Informes y notas de agricultura.

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Soja-maíz

Alerta roja para la agricultura nacional

El 83% del total de la superficie maicera y el 44% del área sojera se tornarían económicamente inviables.

Según un estudio desarrollado por AACREA, los resultados económicos esperados de la soja y del maíz para la campaña 2015/16 serían negativos para la mayoría de las zonas productivas si se obtienen los rindes históricos de cada región y si se mantienen los precios a cosecha que ofrecen los mercados a término.

Los cálculos realizados consideraron planteos productivos en campos arrendados según valores de alquileres para esta campaña y demuestran que en el 85% de los departamentos/partidos analizados, la producción de maíz y de soja sería económicamente inviable porque el rendimiento promedio zonal se ubica por debajo del rinde para cubrir los costos. En el caso del cereal, a nivel general, el rinde medio del maíz se encuentra 75% por debajo del rinde para cubrir los costos de producción. En la soja, el rendimiento medio es 40% menor al rinde para cubrir los costos. (ver mapa)

 

Incremento de rendimiento necesario para cubrir los costos de
producción de la soja respecto del promedio histórico para la
campaña 2015/16
Incremento de rendimiento necesario para cubrir los costos de producción de la soja respecto del promedio histórico para la campaña 2015/16

– Valores negativos (en tonos verdosos): indican que el rinde promedio es mayor al rinde necesario para cubrir los costos. – Valores positivos (en tonos rojizos): indican que el rinde promedio es menor al rinde necesario para cubrir los costos. Fuente: Movimiento CREA sobre la base de MinAgri, Rofex, EEI y fuentes privadas.

 

Resultados en campo propio
Para dar una mayor claridad de la dimensión de lo que acontece en la mayoría de las zonas productoras, también se analizaron planteos productivos en campo propio mediante el cálculo del radio de viabilidad. El radio de viabilidad se define como la distancia promedio desde el origen de la producción hasta los centros de comercialización en la que el rendimiento medio supera en un 5% al rinde para cubrir los costos.

De esta manera, para la campaña 2015/16, el cultivo de maíz proyecta un radio de viabilidad de 30 km, en tanto que el de la soja es de 117 km. Es decir, un planteo de soja a más de 117 km de su destino comercial sería inviable económicamente, de acuerdo a las condiciones de rendimiento promedio, costos y precios proyectados en el contexto actual. En ese sentido, la frontera de viabilidad determinada por este radio se contrajo en las últimas tres campañas analizadas. En particular, en la campaña 2013/14 dicho indicador alcanzaba 300 km para el maíz y 275 km para la soja.

Cabe aclarar que, al contraerse la frontera de viabilidad, se incrementa la superficie donde los planteos productivos aumentan su nivel de riesgo. Según las proyecciones realizadas para la campaña 2015/16 del maíz, dicha área de inviabilidad representaría el 83% del total de la superficie maicera. En el caso de la soja, dicho porcentaje asciende al 44%.

 

Conclusiones
En las últimas tres campañas se observa una ampliación de la superficie donde, bajo las condiciones actuales, la actividad agrícola se torna económicamente inviable. Esta situación abarca a todas las zonas productivas y cultivos, incluso en aquellas regiones de mayor productividad y cercanas a puertos e industrias.

Los cálculos anteriormente mencionados demuestran que la agricultura argentina actual enfrenta problemas estructurales. Millones de hectáreas agroclimáticamente aptas para cultivo en muchas provincias, en esta campaña resultarán inviables económicamente. El negocio agrícola tendrá un ejercicio con resultados negativos debido fundamentalmente a la presión fiscal, al incremento de los gastos directos e indirectos, a la política cambiaria y a la continuidad de las restricciones comerciales. Esta realidad puede generar una reducción considerable en la intención de siembra 2015/16.

 

Fuente: Comunicado de prensa N° 16 de CREA

Mancha marrón

Sugerencias de manejo de enfermedades en cultivo de soja para campañas con pronóstico de año “Niño”

Las enfermedades que afectan al cultivo de soja son causadas por virus, hongos, bacterias y nematodos. La diversidad de los agentes causales, como así también la prevalencia de las patologías que provocan, se incrementaron con el correr de los años, desde el ingreso de este cultivo al país. La expansión de la frontera agrícola, la ausencia de rotaciones, la uniformidad varietal, las prácticas que permiten la conservación de rastrojo en superficie, son algunos de los motivos que propician el problema. Sin embargo, no todas las enfermedades resultan limitantes en cada campaña, y en esto se suman a los anteriores dos aspectos importantes: las condiciones ambientales y el manejo del cultivo.

Las condiciones ambientales involucradas en la aparición y progreso de una enfermedad no se limitan a lluvias y temperaturas; influyen también otros factores como la humedad relativa, las horas de mojado foliar, heliofanía, vientos, humedad de suelo, fertilidad, altura de napas, entre otros. Sin embargo, con un pronóstico de precipitaciones frecuentes, anunciado ya para la próxima campaña (Servicio Meteorológico Nacional, 2015), existen ciertos aspectos en el manejo del cultivo que deberíamos considerar para prevenir el impacto sanitario de posibles epidemias.

