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Agricultura Certificada

¿Qué es Agricultura Certificada (AC)?
Agricultura Certificada es un Sistema de Gestión de Calidad de los procesos productivos en un sistema de Siembra Directa (SD).

Su implementación requiere llevar adelante un conjunto de Buenas Prácticas Agrícolas, reunidas en un manual de BPA´s y, paralelamente, supone el registro de la gestión agronómica y la medición de indicadores químicos y físicos del suelo, según un protocolo de AC, para la posterior auditoria y certificación del proceso productivo.

¿Para qué sirve? 

Mejor gestión empresarial: la aplicación de las BPA´s, junto con la medición de indicadores y el registro de la información, constituyen un verdadero “tablero de comando” de la gestión agronómica y empresarial.

  • Ordena y facilita el proceso de toma de decisiones de manejo agronómico.
  • Permite analizar la evolución del sistema y asegurar la mejora continua de la producción.
  • Promueve la inversión en tecnologías e infraestructura, así como la demanda de servicios calificados.

Mayor eficiencia agronómica: la AC persigue una mayor eficiencia en el uso de los recursos, en un marco de sustentabilidad.

  • Eficiencia de uso del agua.
  • Eficiencia de uso de nutrientes.
  • Eficiencia energética del sistema productivo.

¿Qué potencialidades tiene? 

Cabe mencionar algunos posibles usos del Certificado:

  • Exigencia del propietario o como diferenciación del inquilino, en contratos de arrendamientos.
  • Testimonio de la historia agronómica ante la compra-venta de campos.
  • Desgravaciones impositivas.
  • Referencia ante la toma de créditos (balance ambiental-productivo). Acceso al Mercado de Bonos de Carbono.

¿Yo puedo certificar?

Sí, todo productor agropecuario puede implementar AC.

No hay restricciones de tamaño, ni ubicación, ni “complejidad” del sistema productivo. Es condición indispensable ser socio Aapresid.

¿Es para campo propio o alquilado?
Para ambos. El certificado se emite a nombre de quien está a cargo de la gestión productiva, sea propietario o inquilino, atado a un establecimiento determinado.

¿Sólo abarca la agricultura? ¿Certifica la ganadería?
Todos los requisitos de AC son genéricos y aplicables a todas las producciones agropecuarias, con la excepción de monte, pasturas no artificialmente implantadas (campo natural) y la práctica del feed lot, cuando éstas representen la totalidad del establecimiento o se realicen como única actividad.

¿Qué se certifica?

Lo que se certifica es el proceso de producción bajo un sistema de SD de un establecimiento determinado.

¿Cuáles son los pasos para certificar?

  • Contacto con Aapresid
  • Inscripción
  • Capacitación introductoria
  • Implementación en 3 etapas:
      A- Documentar:
      B- Medir y registrar
      C- Auditar y certificar

¿Cuánto tiempo me lleva?
El proceso completo de implementación no tiene un tiempo límite ya que éste variará de acuerdo a la situación inicial de la gestión productiva, el grado de involucramiento del productor, así como su capacidad de adaptación a los cambios.

¿Necesito asesoramiento?
El productor tiene la opción de contratar a un asesor especializado. Aapresid cuenta con un listado sugerido de asesores que se han capacitado para tal fin.

¿Qué oportunidades hay a nivel mundial?
Se abren nuevas oportunidades para los agronegocios:

  • Contratos diferenciales con empresas que llegan al consumidor (producción certificada).
  • Desarrollo de una “Marca país”, asociada a la producción sustentable.
  • Precios con valor agregado.
  • Acceso preferencial a mercados.
  • Nuevos mercados.

¿Quién impulsa este proyecto?
AC es impulsada por Aapresid. Se trata de un paso importante en su vida institucional. Aapresid se sostiene en veinte años de experiencia en la práctica de Siembra Directa, concebida ésta como un sistema productivo sustentable.

¿Quién realiza la certificación?
Hay un ente certificador que audita y legitima la norma establecida por Aapresid, en el Protocolo de AC.

Aapresid no certifica para mantener la objetividad de las partes. Es preciso que exista una entidad independiente, una empresa certificadora. En paralelo, Aapresid es quien define la norma establecida en el Protocolo de AC.

¿Qué costo implica?
El costo total estará conformado por: una tasa por hectárea, honorarios del asesor para la implementación (opcional), monto de los análisis de suelo y honorarios de auditoría y certificación.

¿Cuánto dura el Certificado? ¿Es permanente?
El certificado emitido tiene una validez de 3 años, momento en el cual se realiza una auditoria de re-certificación para validar la mejora continua iniciada con este sistema. En los dos años intermedios se realizan auditorias de seguimiento para coordinar y corroborar que el sistema siga vigente.

¿Cuándo puedo empezar a certificar?
Ya es posible comenzar el proceso de implementación de AC. En Aapresid obtendrá la información necesaria.

 

Infografía

 

Fuente: Aapresid (Agricultura Certificada)

 

 

Perspectiva de cosecha en EE.UU. hace variar precios

Está por delante la temporada de siembra de soja de EE.UU.; se abre el mercado climático en sus dos tiempos: primero, el que influye en el ritmo de siembra, y luego vendrá el más fuerte, entre junio y agosto, que es el del período reproductivo.

Si bien al productor local le cuesta entender esto, los fundamentos que mueven los precios de los granos en esta época del año son las perspectivas de cosecha nueva norteamericana, más que el tamaño de la producción local. Esto ocurre porque mientras la producción local es ya un dato cierto, la expectativa se traslada a la intención de siembra y perspectiva de rindes en el hemisferio norte.

Así las cosas, el elemento que más atención concentró en las últimas dos semanas fue el reporte de intención de siembra de EE.UU., junto con el de existencias al 1 de marzo en ese mismo país. Durante la semana pasada los operadores estuvieron posicionándose esperando un paso de área de maíz a soja del orden del millón de hectáreas. Como esta expectativa era mayor que lo que se preveía antes, la semana pasada el maíz subió y la soja bajó. Sin embargo, el dato que se difundió el martes mostró un paso de área en el mismo sentido, pero de una magnitud menor, en el orden de las 500.000 hectáreas.

