que afecta de manera grave a la ganadería nacional.

La resolución 3.649/14 –publicada el 14 de julio en el Boletín Oficial– implementa el Sistema Fiscal de Trazabilidad Animal (SIFTA), el cual controlará de manera informática los movimientos de la totalidad del rodeo bovino nacional y cuyo costo será cubierto por los productores. Un negocio de algo más de US$ 500 millones que se pone en marcha sin la participación ni la opinión de los dueños de las vacas, y de la plata con la que se pagarán los nuevos costos de producción.

Una lluvia de quejas y opiniones adversas caerá sobre el implacable recaudador de impuestos una vez más. Una vez más se sentará con cara de póquer a explicarnos que “a llorar al campito”, la resolución debe cumplirse o no se podrá comercializar la hacienda, se dará de baja el CUIT y lo mandarán a dormir sin comer. Así se maneja este gobierno que se dice democrático a ultranza sólo para lo que le conviene; cuando alguien decide opinar distinto le muestran las tiras y sonríen sarcásticamente como para que no se note. ¡Pero lo mismo se nota!

Y como para completar el panorama, mediante una resolución conjunta –publicada en el Boletín Oficial el 15 de julio– de la Comisión Nacional de Valores (CNV) y la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación (SAGyP), se obliga a registrar e informar la totalidad de las operaciones de granos. La norma alcanza la comercialización de cebada forrajera, girasol, maíz, soja, aceite de soja, sorgo y trigo, y afecta a todas las operaciones de compraventa incluidas las del disponible, contado, a término, forwards, a fijar precio o de otras modalidades, incluyendo las denominadas directas, como por ejemplo entre el productor y el exportador. La regulación establece dos cambios esenciales para el esquema de la conformación de precios del mercado granario: la obligatoriedad de declarar los precios y la de informar la calidad.

Esta norma, que viene claramente a beneficiar la transparencia de la formación de los precios de pizarra, es un claro ejemplo de que a este gobierno K ya nadie le cree nada.

Desde hace casi 40 años la conformación de precios se realiza mediante la información voluntaria de las operaciones –el 60% del total de las compraventas, aproximadamente–. Ese sistema funcionó un poco mejor o un poco peor, aunque siempre signado por los intereses comerciales de los eslabones más fuertes de la cadena. Durante los últimos quince años, la realidad se desacopló totalmente respecto de los precios pizarra, orientativos para el productor y la cadena de comercialización granaría. Basta con remitirse a comunicados de las entidades de hace unos pocos años atrás para recordar sus quejas por la poca transparencia que inspiraban dichos precios. Con la resolución publicada en el Boletín Oficial, la certeza para la conformación de precios será absoluta porque cada operación deberá registrarse de manera compulsiva y sin dilaciones en el tiempo, y sin embargo…

Para confirmar la hipótesis formulada al comienzo de este editorial nos remitiremos a la comunicación de la Confederación de Asociaciones Rurales (CRA): “Ante tantas mentiras que poblaron la llamada década ganada es imposible a esta altura de los acontecimientos pretender creer que la intromisión de la CNV sólo corresponde a una intención por mejorar la información de mercado”.

Es decir, en boca del mentiroso…

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Sumando enemigos

En este espacio acostumbramos a reflexionar básicamente sobre las fortalezas y las debilidades de nuestros sistemas productivos agropecuarios. Nos extendemos en críticas a las autoridades que nos supimos conseguir, identificando los principales problemas que enfrenta el sector para crecer y desarrollarse.

Ahora le toca el turno a las malezas resistentes.

Ya vivimos a lo largo de los últimos 20 años situaciones similares adonde el mensaje que llegaba a los oídos de los productores parecía extraído del propio Apoca-lipsis. Oídos acostumbrados a escuchar mensajes que pronostican la debacle de los sistemas productivos primarios. Desertificación, agotamiento de las fuentes de agua potable, necesidad de agregar valor para no desa- parecer, fin del mal llamado modelo de agricultura industrial, crisis de precios internacionales y tantas otras catástrofes que jamás se convirtieron en realidad.

También fue necesario enfrentar la reacción con que la naturaleza respondió a los cambios que los hombres generamos en el ambiente, a consecuencia de las actividades productivas que realizamos con el fin de producir alimentos. Así llegaron la mosca de los cuernos, la roya de la soja, los insectos cada día más resistentes a insecticidas y las malezas resistentes, entre otras tantas plagas que afectan y afectarán en el futuro a nuestros sistemas.

Tampoco estas plagas han impedido al hombre en general y a los productores agropecuarios criollos en particular, continuar con el mejoramiento y expansión de sus sistemas. La altísima profesionalización de agricultores y ganaderos argentinos ha permitido sortear cada uno de los obstáculos a los que la naturaleza nos enfrenta, y eso es motivo para el orgullo de nuestra gente, mucho más reconocido en el extranjero que en nuestro propio país.