Los suelos fríos y húmedos, así como la falta de oxígeno por planchado o la escasa disponibilidad hídrica, son condiciones que propician la aparición de enfermedades de pre y post emergencia (“damping off”). En estas situaciones, la variedad y calidad sanitaria de las semillas son características primordiales a tener en cuenta antes de la siembra. Por un lado, conociendo la presencia en el suelo del hongo patógeno Phytophthora sojae, la elección de un cultivar con resistencia genética es la medida adecuada para prevenir posibles problemas durante la implantación o el desarrollo del cultivo. Por otro lado, el análisis de calidad permite identificar los patógenos presentes en los granos, posibilitando la elección de un curasemillas específico que evite su introducción y progreso en el lote seleccionado. A través de este análisis también es posible conocer el poder germinativo y vigor. Valores óptimos de estos parámetros (por encima del 85%), sumado al uso de curasemillas de amplio espectro son condiciones necesarias para lograr un adecuado stand de plantas en situaciones en las que velocidad de germinación y emergencia de plántulas se ve reducida.

En los primeros estadíos vegetativos y debido a la presencia de inóculo en el ambiente, es posible detectar manchas foliares sintomáticas de algunas enfermedades. Este manchado suele ser de escasa relevancia debido a que las plantas se encuentran en pleno crecimiento, incrementando su altura, número de nudos y hojas. Sin embargo, en estas situaciones, es recomendable iniciar los monitoreos periódicos del cultivo que deberán intensificarse a partir de los estadíos cercanos a floración (cuando la producción foliar es menor).

Condiciones de lluvias frecuentes, alta humedad ambiente y horas de mojado foliar desde los últimos estadíos vegetativos y/o durante los reproductivos favorecen la aparición de algunas patologías foliares tales como bacteriosis, “mancha marrón”, “tizón de la hoja y mancha púrpura en semilla”, “mancha ojo de rana”, “mildew”, “roya de la soja”, “oídio”, entre otras de menor importancia. Variedades susceptibles, temperaturas altas y más de ocho horas de mojado foliar son condiciones óptimas para el progreso de “mancha ojo de rana” y el “tizón de la hoja”; humedad ambiente alta y temperaturas de alrededor de 20ºC predisponen la aparición de enfermedades como “mancha marrón”, “mildew”, “roya de la soja”, “oídio”. Monitoreos periódicos del cultivo a partir de esta etapa resultan indispensables para la identificación de las problemáticas y su manejo eficiente conociendo los niveles de incidencia y severidad.

Para reducir las potenciales pérdidas que provocan la mayoría de las enfermedades que aquí se mencionan se dispone de fungicidas foliares que deben ser aplicados considerando principalmente los umbrales de daño y la existencia de condiciones ambientales predisponentes para su progreso. El uso de fungicidas ignorando estas pautas redunda en un gasto innecesario y en el posible desarrollo de resistencia por parte de los patógenos.

Las lluvias abundantes también contribuyen a la aparición de enfermedades que afectan raíces y tallos (en lotes donde el inóculo está presente y las variedades son susceptibles). Entre estas, el síndrome de la muerte súbita se presenta como la más prevalente y problemática en las últimas campañas. Cuando las precipitaciones están acompañadas con temperaturas frescas durante los primeros estadíos reproductivos del cultivo, también es probable la aparición de la “podredumbre húmeda del tallo”.

Otras enfermedades que podrían afectar el cultivo en condiciones de abundantes precipitaciones pero con temperaturas cálidas, son “cancro del tallo” (Diaporthe phaseolurum var. meridionalis y Diaporthe phaseolurum var. caulivora) y “podredumbre marrón” (Cadophora gregata). El uso de cultivares con resistencia genética o buen comportamiento es la estrategia de manejo disponible para muerte súbita y cancro del tallo; mientras que para la podredumbre húmeda se recomiendan prácticas como fecha de siembras tempranas, uso de cultivares de grupos de madurez cortos, espaciamiento de entresurcos.

Por último, las altas temperaturas y humedades relativas elevadas durante los últimos estadíos reproductivos (R5 en adelante) predisponen a un mayor deterioro de la calidad de semilla, el cual se incrementa con demoras en el tiempo de cosecha. Con estas condiciones es frecuente encontrar patógenos como Fusarium, Phomopsis, Colletotrichum, Aspergillus, Penicilium, Alternaria, Cercospora, géneros que afectan el poder germinativo y el vigor de los granos, lo cual debe ser tenido en cuenta en las siembras de la siguiente campaña.

Ante la posibilidad de un año “Niño”, las sugerencias de manejo para procurar evitar pérdidas importantes de rendimiento a causa de enfermedades en el cultivo de soja son:

  • Seleccionar cultivares con buen comportamiento frente a las principales enfermedades detectadas en la región y en el lote a sembrar.
  • Analizar la calidad de las semillas a utilizar y definir el tratamiento de las mismas con fungicidas curasemillas.
  •  Realizar monitoreo del cultivo periódicamente, incrementando su frecuencia ante condiciones predisponentes y/o a partir de floración.
  •  En el caso de no contar con una variedad resistente y alcanzar los umbrales de daño de una determinada enfermedad foliar, ante la inminencia de continuidad de condiciones climáticas predisponentes para la misma, seleccionar un fungicida y realizar aplicaciones oportunas. Son numerosos los productos registrados para el control de enfermedades foliares en soja y la decisión de aplicación y del tipo de producto a utilizar debe ser tomada junto a un asesor dependiendo de los niveles de incidencia y severidad, el estado fenológico del cultivo, estado general del lote y las condiciones ambientales.