En el caso del maíz se reportó una intención de siembra de 36,1 millones de hectáreas, 600.000 menos que el año pasado, pero 200.000 hectáreas más de lo esperado por el mercado. En soja se informó una superficie a sembrarse de 34,3 millones de hectáreas subiendo 400.000 respecto del año pasado, pero 500.000 hectáreas menos de lo esperado. Si tenemos en cuenta el rinde tendencial que el USDA (Departamento de Agricultura de Estados Unidos) utiliza para proyectar, potencialmente este año EE.UU. apunta a producir 1 millón de toneladas más de soja y casi 6 millones menos de maíz.

Pero además de este informe también se publicó el de stocks al 1 de marzo. En éste, los datos de trigo y soja estuvieron dentro de lo esperado. Pero en el caso de maíz se encontró un stock 3,5 millones de toneladas por encima de lo que esperaba el mercado. Esto implica que el consumo está trabajando más lento de lo que los analistas estaban esperando.

En resumen, los dos informes resultaron bajistas para el maíz (mayor área y mayores stocks que lo esperado), mientras que en soja el de área fue alcista y el de stocks, neutro. En trigo no se dieron sorpresas.

Ahora hay por delante la temporada de siembra de EE.UU. Se abre así el mercado climático en sus dos tiempos: primero el que influye en el ritmo de siembra, y luego vendrá el más fuerte, entre junio y agosto, que es el del período reproductivo. En el corto plazo se requiere clima seco que permita avanzar con la implantación, y luego lluvias.

En el mercado local, a medida que avanza la trilla se confirman los elevados rendimientos de los que se venía hablando la semana pasada en forma incipiente. La entrega de camiones en puerto sube, mostrando cómo se va generalizando la trilla. Sin embargo, los precios no convencen y ésta es la gran preocupación de los productores. Éstos saben que están pasando por un período de precios en el que la coyuntura es muy bajista, y esos fundamentos ya están metidos dentro de los precios. Quisieran por esto esperar a que los nuevos fundamentos irrumpan esperando que las condiciones cambien gracias a esto. Sin embargo, el problema es que hay que afrontar compromisos y habrá que vender sí o sí una parte de la cosecha. Por ello lo que no se venda deberá promediarse a la suba con lo enajenado a precios bajos, para promediar a la suba. Esto generará una férrea retención en la segunda parte del año.

En el mercado de trigo, la gran expectativa está puesta en el factor político para el año próximo. Las promesas de campaña de eliminar restricciones comerciales y los derechos de exportación harían que el trigo sea el cultivo estrella el año próximo. En cuanto al maíz, si también se le quitaran las restricciones comerciales, su atractivo subiría mucho. Sumado a esto las cuestiones agronómicas, referidas a las rotaciones y a cortar el ciclo a las malezas resistentes al herbicida, hay mucha expectativa. Sin embargo, no son pocos los que dudan de las promesas electorales, y por otro lado, los que indican que para el momento que los productores del centro y norte del país tengan que vender para hacer caja, el nuevo Gobierno todavía no habrá asumido. Distinta es la situación si el productor puede esperar para vender.

 

Autor: Dante Romano

Fuente: Ámbito Financiero

Efectividad en la aplicación de productos fitosanitarios

Una aplicación eficiente tiene un impacto directo sobre el control de plagas, malezas y enfermedades. Qué hay que tener en cuenta para obtener resultados satisfactorios.

En los últimos años con la aparición de nuevas plagas y enfermedades más agresivas, sumado a condiciones ambientales poco favorables, se comenzó a observar que los tratamientos con productos fitosanitarios pierden eficiencia, o al menos no la tienen en la misma proporción que años atrás. Por ello se comenzó a estudiar la efectividad de las aplicaciones realizadas a campo para determinar la llegada del producto al objetivo, comparando el tipo de aplicación tradicional con los resultados que se obtienen cuando es monitoreada.

En el marco de la jornada “Calidad en aplicación de fitosanitarios” realizada el pasado viernes 13 en Arroyo Cabral, el ingeniero agrónomo Esteban Frola, especialista en la materia, destacó que con el control de los métodos de aplicación y monitoreo se logra aumentar la eficiencia de los productos aplicados. Asimismo, se contribuye a la disminución del impacto ambiental debido a la reducción del peso de la máquina por compactación.

Para llevar a cabo estos objetivos se toman decisiones agronómicas de manejo que permiten variar el tamaño y la cantidad de impactos, logrando mayor penetración y llegada al objetivo de aplicación de acuerdo a las condiciones ambientales y de cultivo que se tengan en un determinado momento.

Hoy existe un concepto generalizado de que cuando se decide pulverizar solo hay que preocuparse por la dosis y ver que todas las pastillas o picos apliquen más o menos parejo. Si las condiciones no son las adecuadas, se aumenta un poco la cantidad del producto o el volumen usado para que “moje más” y no hay mucho más por mejorar.

La realidad es que se está poniendo en juego un capital muy grande cada vez que se carga la pulverizadora, jugando un papel muy importante en lo que respecta al medio ambiente. El ingeniero Frola afirma que debemos dejar de medir las aplicaciones con un solo parámetro como es el volumen aplicado. Es fundamental comenzar a manejar otras variables como: tamaño, número y distribución de los impactos, para lograr una aplicación de calidad.

El profesional recomienda la utilización de tarjetas hidrosensibles para hacer un control efectivo del modo en que se está realizando la aplicación porque permite medir cantidad de impactos por centímetros, uniformidad y tamaño de las gotas aplicadas. Para que el control sea eficiente, se debe ubicar una tarjeta afuera del cultivo y otras en la parte superior e inferior del mismo. Esta última se “esconde” en la base del tallo del lado contrario de donde viene el viento porque es la zona más difícil para que llegue el producto.

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Colocación de tarjetas hidrosensibles para medir la calidad de las aplicaciones

 

En este sentido, algunos aspectos fundamentales que deben considerarse son:

  • Respetar el tamaño y número de impactos de acuerdo al objetivo a controlar.
  • Utilización de picos: el caudal de líquido que eroga está vinculado a la presión. A medida que aumenta su tamaño, aumenta el caudal y se agranda el tamaño de gota. Los picos no emiten todas las gotas del mismo tamaño sino que realizan un espectro (gotas grandes, medianas y chicas). Hay que tener en cuenta que todas tienen la misma concentración del producto pero no la misma cantidad, las gotas más grandes contienen más producto.
  • Condiciones ambientales: monitorear y respetar las condiciones ambientales, rangos de temperatura inferiores a 30°C; humedad relativa superior al 40% y vientos con velocidades menores a 18-20 km/h. Como esta es una situación prácticamente ideal, es preferible acompañar siempre la aplicación con coadyuvantes (antievaporante) que ayuden a proteger la gota que se está generando. Esto es fundamental ya que se requiere que cuando salga de la boquilla llegue al blanco con la mínima variación de tamaño. El antievaporante juega un papel fundamental en la superficie de la gota expuesta a la evaporación, trabajando como regulador del tamaño de los impactos.