Los mensajes catastróficos venden más que las buenas noticias, eso lo sabemos todos. La gente vive asustada por eventos que jamás sucederán. Cada uno de nuestros lectores habrá tenido que explicar infinidad de veces que su campo no es un desierto ni lo será porque allí se siembre soja, que sus hijos no tienen antenas verdes por el uso de agroquímicos y que todavía hay cientos de miles de pájaros que nos despiertan cada mañana, a pesar de que en ese mismo lugar pasan a diario tractores, pulverizadoras y cosechadoras.

La gente que trabaja, la que hace las cosas, la que se ensucia las manos, sabe que frente a un nuevo problema habrá que encontrar una nueva solución. Estudio, investigación, instinto y mucha dedicación son las herramientas con que se resolverá el problema de las malezas resistentes. Miles de técnicos y agricultores trabajan en este momento para que eso pase.

Ni siquiera los malos políticos y las malas políticas podrán detener el inexorable desarrollo de los sectores productivos nacionales, y a ellos también la gente les encontrará una solución, aunque nos lleve más tiempo.

Todos esperamos ansiosos el fin de la era K, el fin de la década de la mentira. Esperamos nuevos tiempos adonde el que trabaja, invierte y arriesga reciba los premios. Una nueva era en donde los impuestos no sean confiscatorios, en donde hablar de lucro no sea un pecado y recibir una retribución razonable en función del riesgo asumido sea normal y bien visto por el resto de la población.

Entusiasma pensar que a esa nueva era los productores la esperan con la mejor genética del mundo en nuestros animales y cultivos, con la mejor maquinaria disponible y una capacidad técnica superlativa, capaz de resolver todos los problemas sin despeinarse.

Las malezas resistentes requieren de todos los productores una atención especial, no es sólo un problema de los agricultores, no es un problema que se resuelva con una receta mágica. Habrá que trabajar mucho y bien para que sus efectos no sean lo suficientemente negativos como para convertirse en una catástrofe. Su presencia ya está modificando las expectativas para la próxima campaña, modificando incluso el precio de los arrendamientos y los planes de rotación. Han llegado para quedarse y hacer que los productores sigamos sumando enemigos.

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¡No aprenden más!

Otra vez prohibir exportaciones como única respuesta al in-cremento de los precios posdevaluación. ¡Otra vez!

La administración K se encamina a cumplir el más nefasto de los récords al ser la que mayor cantidad de trabas y prohibiciones puso a las exportaciones argentinas, justamente la única actividad que genera ingresos genuinos para el país.

Después de 10 años prohibiendo –en cinco de los cuales las tasas de inflación se volvieron incontrolables–, el equipo del joven ministro de Economía, Axel Kicillof, pésimamente asesorado por el ministro de Agricultura, Carlos Casamiquela, una vez más cerró las exportaciones de leche en polvo. Una nueva demostración de impotencia e impericia frente a un problema con final anunciado: más subas de precios por escasez de oferta a largo plazo. Pasa con la carne y pasa con la leche también, los precios bajan en el corto plazo porque sobra mercadería en el mercado interno, los productores pierden rentabilidad y comienzan a bajar los costos reduciendo la inversión y aplicando menos tecnología, cae la productividad, baja la oferta y los precios vuelven a subir. Cuatro renglones que los funcionarios son incapaces de entender. Lo peor es que este ciclo ya lo repitieron varias veces durante la década ganada, y sin embargo no lo entienden.

Más de un productor quisiera hoy expulsar del país a los profesores que les otorgaron títulos universitarios a las actuales autoridades de Economía. Y pensar que lo trataron de loco al dirigente ruralista –hoy diputado nacional por Entre Ríos– Alfredo De Angeli cuando dijo que el kilo de lomo costaría $80 –ya vale más de $100–.

El problema es que después de 10 años aplicando estas políticas hay 6.000 tamberos menos en la Argentina y el ministro de Agricultura se pone a “estudiar” las cadenas de valor, justo ahora que todo el mundo se está fundiendo. Para cuando termine sus estudios habrá otros 6.000 tamberos más sembrando soja o arrendando sus campos, entonces lo escucharemos a Capitanich decir que el problema es que todos apuestan a la soja y que los sojeros son seres avaros que sólo venden la producción cuando les conviene (sic).

Claramente los productores agropecuarios nos encontramos en serios problemas en manos de semejantes ineptos. La devaluación por sí sola no resolverá todos los problemas del campo. La producción frutihortícola presentará peores resultados cuando su mercado sea exclusivamente el interno, y los que consigan exportar mejorarán apenas sus resultados. Los productores de carne disfrutarán de un breve veranito con mejores precios, los cuales serán rápidamente absorbidos por los mayores costos de producción. Finalmente, los tamberos seguirán cada día peor, mientras la industria y el Gobierno se tiran la pelota unos a otros a la hora de fijar un precio razonable para la leche puesta en la tranquera.

Los precios internacionales en alza benefician claramente al complejo sojero, el maíz –aunque con expectativas alcistas– no ofrece una rentabilidad que invite a incrementar el área y el trigo seguirá sufriendo por la intervención estatal y el exagerado nivel de retenciones que recibe. Todos los caminos conducen a la soja.