Autores: Ing. Agr. Silvia Distéfano, Ing. Agr. Laura Gadbán e Ing. Agr. Lisandro G. Lenzi

Fuente: INTA EEA Marcos Juárez

Maíz

Maíz y sorgo en situación crítica

Los cultivos de maíz y de sorgo atraviesan una situación crítica que podría ser revertida con pocas medidas.

En estos días se debate cuál va a ser la superficie destinada al cultivo de maíz y de sorgo en la próxima campaña. El interrogante no es menor, ya que las distintas estimaciones indican una intención de siembra con tendencia a la baja.

Pareciera que con la expectativa que genera el cambio de gobierno las fichas estarían puestas en los maíces de segunda o tardíos, cuando se conozcan las medidas que podrían tomarse para el campo y la economía.

Con pocas medidas, el próximo gobierno (y este también) podrían revertir la caída y lograr que el área de maíz y de sorgo se mantenga o incluso se acreciente.

Para comprender esta situación deben analizarse por un lado los ingresos obtenidos y por el otro los costos de producción. Para comprender los ingresos, recordemos que estos se componen de rendimiento por precio. Los rendimientos de maíz de la campaña que está terminando están en niveles records gracias a que, a pesar de los problemas, el productor y su planteo agronómico lograron desarrollar el cultivo con el más alto nivel de tecnología y profesionalismo.

Pero, a nivel local el precio del maíz recibe un castigo que surge de los derechos de exportación y los ROEs. Los precios artificialmente bajos del mercado interno se potencian con la gran cosecha de maíz y sorgo lograda a nivel mundial, que llevó el precio internacional de estos granos a la baja. A igual distancia del puerto, en Argentina el productor percibe alrededor de 80 dólares por una tonelada de maíz mientras que en Brasil le pagan 115 dólares y en Estados Unidos 150 dólares.

Por lo tanto, para mejorar los ingresos, la solución que debería aplicar el Poder Ejecutivo es la rápida eliminación de los ROEs y todas las trabas que existen para exportar maíz, sorgo y todos los productos de su cadena de valor.

También deben eliminarse los derechos de exportación para todos los productos de la cadena. Está demostrado que son el impuesto más distorsivo que se puede aplicar a cualquier economía y que tienen como consecuencia la destrucción de la capacidad productiva.

Por el lado de los costos, es la primera vez en décadas que el costo del flete es el principal para una hectárea de maíz. Se calcula que a una distancia de 170 km del puerto, el transporte de un maíz de alto rendimiento cuesta más de 450 dólares por hectárea, mucho más que el alquiler o que la suma de todos los insumos.

Un componente importante del costo del transporte es el precio del gasoil, por el cual pagamos 1.5 dólares por litro, mientras que en Brasil y Estados Unidos ronda los 0.7 dólares. Los valores de las cubiertas para camiones también son altísimos, en nuestro país se paga alrededor de 1000 dólares por una cubierta, mientras que en Brasil y Estados Unidos cuestan alrededor de 400 dólares.

Los repuestos y el mantenimiento de la maquinaria agrícola también tienen un costo muy superior al de nuestros competidores en el mercado, como muestra podemos ver los precios de las cubiertas de los tractores 23.1 30, que en la Argentina valen alrededor de 2000 dólares, más del doble que en Brasil y en Estados Unidos.

Además, las trabas a las importaciones, sumado al problema del tipo de cambio, encarecen el costo de los insumos de base importada. Muchos importadores tienen que pagar su mercadería en dólares al contado y deben importar sin saber cuándo van a poder pagar al exterior. En síntesis, tenemos los costos más altos del mundo con los precios de granos más bajos del mundo.

El nuevo gobierno tiene la oportunidad de iniciar su mandato con una enorme cosecha de maíz y de sorgo, que se traduciría en mayor generación de empleo genuino y en un importante ingreso de divisas al país generadas por la exportaciones de maíz, sorgo y productos de su cadena de valor. Pero para ello es indispensable que se anuncien ya estas simples medidas que permitirían elevar los ingresos y bajar los costos.

 

Fuente: Maizar

Amaranthus(2)

Un grupo de expertos brinda consejos de manejo clave para la gruesa

Especialistas en plagas, malezas y enfermedades adelantan cuáles serán los principales desafíos agronómicos de la campaña 2015/16, amenazada por la baja rentabilidad y por la incertidumbre que genera el cambio de gobierno.

De acuerdo a los pronósticos, la campaña de cultivos de verano que se avecina contará con abundantes lluvias. En ese marco, y en un año difícil económicamente para los agricultores, ajustar el manejo agronómico a las condiciones ambientales será aún más importante que de costumbre.

“Lo primero que tiene que tener en claro el productor es que la maleza hoy modifica el costo productivo; por lo tanto, hay que contemplarla en el sistema de toma de decisión”, subrayó el Ing. Agr. Luis Lanfranconi investigador del INTA y docente de la Universidad Católica de Córdoba.