Disminuir la deriva es otro de los puntos vitales a considerar al momento de la aplicación. En este sentido, Frola recomienda evitar la generación de gotas menores de 100 micrones, tanto en aplicaciones terrestres como aéreas, y realizar gotas que sean antideriva cuando las condiciones de viento lo requieran. Es necesario recordar que una gota antideriva es aquella que se encuentra entre 200 y 400 micrones y su Diámetro Volumétrico 0,1 (DV0,1) es de alrededor de 200 micrones. Recordemos que el DV0,1 se define como el valor de la gota expresado en micrones.

En síntesis, considerando estos aspectos es posible mejorar las cualidades operativas, la autonomía de los equipos de apoyo y personal, la seguridad para el operario por la menor manipulación de bidones, el peso del equipo en el lote y la contaminación por gases de efecto invernadero. Esto genera una aplicación de calidad, la cual se traduce en un menor número de fallas y no deben realizarse nuevas aplicaciones buscando repetir tratamientos, lo que da como resultado un menor impacto ambiental y un menor impacto al bolsillo del productor.

Autor: Prensa Marca Líquida

Bajar el peso de los equipos, una opción en lotes anegados

Al igual que sucedió durante la campaña pasada, la actual cosecha se presenta con buenas expectativas de rendimientos, pero con una gran preocupación por el piso que se va disponer a la hora del ingreso de los equipos a los lotes. 

Al igual que sucedió durante la campaña pasada, la actual cosecha se presenta con buenas expectativas de rendimientos, pero con una gran preocupación por el piso que se va disponer a la hora del ingreso de los equipos a los lotes. A este escenario ya consumado se suma que los pronósticos climáticos para los próximos meses, durante la cosecha, indican altas posibilidades de precipitaciones.

“Bajo esta situación, el objetivo es aumentar la flotabilidad y transitabilidad de los equipos de cosecha. Para ello habrá que reducir la presión específica (kilos por centímetro cuadrado) de los neumáticos sobre el suelo, existiendo para ello dos maneras de lograrlo. Una es disminuir el peso de la cosechadora, y la otra es aumentar el ancho y el largo de pisada del tren delantero y trasero de las cosechadoras”, recomiendan los técnicos del INTA Manfredi, Juan Giordano, Mario Bragachini, Federico Sánchez y Gastón Urrets Zavalía.

Si la opción es reducir el peso de las cosechadoras que ingresan al lote con exceso de agua, las alternativas surgen por utilizar equipos de clase tres (menos de 180 HP de potencia) y cuatro (entre 180 y 214 HP), los cuales en su mayoría poseen sistema de trilla convencional.

Según los técnicos de la experimental, estas máquinas presentan un peso en el tren delantero que no supera los 10 mil kilos.

“Si tenemos la precaución de no superar el 50 por ciento de llenado de la tolva durante la cosecha, podemos lograr una buena flotabilidad. Estas máquinas no suelen estar equipadas con neumáticos radiales lo que disminuiría la presión específica que aplicamos contra el suelo. Una opción es colocar duales en el tren delantero de 30,5 x 32, o sea duplicar el neumático normal de la cosechadora”, sugieren.

 

Ajustes

Además de observar el peso de la cosechadora, la tarea de recolección en piso encharcado exige un especial mantenimiento en el cabezal para permitir un buen corte con alta velocidad de entre siete y ocho kilómetros por hora.

En el caso de máquinas del grupo clase seis en adelante (a partir de los 282 HP) se debe tener presente que una de las formas de flotar en terrenos con falta de piso es teniendo velocidad de paso.

“Las cosechadoras de los grupos menores, son más livianas pero poseen motores más limitados a su demanda final de potencia, en estos casos será necesario mantener una velocidad de avance hasta seis kilómetros por hora”, sugieren los técnicos del INTA.

Si la cosechadora está equipada con cabezal draper, el cual presenta un mayor peso, se le pueden adicionar rodados a la plataforma fijándolos en la viga inferior para que solamente trabajen en el momento del corte.

Para mantener la velocidad óptima de avance, será necesario una correcta regulación de los órganos de trilla y separación; además de un correcto mantenimiento de los batidores y/o preparación de mixtos (dientes y barras).

 

Neumáticos duales

Las cosechadoras deberán ser preferentemente con doble tracción y contar con neumáticos radiales duales o triales. Para mayor seguridad con rodados de alta flotación, sobre el eje delantero.

El eje trasero debería contar con neumáticos radiales duales o mejor aún de alta flotación. Esta observación se debe complementar con el llenado de la tolva de la cosechadora hasta la mitad de su capacidad y su descarga en cabeceras seguras.

Más allá de estas sugerencias, el problema de cosecha en los lotes con falta de piso no se resuelve solamente con una mejora en la transitabilidad y flotabilidad de la cosechadora.

“Se debe pensar cómo pasar el grano de la tolva de la cosechadora al autodescargable, lo cual requiere tener tractores y acoplados tolvas equipadas para tal fin, acorde al de la cosechadora”, aseguran los técnicos.

Las tolvas autodescargables también deben estar equipadas con rodados para alta flotación y los tractores deberán contar con doble tracción y neumáticos radiales duales.

El consejo es llenar las tolvas autodescargables hasta 75 por ciento de su capacidad y descargarlas sobre el camión pero fuera del lote.

 

Fuente: La Voz del Interior

Se firmó el decreto de Emergencia Agropecuaria

Lo hizo el gobernador De la Sota, y la medida es por los anegamientos en zonas rurales provocados por las intensas lluvias. Desde el Ministerio de Agricultura se calculan en 250 mil las hectáreas afectadas.