Quienes vivimos de la actividad agropecuaria tenemos la vista gastada de tanto leer sobre lo dañino y perjudicial que resulta para la estabilidad productiva y económica del país la creciente “sojización” del mismo. Miles de notas firmadas por ambientalistas asustados y funcionarios preocupados nos enseñan a rotar nuestros cultivos, a diversificar nuestra producción y a cuidar nuestros suelos, pero nadie dice cómo cuidar NUESTRO capital, que el Estado se encarga de dilapidar con un gasto público que crece sin fin, financiándose con NUESTRO trabajo, sin compartir jamás el riesgo.

Hace ya seis años que gracias a la lucha de los productores se consiguió frenar la aplicación de la Resolución 125, que con los precios actuales ubicaría las retenciones en niveles astronómicos –soja, el 43%–. Hace seis años que a través de la intervención oficial en los mercados, la rentabilidad de los cultivos agrícolas y de las explotaciones ganaderas cae a ritmo sostenido. Hace 10 años y meses que la gestión K se dedica a destrozar la producción de productos primarios con la excusa de cuidar la mesa de los argentinos. Hace diez años que los productores intentamos que nos escuchen sin éxito. No es posible, no hay forma, ¡no aprenden más!

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Devaluación: ¿buena para quién?

Nadie duda de que uno de los principales problemas que ha en-frentado la producción primaria en la Argenti-na durante los últimos años de la “década ganada” es el retraso cambiario. Prácticamente no hay productos originados en nuestros suelos que no lo hayan sufrido. Sin embargo, la fuerte devaluación que acaba de generar el nuevo equipo económico k no parece una solución integral y única a los problemas de la economía nacional y la del campo en particular.

Productores, empresarios y dirigentes apenas sonríen frente a las carteleras que anuncian $8 por dólar, mientras piensan en los salarios, en el precio de los insumos y del gasoil…

La compleja trama de regulaciones, restricciones y subsidios que tejió durante años el kirchnerismo parece un laberinto sin salidas, aun para quienes supieron construirlo. No hay una sola pieza que pueda moverse sin que el resto se caiga al suelo como el popular juego Jenga, pero así funcionan la economía y los mercados, a pesar de lo que en sentido contrario piensan los ideó-logos K. Algunas veces nos preguntamos si tales ideólogos existen o se trata de una siniestra cadena de improvisadores seriales que fueron armando día a día el tortuoso camino del cual hoy nadie sabe cómo salir.

Basta recorrer las opiniones de los más destacados analistas para descubrir que a pesar de que el ingreso en pesos mejorará para los productos atados al dólar, el resultado económico para la mayoría no resulta atractivo como para producir un inmediato aumento del área sembrada –trigo– o de la producción –carne, leche, regionales–. La intervención estatal de los mercados sigue dejando a los productores con rentabilidades pobres y a los grandes operadores con la parte del león.       Ni siquiera es el Estado el que recibe los mayores beneficios, salvo que alguien crea que multiplicar por ocho los agrodólares es una manera genuina de financiarlo.

Muchos hablan de fin del ciclo K, pero la soja se cosecha en sesenta días y el trigo se siembra en noventa, las decisiones hay que tomarlas ahora, con las cartas que tenemos en las manos hoy: apenas un par de cuatros y unos puntos para el envido.

La pregunta a responder es cómo jugarlas de la mejor manera posible, cómo seguir produciendo sin que ese empecinamiento por producir nos lleve a resultados negativos.

Para completar el cuadro de situación diremos que difícilmente protestar hoy sea una opción, la devaluación siempre pinta como beneficiosa para el campo y el Gobierno se encarga de recordarlo cada cinco minutos en cada oportunidad que tiene. Además, hay que reconocer que si los productores no pudimos organizar acciones de protesta antes de la devaluación, será mucho más complejo organizarlas en estos nuevos tiempos.

¿Todo está mal? No creemos que absolutamente todo esté mal, pero hay que prepararse para que la toma de decisiones no nos lleve por un camino erróneo. Ya lo habíamos dicho antes, tomar deudas sólo en pesos. ¿Alguien duda de que ése es el camino correcto? Elegir las mejores opciones productivas haciendo foco en el mediano plazo y postergando para mejores tiempos la planificación ideal. No apresurarse a vender.

Los productores criollos ya hemos atravesado tormentas como las que se avecinan, las conductas que deben asumirse en estas condiciones son por todos conocidas, pero sus consecuencias para el entorno agropecuario son muy negativas. Las ventas de equipos nuevos están prácticamente paralizadas, nadie toma decisiones de renovar maquinaria cuando el río está revuelto.

La aplicación de tecnología se hace más intensiva cuando la actividad a la cual se aplicará es rentable, y en períodos como los actuales la evolución es más lenta, incluso en algunas áreas casi nula. Es suficiente para comprobarlo con revisar los valores de ventas de fertilizantes de la presente campaña, una de las peores en muchos años.

Se vienen épocas a donde se podrá generar renta positiva con algunas actividades y apenas sobrevivir con otras, cada región entregará una respuesta distinta frente a la devaluación. El tiempo dirá ¿buena para quién?