Por malos que sean los pronósticos, Lanfranconi llamó a no bajar la inversión en tecnología en los lotes con alta infestación de malezas. “Ese ahorro circunstancial puede significar un dolor de cabeza para los próximos cinco años; no sería conveniente que en un lote muy complicado con sorgo de Alepo o yuyo colorado o chloris, se piense en ahorrar plata, porque no se va a terminar de solucionar el problema y, además, lo potenciaría para los años siguientes; sería un error garrafal tratar a todos los lotes como un promedio”, explicó.

El especialista recomendó hacer el diagnóstico y tomar las decisiones lote por lote. “Hoy hay respuestas tecnológicas para algunos de los problemas que tenemos; sale mucho más caro pero hay solución. Entonces, aquellos lotes complicados hay que abordarlos con la tecnología disponible y no tratar de ahorrar plata ahí”, insistió.

Si las condiciones ambientales son buenas para el desarrollo de los cultivos, este año “las plantas van a tener un buen porte y van a sombrear el suelo rápidamente; eso implica que el mismo cultivo va a ser un aliado en el control de las malezas. Entonces, hay que jugar lo más que se pueda para que se cierre el surco muy rápido y así evitar hacer aplicaciones de repaso posteriores”, indicó Lanfranconi.

Además, aconsejó arrancar con lotes limpios usando herbicidas preemergentes. “Valen el doble que los postemergentes pero terminan siendo baratos; con un buen emergente que permita que el cultivo nazca limpio y se mantenga así los primeros 45 días, si cierra el surco rápido, se convierte en competidor importante para las malezas”, afirmó el investigador.

En cuanto a fechas de siembra, recordó que las mejores en la Pampa Húmeda siempre fueron las tempranas porque presentan un mayor potencial de rendimiento, pero aclaró que si hay problemas serios de malezas, habrá que modificarlas para impactar más sobre su desarrollo.

Por caso, en Córdoba hoy predominan las fechas de siembra tardías y “para la problemática de yuyo colorado está fantástico, porque cuanto más atrasemos el cultivo y controlemos temprano, acorralamos al final de ciclo a la maleza y le ganamos”, aseguró Lanfranconi.

Las enfermedades también merecen atención. “Hay problemas económicos y políticos, con lo cual el productor está indeciso, ansioso, angustiado, y tiene que tomar decisiones para un futuro que es desconcertante para él. En este contexto, mi primer mensaje es que no se olviden de la técnica, si van a dedicarse a la producción”, advirtió el ingeniero Marcelo Carmona, especialista de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires.

Carmona recomendó a los productores “que no se retrasen en las aplicaciones, que no bajen las dosis y que usen los productos efectivos”, y llamó a insistir en el monitoreo, por ser el único procedimiento que indica el momento preciso para actuar. “Es probable que tiendan a querer utilizar menos dosis o retrasar la aplicación del producto porque hasta último momento les cuesta tomar la decisión, pero eso finalmente les va a traer mucho más perjuicio”, advirtió.

De acuerdo a los pronósticos, el año tendrá condiciones predisponentes para enfermedades reguladas por temperaturas invernales moderadas y posteriores lluvias, incluso hasta el final de ciclo de la soja. Por eso, Carmona llamó a “estar alerta especialmente en híbridos de maíz susceptibles a tizón; en soja por la aparición de enfermedades de fin de ciclo; en trigo con la roya, especialmente la roya negra que empieza a ser un desafío importante; y en cebada con ramularia, controlando el estrés oxidativo que pudiera ocurrir”.

Las plagas también merecerán atención, en una campaña de gruesa que estará atravesada por un cambio de gobierno, lo cual genera incertidumbre respecto de las políticas agropecuarias que vendrán. Pero “la idea es decirle a los productores que no piensen en esta campaña sino en el manejo que van a hacer de acá a cinco años: hoy te piden que los ayudes a salir del paso, porque es muy difícil lograr que hagan un manejo integrado de plagas y malezas en este contexto”, lamentó Roberto Peralta, experto en Protección Vegetal de la Universidad Católica de Córdoba.

“Hoy, para muchos la política es no tener política de manejo porque los números no cierran y por la incertidumbre de no saber hacia dónde vamos”, señaló. Pero hizo una seria advertencia: “Vamos camino a tener grandes problemas de resistencia de plagas; la gente no entiende que el presente de malezas es el futuro de plagas; aunque aún no está publicado, la resistencia de plagas está, hay investigadores que ya lo han evaluado”.

Según aseguró Peralta, spodotera frugiperda, la cogollera del maíz, es resistente a algunos eventos. “En Brasil se publicó y el año pasado lo vimos en el campo, hay una diferencia terrible en el control que había al principio y el que se logra ahora”, consideró. Para el ingeniero, si las prácticas de manejo no se modifican y la tendencia continúa, de acá a dos o tres años “habrá una gran sorpresa de resistencia, lo cual es muy preocupante, porque no hay alternativas al control y en un contexto de monocultivo será muy difícil de manejar”.

Este año, si abundan las lluvias, los problemas no vendrían de la mano de las defoliadoras sino de las chinches en soja. “Eso me preocupa, porque como las chinches aparecen al final del cultivo, a veces los productores se relajan, les da la sensación de que ya está todo desarrollado y es allí cuando más daño pueden causar”, indicó Peralta.