La medida abarca a establecimientos agropecuarios que hayan sufrido las intensas precipitaciones o desbordes de cursos de agua en sus campos. En esta oportunidad, la región involucrada no está vinculada a criterios geográficos de división política sino que se utilizará un sistema novedoso que toma las zonas según las cuencas hidrogeográficas, lo que permitirá incluir a todos los establecimientos perjudicados, sin importar su ubicación.

Para la producción agrícola el período que incluirá la medida abarca hasta el 30 de junio del 2015, y para ganaderos y tamberos la medida se extiende hasta el 31 de diciembre del corriente año. No obstante, en caso de persistir los anegamientos se podrá solicitar la prórroga de los plazos previstos.

Hectáreas afectadas. De acuerdo a los últimos informes que ingresaron a la cartera agropecuaria provincial, y en función también de imágenes satelitales, se estima que las zonas perjudicadas abarcan una superficie aproximada a las 250 mil hectáreas. En este sentido, desde el ministerio se llevará adelante un preciso trabajo de constatación de las declaraciones juradas que presenten los productores.

El objetivo es que accedan a los beneficios de la ley provincial aquellos establecimientos que realmente hayan sufrido afectación en sus producciones.

Cuenca hidrogeográfica. Se entiende por cuenca hidrogeográfica a todo sistema que explica un comportamiento determinado de los escurrimientos en una zona geográfica con características similares. En este caso, la magnitud de los fenómenos climáticos que ocurrieron desde fines de enero a la fecha (grandes milimetrajes de lluvia y desbordes de ríos) generó que resulten insuficientes los límites de los departamentos o pedanías, como se hace habitualmente.

Las cuencas que se incluyeron dentro del pedido de declaración de emergencia agropecuaria son: el sistema de Obispo Trejo y cuencas menores del faldeo oriental de las sierras chicas, el sistema de Morteros, Río Primero y 52 – Río Salsipuedes, Río Segundo (Xanaes), sistema de Jeanmarie, Río Carcaraña, Arroyo Santa Catalina y el sistema de Canals.

Declaraciones juradas. El productor afectado debe presentar la declaración jurada georeferenciada de daños, y si los mismos superan el 50 por ciento de la producción, estará incluido dentro del estado de emergencia y si alcanza el 70 por ciento será desastre agropecuario. Luego, la cartera agropecuaria constatará a través de sus técnicos en territorio lo expuesto en la declaración jurada.

Los formularios se receptan en todas las agencias zonales hasta el día 25 de marzo del 2015, para el primer corte. El archivo para las declaraciones juradas está disponible en la web de la cartera agropecuaria: magya.cba.gov.ar

Beneficios. El principal beneficio que otorga la ley de emergencia agropecuaria provincial es la prórroga del pago del impuesto inmobiliario rural (en caso de tener un 50 por ciento de afectación), o directamente la exención si se supera el 70 por ciento.

Además, se están utilizando los datos recabados por la Comisión para optimizar otro tipo de ayuda más directa a los productores afectados, como por ejemplo la distribución de alimento balanceado a ganaderos con déficit de pasturas o forrajes (esto ya se viene realizando desde la ocurrencia de precipitaciones), líneas de asistencia financiera específicas, etc.

Homologación nacional. Durante el día de hoy, funcionarios y técnicos de la cartera formarán parte de una reunión en el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación. El encuentro fue programado para que las provincias presenten sus decretos de emergencia agropecuaria, a los fines de que el Estado nacional los homologue; esto permitirá que los productores afectados, además de recibir los beneficios provinciales en materia impositiva, también puedan acceder a los mismos beneficios en el orden nacional.

 

Fuente: Prensa del Gobierno de la Provincia de Córdoba

Gramíneas resistentes: comienza una nueva etapa

El alerta rojo de Sorgo de alepo resistente a graminicidas es un hecho. Lejos de resignarnos o de volver a viejas recetas, debemos empezar hoy a pensar en nuevos escenarios.

El Sorgo de alepo resistente a glifosato fue declarado en 2005, dando inicio a la era de las malezas resistentes a este herbicida en la Argentina. Luego le continuaron los raigrases, la Avena negra y lasgramíneas anuales estivales.

También se sumaron la Gramilla mansa y el Pasto amargo, entre las perennes. A la fecha se encuentran confirmadas nueve especies gramíneas resistentes (Tabla 1). De todas ellas, 3 son de crecimiento invernal y las 6 restantes de crecimiento estival. Las 3 primeras se encuentran en el centro-sur del área agrícola del país, donde prevalecen los cultivos de invierno, mientras que las de crecimiento estival, se ubican en el centro-norte del país, donde predominan los cultivos de verano.

Tabla 1

 

El caso “Sorgo de Alepo”

Desde el 2005 los biotipos resistentes de esta especie se encuentran en franca expansión, colonizando nuevas regiones, en las que antiguamente estaba ausente, y aumentando la superficie afectada en aquellas zonas donde ya se observaba su presencia (Figura 1). En todos estos casos, la principal -y casi única- herramienta de control fueron los graminicidas post-emergentes FOP y DIM (Haloxifop, Quizalofop, Fluazifop, Propaquizafop, Cletodim, principalmente).

Como era de esperarse, en esta campaña se lanzó el alerta amarillo por escapes de plantas de Sorgo de Alepo a graminicidas FOP en el centro-norte de Córdoba, con algunas sospechas más en otras zonas.

Finalmente se acaba de confirmar su resistencia en un biotipo del norte de Santa Fe.

A partir de aquí, hay dos opciones: tomárselo “a la ligera” y pensarlo eventualmente como “un nombre más”  dentro de la lista de resistencias múltiples, o bien reflexionar, de forma prospectiva, sobre cómo este biotipo podría complicar enormemente el manejo.

Mapa

Distribución de Sorgo de alepo resistente a glifosato

 

Si buscamos los registros de herbicidas en Argentina para el control de gramíneas, encontramos que hay varios modos de acción presentes (Tabla 2). Si separamos los que pueden utilizarse en cada uno de los principales cultivos, vemos que hay 6 para girasol, 7 para soja y para maíz, y sólo 3 para sorgo.

Si observamos cuántos de ellos pueden aplicarse en post-emergencia del cultivo (es decir cuántos son selectivos) nos encontramos que quedan 2 para girasol, 4 para maíz, 3 para soja y ninguno para sorgo. Todo ello, asumiendo que no existen resistencias a ningún herbicida en las gramíneas presentes.

Ahora bien, si consideramos que ya tenemos Sorgo de alepo resistente a glifosato, a lo que se suman la resistencia a graminicidas del grupo ACC, la lista de reduce quedando solo los ALS en post-emergencia de soja (Imazatapir) y girasol (Imazapyr+Imazetapir -en híbridos CL-).

Para maíz, la lista es un poco más extensa, ya que continúan presentes los ALS (Foramsulfuron+Iodosulfuron, Nicosulfuron, Imazapyr+Imazetapir -en híbridos CL-), los Inhibidores de las Síntesis de Carotenoides (Topramezone, Mesotrione, Isoxaflutole) y los inhibidores de la Glutamino Sintetasa (Glufosinato de amonio).

Tabla 2

Si continuamos avanzando (Figura 2) y analizamos las ALS, podemos observar que se trata de un grupo de herbicidas muy utilizado, de amplio espectro, con residualidad, de baja toxicidad, pero con el inconveniente de generar resistencias fácilmente.

Tal es así, que a nivel mundial hay más de 150 especies resistentes a estos herbicidas, dentro de los cuales se encuentra el Sorgo de Alepo en Estados Unidos, Italia, Chile, México y Venezuela. En Argentina, la resistencia a este grupo se encuentra en Lolium multiflorum y posiblemente en Echinochloa sp.

Con este contexto, sería prudente recomendar el uso de las ALS siempre y cuando se respete un plan de manejo que implique la rotación de modos de acción.

Cabe preguntarnos entonces: ¿cuánto puede durar en el tiempo un manejo, sin aparición de resistencias, cuando solo queda este único modo de acción para aplicaciones post-emergentes?, y por otro lado: ¿en cuánto se reduciría ese tiempo si consideramos adicionalmente el uso de las ALS durante barbechos como pre-emergentes y post-emergentes de la maleza? Todo hace pensar que muy poco.

Figura 2

 

Sin glifosato y sin graminicidas ACC ni ALS, no tendríamos posibilidades de control químico de Sorgo de alepo dentro de los cultivos de soja y girasol. ¿Es momento de volver a la vieja “soguita” con herbicidas no selectivos?

Por supuesto que aún contamos con una amplia gama de pre-emergentes, aunque esto no será suficiente si tenemos en cuenta que, si bien los pre-emergentes son indispensables para rotar modos de acción y para controlar las malezas en su etapa más vulnerable (germinación) disminuyendo así el banco de semillas, siempre existirá un porcentaje de plantas que escapará a estos tratamientos y que deberá ser controlado con post-emergentes.

Más aún, si consideramos que esta herramienta tiene menos posibilidades en aquellos ambientes de precipitaciones irregulares (ya que los pre-emergentes necesitan agua para ser incorporados al suelo y tener actividad herbicida) el manejo se complicará, y mucho.

 

Otros posibles casos en el futuro.

Mismo destino que el Sorgo de Alepo pueden sufrir otras de las gramíneas que, ya resistentes a glifosato, están siendo controladas – al igual que el Sorgo de Alepo – casi exclusivamente con graminicidas FOP y DIM. Tampoco están exentas las gramíneas tolerantes a glifosato como los Chloris, Trichloris y Pappophorum, a las que también se las controla con estos graminicidas, en varias aplicaciones por campaña.

De todos los posibles casos que pudieran surgir en el futuro bajo sistemas en siembra directa, quizás los más difíciles de manejar sean los de las gramíneas perennes (Cynodon hirsutus, Digitaria insularis, algunasChlorideas), porque una vez instaladas en el lote logran rebrotar, luego de cada aplicación de herbicida, a través de sus estructuras de reserva (matas, rizomas o estolones).

Por otro lado, de presentarse alguno de los casos anteriores, nadie podrá contar con la tranquilidad de estar alejado del supuesto foco, ni creerse con tiempo de ventaja (aquel que le tomaría al nuevo biotipo atravesar “las pampas” hasta golpear su tranquera).

Muy por el contario, la aplicación de un mismo manejo a lo largo de toda el área agrícola donde están presentes estas gramíneas, implicará probablemente – no olvidar que la resistencia es una simple cuestión de probabilidad – que estos nuevos casos se generen de forma paralela, en diversos puntos del país. Así sucedió con el Sorgo de Alepo RG el cual surgió en varios puntos geográficos de la Argentina.

 

¡Una buena!

Afortunadamente, el desenlace de lo que hasta ahora parece un cuento de terror, depende en gran medida de nosotros.

Por un lado, hay algunas tecnologías a lanzarse en el corto y mediano plazo que pueden colaborar, en parte, a sobrellevar la situación. Tal es el caso del evento de resistencia a glufosinato de amonio en soja, ya aprobado en Argentina – aunque no todavía comercialmente -, así como la resistencia a los HPPD también en soja, herbicidas del grupo de los Inhibidores de la Síntesis de Carotenoides (Isoxaflutole).

Ambos eventos permitirían contar con alguna herramienta más en post-emergencia del cultivo, sin olvidar que en ninguno de estos casos hablamos de “nuevos glifosatos”, sino que se trata de herbicidas cuyo control dependerá en gran parte del tamaño de las malezas, condiciones ambientales, calidad de aplicación, etc. Como dato extra, ambos modos de acción poseen moderadamente baja probabilidad de generación de resistencia, a diferencia de los ACC y los ALS.

Queda claro que empezamos una nueva etapa, más compleja. Algunas soluciones ya existen, solo habrá que adaptarlas, pero muchas otras deberán ser generadas, y eso tiene que ser ahora. La situación argentina es única, por el tipo de malezas y por el sistema de producción local, por lo que no podemos esperar recetas del extranjero.

Tampoco se trata de volver simplemente al manejo de los años 80, previo a la incorporación de la tecnología RR – como suele escucharse -, ya que la situación es totalmente diferente.

Las malezas son otras (resistentes y tolerantes) y por ende los herbicidas en ese entonces exitosos, tanto en barbecho (glifosato) como dentro del cultivo (graminicidas), hoy dejan de ser útiles. De manera que tenemos que tomar de aquellos tiempos la dedicación al seguimiento de las malezas, pero no podemos extrapolar cualquier solución.

En ese camino, habrá que considerar las malezas como una parte importante del ambiente productivo, como lo son hoy las precipitaciones, las heladas, la presencia de napa o la textura del suelo porque, al igual que estas variables, las malezas limitan la producción, y porque las herramientas con las que contamos para defendernos son cada vez menos.