La toma de decisiones de manejo para la campaña de cultivos de verano pinta difícil, no solo por las condiciones particulares del año, sino por un proceso que se arrastra de larga data. “Técnicamente, el monocultivo de soja nos ha puesto muy chatos los últimos quince años, y esto se está agravando cada vez más, porque ya ni siquiera tenemos maíz: este año se ha reducido en un 50% la superficie estimada de siembra a nivel país y el trigo prácticamente no existe. Es una situación realmente muy complicada para el manejo agronómico”, finalizó Peralta.

 

Fuente: Clarín Rural

Siembra directa

Inundaciones: derribando mitos y aclarando dudas

¿Por qué nos inundamos? ¿Cómo se puede prevenir? ¿Qué pasa con nuestros suelos? La Siembra Directa ayuda a prevenir las inundaciones. Conceptos para conocer y redescubrir sus beneficios.

Las consecuencias de los excedentes de agua que hoy vivimos vuelven a alertarnos sobre el uso y cuidado del suelo.

Esta es una de las mayores preocupaciones que Aapresid (Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa) intenta poner en primer plano, al punto que el último congreso que realizó en Rosario “Biosapiens, la Era del Suelo” puso el eje en las Buenas Prácticas Agrícolas como premisa fundamental para una agricultura que preserva los recursos naturales y que puede ayudar a evitar los problemas que sufrimos en estos días.

La Siembra Directa es la técnica que dio origen a esta institución y que revolucionó el campo y la agroindustria en el país. La aplicación de este método ayuda a prevenir inundaciones. ¿Por qué?

María Beatriz “Pilu” Giraudo, presidenta de Aapresid, explica que este método ayuda a evi​tar escurrimientos de agua e inundaciones. Este sistema que no remueve el suelo y lo mantiene cubierto con residuos de la cosecha anterior mejora las condiciones para amortiguar la caída de la lluvia y “hace que el suelo se convierta en una esponja que absorbe y guarda el agua de lluvia”.

Según el Ing. David Roggero, directivo y miembro de la Regional Laboulaye, “este sistema permite un mejor y más rápido movimiento del agua y el aire a través de los poros del suelo. Al no mover la tierra, los poros son más grandes y estables que en la agricultura tradicional”.

El Ing. José Luis Tedesco,  miembro de la Regional Aapresid Chacabuco, explica quela aplicación de la Siembra Directa en el tiempo, fomenta la creación de pequeños canales internos en el  suelo por acción de insectos, lombrices, raíces y raicillas formando una especie de  `túneles`  que permiten la absorción, infiltración y almacenaje del agua de lluvia”.

Por ende, una duda que suele aparecer queda aclarada. La siembra directa NO es un factor que provoque inundaciones, sino por el contrario contribuye a que esto no suceda.

Los suelos desnudos (sin cobertura) y desmenuzados por el efecto de las labranzas (de la antigua agricultura) son los que se impermeabilizan apenas comienza la lluvia, acumulan agua en superficie y comienzan a escurrir perdiendo agua y suelo.

 

Buscando soluciones

Roggero aclara que la técnica disminuye la probabilidad de que ocurran, pero no es por sí sola la solución definitiva.

“Pilu” Giraudo advierte que “la capacidad de cada suelo tiene un límite”. Por tal motivo, es fundamental contar con obras para el manejo de los excedentes de agua que deben ser planificados a nivel de cuenca y construidos desde el lugar más bajo (que recibe agua) hacia el más alto (que vuelca agua). En general  son obras interprovinciales.

Las decisiones políticas firmes para llevar a cabo las obras deben tomarse antes de que lleguen los desastres. Por ejemplo: atender a las alteraciones de las cuencas, planificación urbana ante las edificaciones, control de canales, obras de dragado adecuado, etc. El Ordenamiento Territorial es clave para esta planificación anticipada.

El Ing. Leandro Ventroni, del sistema Chacras de Aapresid, explica que el problema es agro-hidrológico y se deben plantear soluciones integrando medidas que contemplen infraestructura básica (mantenimiento y mejora de caminos, mantenimiento de vías férreas y protección de ciudades y pueblos); infraestructura hidráulica (canales de drenajes primarios y secundarios, sumados a obras de almacenamiento y regulación de excedentes en bajos naturales y lagunas); sumado a medidas de manejo de suelos y cultivos.

Es necesario que el estado provincial posea un Ordenamiento Territorial que permita utilizarlo de NORMA para la producción agropecuaria.

 

Hacia el fondo del problema: posibles factores

Tedesco, de Aapresid Chacabuco, contextualiza la problemática. El actual modelo productivo con la aplicación de Derechos de Exportación, que comenzó luego de la crisis de 2001 y se profundizó con la aplicación de alícuotas de ese impuesto cada vez más elevadas, hasta llegar a los actuales 35% para la soja, 32% para el girasol, 23% para el trigo y 20% para el maíz, sumado a la aplicación de ROE’s (Registro de Operaciones de Exportación) que limitan las exportaciones de trigo y maíz, dejaron como única alternativa viable el cultivo de soja. Así durante la campaña 2014/15  en  Argentina este cultivo ocupó más de 20 millones de hectáreas.