En muchos casos, habrá que pasar de un manejo netamente ofensivo a uno más defensivo, cambiando cultivos, variedades, fechas de siembra, densidades, distanciamiento entre surcos y demás variables, con el objetivo de minimizar las pérdidas  y mantener el sistema en funcionamiento. En otras zonas, quizás hagan falta cambios aún más drásticos.

Por último, todas las acciones que puedan o deban implementarse, deberán ejecutarse en un marco de rentabilidad reducida y de alta presión social hacia nuestra forma de producir.

Por suerte, en toda crisis hay oportunidades, pero las mismas deberán aprovecharse hoy, haciendo todo lo que esté a nuestro alcance – y aún más – si queremos estar entre los futuros ganadores y no quedar en el camino.

 

Fuente: Red de Conocimiento en Malezas Resistentes (REM)

 

Soja: Córdoba perdería U$S 1.285 millones

Por exceso de agua, se perderían en la próxima cosecha 360 millones de dólares, según un relevamiento privado. A esa magnitud hay que sumarle 925 millones de dólares debido al menor precio que exhibe la oleaginosa. La cotización cayó 28 por ciento promedio.

La futura cosecha de soja en la provincia viene complicada. A la preocupación que tienen hoy los productores agrícolas por saber cómo impactará el exceso de agua sobre el cultivo, se le suma la caída que muestra la cotización de la oleaginosa. Por ambos condicionantes, el principal cultivo en la provincia aportaría un ingreso económico inferior al registrado en la campaña pasada.

De acuerdo con un estudio elaborado por el productor de Canals y exvicepresidente de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), Néstor Roulet, la cosecha de soja en la provincia generaría alrededor de 1.300 millones de dólares menos que en el ciclo anterior.

“A pesar de tener una producción estimada de 14,497 millones de toneladas, muy parecida a la campaña anterior cuando se levantaron 14,91 millones de toneladas, la baja del precio internacional de la soja y los efectos generados por el agua recortarán los ingresos en 1.285 millones de dólares”, precisa el informe.

 

Pérdidas por anegamiento

Según una primera evaluación realizada por la Bolsa de Cereales de Córdoba, alrededor de 500 mil hectáreas productivas estarían afectadas por el exceso hídrico. “Por la proporción que tiene la participación de la soja, podemos concluir que por lo menos 350 mil hectáreas de las afectadas están sembradas con soja”, sostiene Roulet.

A esa superficie, con una estimación de producción promedio de 3,2 toneladas por hectárea, sumado a una pérdida menor de rendimiento (de 0,16 toneladas por hectárea) por demoras en la cosecha en un área de 1,992 millones de hectáreas, se perderían en la provincia 1,42 millones de toneladas.

A un valor de 250 dólares la tonelada, el desastre climático dejaría en el camino ingresos por 359,68 millones de dólares, proyecta Roulet.

Mientras tanto, el economista Jorge Ingaramo es más cauto a la hora de proyectar las pérdidas que las inundaciones podrían generar en el cultivo de soja. “Sobre eso es muy difícil de opinar. Nadie sabe a ciencia cierta qué va a pasar cuando drene el agua y cuando las cosechadoras ingresen a los lotes”, sostiene. No obstante, para el economista, la zona inundada en forma severa no debe pasar el 2,5 por ciento del área sojera a nivel nacional.

 

Pérdidas por precio

La caída que exhibe el precio de la oleaginosa también incidirá sobre los ingresos finales de los productores.

Según Roulet, en la campaña anterior, los 14,9 millones de toneladas reportaron ingresos por 4.549 millones de dólares. En ese momento, el precio de la soja era de 305 dólares.

Para esta cosecha, los números son diferentes. A pesar de haberse sembrado 74 mil hectáreas más (4,980 millones, contra 4,906 millones de hectáreas de la campaña 2013/2014), la productividad por hectárea va a ser menor: 2,91 toneladas promedio, en relación con las 3,04 toneladas del ciclo anterior, según los números de Roulet. El precio a cosecha también es menor para esta campaña. El estudio prevé un valor para el poroto de 250 dólares por tonelada.

“La cosecha va a significar ingresos por 3.624,32 millones de dólares, 925 millones menos que la anterior”, destacó el informe privado.

A nivel nacional, y sobre una estimación de 57 millones de toneladas, Ingaramo asegura que la baja en el precio internacional va a recortar la performance del complejo sojero argentino. “Las exportaciones van a caer de 31.500 millones a 22.700 millones de dólares. Eso se debe a una baja del 28 por ciento en el precio promedio ponderado: 24 por ciento en grano, 28,5 en aceite y 30 en pellets”, precisó el economista. La pérdida para el Estado, en concepto de recaudación sería de 2.200 millones de dólares.

 

Fuente: La Voz del Interior

¿Por qué Argentina debe desarrollar la energía a partir de biomasa agropecuaria?

El sistema energético de un país es fundamental para su crecimiento económico y su desarrollo social. Una oferta energética sustentable, en lo productivo y en lo ambiental, permite un adecuado funcionamiento del sistema económico y, por ende, promueve la generación de puestos de trabajo genuino. Por esto, a la hora de pensar el desarrollo presente y futuro de Argentina resulta fundamental abordar el tema energético.

La biomasa se define como toda sustancia orgánica renovable de origen animal o vegetal, que se produce a partir de un proceso biológico, y que puede ser aprovechada y convertida en combustible. La energía de la biomasa, proviene, en última instancia, del sol. El reino vegetal, mediante la fotosíntesis, absorbe y almacena una parte de la energía solar que llega a la tierra, mientras el reino animal, por su parte, incorpora y transforma esa energía al alimentarse de materia vegetal. Así, en este proceso de transformación de la materia orgánica se generan subproductos que pueden utilizarse como combustibles en diferentes aprovechamientos energéticos.

La energía renovable en base a biomasa se destaca por contar con un enorme potencial para fomentar el desarrollo regional, a través de la dinamización de la actividad económica, la industrialización y la creación de capital físico productivo, el valor agregado, el ahorro de divisas, el aporte a las finanzas públicas de los tres niveles de gobierno, la investigación y el desarrollo tecnológico, y fundamentalmente la generación de puestos de trabajo en las zonas rurales y pueblos del interior.

Una investigación de la Fundación FADA estima los principales impactos socioeconómicos que podría tener la cadena de valor derivada de la generación distribuida en base a biomasa agropecuaria, suponiendo la instalación de 50 plantas de 1 MWh de potencia eléctrica cada una. Estas plantas representarían -en promedio- el consumo energético de 120.000 personas. En base a ello, las contribuciones estimadas son:

  • Aporte tributario: $220 millones anuales. El aporte tributario de 1 hectárea de maíz destinada a la generación de energía se mantiene estable ante variaciones en los precios y es un 180% más alto que el de 1 hectárea destinada a la exportación de grano.

  • Valor agregado bruto: $560 millones anuales que, en términos porcentuales, representan un 130%. Los cultivos tradicionales utilizados se exportan con bajo valor agregado, así su aprovechamiento como energía propiciará su agregado de valor y su conservación en el país.

  • Inversión: U$S 250 millones destinados a la creación de capital físico productivo, uno de los principales determinantes del desarrollo económico de un país. La acumulación de maquinaria y equipo, junto a su know how, aporta al progreso técnico debido a que la tecnología frecuentemente viene incorporada en éstos. Su integración al proceso productivo promueve el aprendizaje y el incremento en la calificación del personal.

  • Empleo: 1.550 nuevos puestos de trabajo, directos e indirectos, con una masa salarial anual de $228 millones. La generación de energía renovable a partir de biomasa agropecuaria promueve la creación de puestos de trabajo a nivel regional, siendo la relación entre empleo directo e indirecto de 1 a 2.

  • Ahorro de divisas: U$S 72 millones que permanecerán en las cuentas nacionales y podrán ser utilizados con otros fines. El ahorro de divisas surge de la sustitución de GNL importado, utilizado para la generación de energía, por biogás producido internamente. Dicha sustitución mejora el saldo de la Balanza de Pagos y disminuye la presión sobre las Reservas Internacionales del Banco Central.

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En la actualidad, una parte del consumo interno de energía eléctrica se abastece gracias a la importación de gas natural, lo que conlleva permanentemente a una reducción de reservas internacionales. Paradójicamente, Argentina posee una gran diversidad de materias primas con potencial para ser utilizadas como biomasa para la elaboración de biogás, entre ellas, el silaje de maíz o sorgo y el estiércol animal. En este sentido, resulta estratégico para el país convertir maíz en energía, ya que se transforma un producto que en gran parte se exporta sin valor agregado, en otro que se importa en grandes cantidades. En el proceso se ahorran divisas, se generan empleos y se incrementa la demanda del producto que se exporta.

Los impactos económicos y sociales expuestos de la cadena de valor de la energía a partir de biomasa agropecuaria, así como la multiplicidad de actores involucrados, demuestran la relevancia que puede tener en términos de desarrollo regional.

Fuente: Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA)

Malezas: las claves para un control eficiente

Cada vez son más resistentes y su manejo es hoy una de las principales preocupaciones de los productores. Uso planificado de herbicidas, monitoreo permanente y detección temprana resultan fundamentales.
El manejo y control de las malezas se convirtió en una de las principales preocupaciones de los productores: generan pérdidas económicas por competir por el agua y los nutrientes del suelo, además de que interfieren durante la cosecha. Por esto, son fundamentales el monitoreo permanente de los lotes, la información y la planificación para actuar a tiempo y evitar que se agrave el problema.

“Erradicar una maleza es muy difícil”, expresó Diego Ustarroz, especialista en control de malezas del INTA Manfredi–Córdoba, quien aseguró: “Se puede disminuir la población y para eso es necesario minimizar la producción de semillas”.

Para Ustarroz, “la clave está en recorrer los lotes, identificar las especies y hacer un manejo de sitio específico”. Además, señaló que “conocer la historia del lote permitirá ajustar el manejo de acuerdo a la comunidad de malezas presentes, poniendo énfasis en las de difícil control”.

En los últimos años, el control químico se transformó en el método de intervención más utilizado y eficiente en la lucha contra las malezas, para lo cual es imprescindible contar con información previa y planificar para que el problema no se agrave.

Los herbicidas demostraron ser buenos complementos para el manejo de malezas. “El control debe comenzar previo a la siembra del cultivo para eliminar malezas emergidas y plantas ‘guachas’ de cultivos anteriores”, expresó Francisco Bedmar, docente de la Facultad de Ciencias Agrarias, de la Unidad Integrada del INTA Balcarce–Buenos Aires.

Conceptos de este tenor serán ampliados y profundizados durante la Jornada Nacional de Malezas, que se realizará el 18 de marzo en el INTA Oliveros–Santa Fe, organizado por el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación y la provincia de Santa Fe, con entrada libre y gratuita –aunque con cupos limitados–.

 

Consejos para un buen control

De acuerdo con Bedmar, es imprescindible realizar un diagnóstico para identificar correctamente las especies de malezas presentes y determinar su estado de desarrollo y/o crecimiento antes de aplicar productos de postemergencia, en barbecho. En el caso de aplicar herbicidas pre-emergentes, Bedmar consideró que se debería llevar un registro de cuáles especies de malezas podrían emerger, basado en el conocimiento de la historia del lote. Del mismo modo, explicó que si fueran a aplicarse productos con acción residual en el suelo, deberían conocerse los períodos de espera para la siembra de cultivos subsiguientes, a fin de evitar posibles efectos fitotóxicos. “Esto permitirá seleccionar adecuadamente el herbicida a utilizar”, dijo.

En muchos lotes, las fallas en el control con herbicidas se deben a las aplicaciones tardías sobre malezas muy desarrolladas. “Esto es común en alquileres tardíos o en lotes cosechados en invierno”, explicó Ustarroz, para quien “el control debe comenzar en el otoño debido a que especies como rama negra son difíciles de controlar en primavera”.

Durante su desarrollo, las malezas consumen agua y nutrientes que no estarán disponibles para el cultivo. “A medida que las plantas crecen, las alternativas de control se reducen, los costos de los tratamientos se incrementan e, incluso, se puede favorecer la resistencia”, indicó el técnico de Córdoba.

Algunas malezas tolerantes a glifosato como Gomphrena pulchella son fáciles de controlar con otros herbicidas en pre-emergencia o pos-emergencia temprana. Según Ustarroz, “la eficacia del tratamiento se reduce cuando las aplicaciones se realizan sobre malezas más desarrolladas”.