“Recordemos que el problema no es la soja, sino que exista su monocultivo, es decir, que se realice año tras año este cultivo de manera prácticamente única”, aclara Tedesco.

Las abundantes precipitaciones que sufrimos en este contexto nos empujan a un “desastre  productivo, ambiental y agroecológico con un doble daño y que en parte se podría evitar. Por un lado,  el desaprovechamiento de toda esa agua que podría haberse transformado previamente en producción, y por el otro, el efecto negativo directo de estos desbordes sobre las poblaciones y cultivos, con pérdidas directas irrecuperables.

“Pilu” Giraudo, también señala como variable que potencia este problema a las políticas públicas desacertadas de los últimos años que favorecieron al monocultivo sojero en detrimento de otros cultivos. “La soja consume aproximadamente 600 mm de agua en todo su ciclo, por lo tanto, mucho menos de lo que ​llueve durante todo el año en la mayoría de los lugares que se siembra”.

“Los productores lo venimos advirtiendo desde hace mucho tiempo. Por ejemplo, hemos pedido que se destraben las intervenciones que impiden que sembremos trigo, para poder consumir más agua y tener suelos más productivos”. Además de ser el trigo un cultivo básico para la alimentación.

Y otro factor desencadenante de inundaciones que destaca Giraudo son los ciclos climáticos que se repiten a lo largo de los años, acentuados últimamente por los efectos del cambio climático. “Lamentablemente esta adversidad que presenta la naturaleza se profundiza por la falta de obras hidráulicas apropiadas (realizadas con planificación anticipada y/o haciendo mantenimiento)”.

 

¿Qué es la Siembra Directa?

La Siembra Directa es la práctica de cultivar la tierra sin ararla previamente y con la presencia de una cobertura permanente del suelo, vía cultivos y rastrojos de cultivos anteriores.

​“Es una herramienta que cambió miles de años de historia de cómo hacer agricultura”, destaca Giraudo. Y detalla de qué manera la siembra directa cambió el paradigma de la agricultura. Antes se hacían labores con maquinaria que año tras año deterioraban los suelos y cuando llovía, los impermeabilizaba. Con la Siembra Directa se deja al suelo cubierto con residuos de los cultivos, luego pasa una sembradora que hace dos líneas: una línea que permite dejar a la semilla en contacto con el suelo y otra lateral para dejar los nutrientes que necesita ese cultivo. Esta “cobertura” protege al suelo de la lluvia, de los vientos, de temperaturas extremas, etc. Estos residuos alimentan el suelo a medida que son descompuestos por los microrganismos. Se copia a la dinámica de la naturaleza”, resume la presidente de Aapresid.

Los beneficios:

  • ​Con la cobertura que protege el suelo se amortigua la caída de agua de lluvia, se puede absorber más, almacenar en el suelo y cederla a los cultivos cuando la necesitan. Así el suelo se hace más permeable. Al no alterarlo con las labranzas, se mantienen los canales y poros que hacen las raíces y microvida en el suelo. Así se favorece no solo la absorción, almacenaje y movimiento de agua sino también de aire. Esto promueve que los microorganismos vayan descomponiendo los restos de cultivo (rastrojos) y raíces que mejoran la fertilidad del suelo. ​
  • La Siembra Directa acompañada de un conjunto de Buenas Prácticas Agrícolas, permite producir sin degradar el suelo, mejorando sus condiciones físicas, químicas y biológicas. Además logra hacer un uso más eficiente del agua. Así, la Siembra Directa logra niveles productivos altos en armonía con el ambiente.
  • ​La Siembra Directa lidera un paquete tecnológico que conforman las Buenas Prácticas Agrícolas​ (no remoción y cobertura de suelos, rotación y/o alternancia de cultivos, reposición de nutrientes, manejo integrado de plagas, malezas y enfermedades, uso responsable de fitosanitarios) que, mantenidos juntos en el tiempo garantizan la producción de alimentos y energías, cuidando el suelo, el agua, el aire y la salud humana promoviendo la biodiversidad.
  • ​También la agricultura en Siembra Directa es una herramienta fundamental para combatir el calentamiento global (responsable del cambio climático) porque reduce las emisiones de gases nocivos para la atmósfera​ ​por menor uso de maquinaria (o sea de combustible de origen fósil).​

 

Fuente: Aapresid

Los exportadores se retiran del mercado local de maíz

Rendimiento agrícola en el norte cordobés: cifra récord aunque menos rentabilidad

El Ing. Agr. Carlos Arnold, asesor técnico de la Sociedad Rural de Jesús María, habló en una entrevista sobre la fuerte caída de los granos y la necesidad de diversificar la producción, entre otras temáticas abordadas.

Carlos, ¿cómo fue la cosecha de soja en el norte provincial durante esta última campaña?

– La cosecha fue récord. Lejos, la mejor cosecha de los últimos años. Desde el año 2000 que no teníamos estos rindes tan parejos y un promedio tan alto. El promedio en la zona estuvo entre los 40 y 44 quintales y el pico de rendimiento fue de 50. Sin embargo, el ingreso por hectárea fue menor que el año pasado. Hace un año, se llegó a vender el quintal de soja a $2.500; hoy se está vendiendo a $1.500, $1.450 dependiendo el valor del flete. Es mucho menor el ingreso por hectárea.

¿A qué pensás que se debe esta reducción de ingresos por hectárea?

– El problema es la caída de los precios internacionales. Al existir sobreoferta, no va a haber mejoras en el corto y mediano plazo. Sí puede haber una mejora temporal entre noviembre y diciembre. En esos meses, las aceiteras y demás compradores suelen quedarse sin stock y pagan un poco más. Ahí puede haber un suba de 5 a 10 dólares por hectárea.

¿Al productor le conviene guardar su cosecha hasta noviembre entonces?

– Pasa que no es mucha la diferencia; depende de cada situación. Hay gente que no puede especular porque no tiene la posibilidad directamente. Además, el costo financiero es prácticamente el mismo. Por eso, lo importante es tener una canasta de productos.

– ¿A qué te referís con tener una canasta de productos?

– El productor debería abarcar varios productos, no solamente soja y maíz. Tener algo de vacas, cerdos, garbanzo, trigo. Si tenés varios productos, podés ir eligiendo qué vender.

– ¿Sugerís ir combinando lo agrícola con alguna actividad ganadera?

– Totalmente. La relación granos/carne es excelente. De hecho, la transformación del maíz en carne vacuna está siendo histórica. Al productor le conviene, porque le permite tener un flujo financiero más parejo. El que solamente hace agricultura tiene un ingreso anualizado y lo tiene que distribuir durante todo el año. En cambio, si combina con ganadería, puede ir comprando, vendiendo y engordando durante todo el año. Eso le posibilitará hacer ventas periódicas y manejar mejor su capital financiero.

– Volviendo a la soja, ¿pensás que la cosecha récord se debió a una mayor superficie sembrada o a que hubo un uso más eficiente de los insumos tecnológicos?

– Yo creo que es una sumatoria de cuestiones agroclimáticas, más todo lo que se viene haciendo en términos de genética y manejo de lotes. Ha sido un año climático excelente ya que hubo mucho mejor radiación en la zona. Durante el anteaño, hubieron muchos días nublados y al no haber demasiada radiación, se produjo una merma de rinde. Este año, en cambio, las condiciones climáticas fueron óptimas.

– Esta sumatoria de factores climáticos, ¿también benefició a la cosecha de maíz en la zona?

– Al maíz se lo empezó a cosechar a mediados de junio. Las expectativas de rinde son mejores que las del año pasado por este tema de la radiación. El anteaño, al contrario, llovió muy seguido y por eso los rindes fueron menores. El exceso de agua no es bueno para el maíz.

– Y en términos de rentabilidad, ¿cómo viene el maíz?

– Aunque los rindes son bastante buenos, el maíz va a pérdida seguro por el bajo precio que tiene hoy por hoy. O sea, está totalmente deprimido por los valores internacionales. Los productores van a perder plata o van a salir hechos en el mejor de los casos. Lamentablemente es así, por más que los rindes sean altos.

– ¿A qué te referís con esto?

– Que en la actualidad el maíz no vale nada. Para que te des una idea: producir hoy una tonelada de maíz te cuesta $3.600 y llevarla al puerto, $3.500. O sea, todo lo que vos invertís para producir, lo terminás perdiendo en flete. Por tonelada, el productor pierde $400 en transporte y sólo le queda $450, $500 de ganancia. No es nada.

– Con respecto al trigo, ¿ya empezó a sembrarse en la zona?

– Sí, ya empezó. Sin embargo, no es mucho lo que se sembró. Se frenó por la falta de lluvias en el mes de mayo. Si hubiese habido más precipitaciones, los productores estarían más estimulados al asegurarse buenos nacimientos.

 

El garbanzo como cultivo alternativo

– Carlos, ¿qué otro cultivo de invierno se sembró en la zona además del trigo?

– Se ha sembrado bastante garbanzo y hay buenas expectativas. Hoy por hoy, es el único producto que te permite tener un margen de ganancias, siempre y cuando te salga todo bien. El garbanzo tiene algunas complicaciones en la cosecha.

– ¿Cuáles son las complicaciones que presenta esta legumbre?

– El garbanzo se vende por calidad, no por cantidad. Puede pasarte que tengás todo listo y justo te llueva en los días en que estás por cosechar. Se pudre y pierde calidad. Más allá de eso, hoy hay muy buenas expectativas puesto que India tuvo una mala cosecha y sale a comprar nuestro garbanzo. En ese sentido, la demanda está firme.

– ¿Son muchos los productores de garbanzo en la región?

– Sí, son muchos. Por más que haya gente que le fue mal por cuestiones climáticas, hay garbanceros que hace años vienen haciendo un 20, 30% de superficie de invierno.

Fuente: Sociedad Rural de Jesús María

FADA junio

La participación del Estado en la renta agrícola en junio fue del 93,5%

FADA publicó la última medición del Índice FADA de participación del Estado en la renta agrícola, afirma que el Estado se lleva $93,50 de cada $100 de renta que genera el campo.