Asimismo, los especialistas coincidieron en que “es importante combinar herbicidas pos-emergentes con aquellos que tengan acción residual en el suelo, de amplio espectro, y que sean eficaces en el control de malezas difíciles de controlar”.

Por otro lado, las dosis son otro aspecto que el productor debe tener en cuenta. “El ahorro del producto suele resultar caro”, aseguró Bedmar quien además, agregó: “Los herbicidas deben aplicarse siempre bajo las normas especificadas para disminuir el impacto ambiental que pudieran causar y evitar los riesgos toxicológicos“.

 

Manejar a las que resisten

La lista de malezas resistentes se amplía todo los años –Eleusine indica, Chloris spp., Borreria verticillata y yuyo colorado, entre otras–. Desde 2005 a la fecha se confirmó la evolución de resistencia a glifosato en cinco especies y, en los últimos años, se detectaron los primeros casos de resistencia múltiple a glifosato y otros herbicidas en raigrás y yuyo colorado.

Para Juan Carlos Papa, especialista en protección vegetal del INTA Oliveros–Santa Fe, la “escasez de rotaciones, la gran superficie agrícola bajo arrendamiento de corta duración y la ausencia de monitoreos influyen y permiten que el problema se agrave”.

Entre las alternativas el manejo de malezas resistentes en general, Papa recomendó limpiar los vehículos, maquinarias u otros equipos agrícolas –en especial las cosechadoras– antes de ingresar a un lote. “Resulta fundamental realizar un monitoreo frecuente de los caminos, cunetas, banquinas, baldíos y bordes a fin de detectar tempranamente la presencia de individuos, los cuales deberían ser eliminados antes de llegar al estado reproductivo”, indicó.

La resistencia de las malezas obliga a realizar un abordaje más integrado que no dependa de un solo herbicida. “Hay que trabajar integralmente sobre el sistema productivo”, afirmó Bedmar quien agregó: “Aplicar principios activos con diferente modo de acción, realizar en lo posible rotaciones de cultivos, utilizar variedades de rápido crecimiento para acelerar el cierre del surco y sembrar cultivos de cobertura que demoren o reduzcan el nacimiento de la maleza, son algunas de las posibilidades con las que contamos para evitar la sobresimplificación en el control de malezas y de esta manera la aparición de resistencia”.

El objetivo es evitar que las malezas resistentes a herbicidas produzcan semillas. Para esto se debe detectar el problema y combinar diferentes prácticas de manejo para que el sistema sea sustentable.

En este sentido, Ustarroz recomendó “el uso de herbicidas con diferente sitio de acción –en aplicación total o con mochila sobre plantas aisladas–, el desmalezado manual cuando sea posible y el control mecánico con labranzas reducidas en rodales de malezas perennes de difícil control químico”.

Fuente: INTA Informa

El clima mantiene la perspectiva de una cosecha local récord

Se esperan lluvias a partir del fin de semana; prevén la producción en 57 mill./t

La previsión de nuevas lluvias sobre buena parte de las zonas agrícolas de la Argentina a partir del fin de semana contribuiría a mantener el buen estado que evidencian los cultivos de soja y de maíz de la campaña 2014/2015. Así lo afirmó a la agencia Reuters Germán Heinzenknecht, especialista de la Consultora de Climatología Aplicada.

“Desde el fin de semana y en adelante vamos a tener una frecuencia de lluvias bastante razonable. La zona núcleo viene muy bien y con el retorno de las precipitaciones estamos encaminados hacia una muy buena campaña”, dijo Heinzenknecht. Tanto la soja como el maíz fueron favorecidos por un abundante nivel de lluvias en buena parte de enero y tras un breve período reciente de clima seco se espera que lleguen nuevas lluvias que consoliden la previsión de altos rendimientos.

“Para la soja, el período crítico se da mayormente durante todo febrero, de modo que las variedades más adelantadas con una o dos lluvias en las próximas semanas estarán con perspectivas muy favorables”, explicó Heinzenknecht.

En su último informe semanal, la Bolsa de Comercio de Rosario detalló el jueves pasado que “un 51% de la soja de primera de la zona núcleo está en estado muy bueno, mientras que hay un 34% en condición excelente”. Y en cuanto al maíz, indicó que “un 80% de los cultivos de primera se encuentra en estado excelente a muy bueno, mientras que el 20% restante está en buenas condiciones”. En el caso del cereal, la entidad estimó un rango de rindes para la zona núcleo “de entre 90 y 125 quintales por hectárea”.

La bonanza de los cultivos argentinos ha comenzado a reflejarse en diversas estimaciones privadas. Ayer, la influyente consultora estadounidense Informa Economics elevó de 55,50 a 57 millones de toneladas su previsión sobre la cosecha argentina de soja. Así, quedó en sintonía con los 57 millones proyectados anteayer por el agregado agrícola del USDA en la Argentina. La semana pasada, el especialista Michael Cordonnier elevó de 55 a 56 millones su pronóstico, en tanto que Lanworth, la división materias primas de Thompson Reuters, publicó la cifra más elevada, con 59,50 millones de toneladas. En todos los casos, los números estimados resultan récord para el país, al quedar por encima de los 53,40 millones de la campaña 2013/2014.

Aún sin una valoración oficial por parte del Ministerio de Agricultura de la Nación, el mercado local cuenta con la referencia aportada a mediados de enero por la BCR, que proyectó la nueva cosecha argentina de soja en 54,50 millones, mientras que el USDA, en su informe global de oferta y demanda de granos del mes pasado, calculó la producción en 55 millones. Ahora resta esperar hasta el martes próximo, para ver si el organismo estadounidense da crédito en su nuevo reporte al volumen previsto por su agregado agrícola.

Sin la estridencia de la soja, también para el maíz argentino los estimadores ven buenas perspectivas. En efecto, Informa Economics elevó su cálculo para el grano comercial de 22 a 23 millones de toneladas, en tanto que el aumento previsto por el agregado agrícola del USDA fue de 500.000 toneladas, hasta los 22,50 millones. A mediados del mes pasado, la BCR estimó 22,40 millones, mientras que el USDA mantuvo en 22 millones su proyección en el reporte oficial de enero.

 

Fuente: La Nación