El peso de los diferentes impuestos e intervenciones estatales sobre el campo argentino continúa creciendo. La participación del Estado en la renta agrícola ha saltado de un promedio del 74% – 75%, durante el periodo 2009- 2013, al actual 93,5%. El motivo de este salto no ha sido el incremento de los impuestos, sino la permanencia de tributos como los derechos de exportación, provenientes de un contexto con un tipo de cambio real alto y buenos precios de los commodities agrícolas. La situación actual es muy distinta: atraso cambiario, inflación y caída de los precios internacionales.

Si se toma como ejemplo la soja, se puede ver que hoy vale el 55% de lo que valía en septiembre de 2012, es decir, casi la mitad que hace 3 años. Esto provoca que la renta que genera una hectárea se reduzca y la participación del Estado crezca, ya que el derecho de exportación, el tributo más importante, actúa sobre el valor bruto, es decir, no tiene en cuenta los costos para producir, comercializar, transportar y administrar la producción.

Gráfico 1

Que el Estado se apropie del 93,5% de la renta agrícola significa que la sumatoria de los tributos (provinciales y nacionales) y los costos de intervención, representan $93,50 de cada $100 que genera una hectárea promedio. La renta es lo que vale la producción menos los costos, es decir, el resultado que se obtiene al restar los costos al valor a precios internacionales de la producción de esta hectárea.

La producción y costos de esta hectárea se calculan utilizando los rindes, costos y distancias al puerto promedio a nivel nacional para los cultivos de soja, maíz, trigo y girasol y ponderando los por la participación de estos cultivos en el área sembrada nacional.

Así, se obtiene la renta, la que se distribuye en el resultado de la producción, la renta de la tierra y la participación del Estado.

Gráfico 2

Los costos de intervención, principal consecuencia de las restricciones a la exportación aplicadas por el gobierno Nacional (ROE), generan importantes efectos negativos en los mercados de trigo y maíz. Hoy el maíz se vende al 78% de su precio teórico en el mercado interno (efecto ROE) y al 62% de su precio internacional (efecto ROE más efecto derechos de exportación). Mientras que el trigo se vende al 63% de su precio teórico dentro de Argentina y al 48% de su precio internacional. Es por ello que muchas veces los productores dicen que tienen una “retención” efectiva de 48% en maíz y 52% en trigo.

Este tema de precio se traduce en un problema de rentabilidad y en incentivos negativos a cultivar maíz y trigo. El problema radica en la necesidad de sembrar estos cultivos por el bienestar de los suelos. Por un lado, el maíz y el trigo aportan materia orgánica a la tierra, mientras que cultivos como la soja la extraen. Por otro lado, la rotación es buena para controlar las malezas, si se cultivan las mismas especies muy seguido aparecen malezas resistentes y se deben utilizar más agroquímicos y más fuertes para matarlas. Por lo que el problema de precio y rentabilidad se convierte en un desafío para la sustentabilidad de la producción agrícola. Hoy se siembran 5 hectáreas de soja por cada una de maíz, cuando la relación debería estar lo más cerca de 1 posible; y se están cultivando la mitad de las hectáreas de trigo que en 2002 – 2003.

Que el índice FADA mida la participación del Estado en el 93,5% expone un problema de rentabilidad muy grande y explica el descontento de los productores rurales en todo el país. La campaña que viene se van a cultivar menos hectáreas, más soja, menos maíz, menos trigo, con menos tecnología y menos fertilización. Y la problemática se potencia en las economías regionales.

El país necesita un cambio urgente de políticas públicas para revertir esta situación, mejorar la sustentabilidad, producir más, exportar más y generar más empleo. Es necesario que los políticos que toman las decisiones comprendan que el tema excede al bolsillo del productor agropecuario, que afecta al suelo que le dejamos a nuestros hijos, que afecta de manera directa a las economías del interior, que incide sobre las exportaciones y la disponibilidad de dólares y que toca de manera directa a la generación de empleo genuino.

Con las políticas correctas, se podrían generar medio millón de puestos de trabajo en todo el país.

 

Fuente: Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA)

Silo bolsa2

Las buenas prácticas en los silobolsas

Ricardo Bartosik, técnico del INTA, describe los problemas más comunes que encuentra el productor y da consejos para garantizar el éxito. 

En los últimos años, la utilización de los silobolsas como medio de almacenamiento de granos trajo una solución a la producción agrícola. Desde su irrupción a mediados de la década del ’90, se convirtieron en una alternativa frente a la crisis que produjo la quiebra de acopios y una opción económica al alcance del productor.

Ricardo Bartosik, técnico del INTA Balcarce, brindó una exhaustiva charla en el Consejo de los Profesionales del Agro, Agroalimentos y Agroindustria (Cpia), donde dio fundamentos del almacenamiento en silobolsa, además de las buenas prácticas que garanticen el éxito.

“Las principales características del silobolsa que favorecen la conservación de los granos son la capacidad de intercambiar calor con el ambiente, lo cual evita el autocalentamiento de la bolsa y la hermeticidad. Cuando se logra mantener una hermeticidad suficiente se modifica la atmósfera intergranaria hasta tal punto que se minimiza la actividad biológica (actividad de hongos, insectos y la propia semilla), mejorando la conservación”, concluye Bartosik, en base a ensayos realizados sobre el almacenamiento en silobolsa de trigo, maíz, soja, girasol, colza, cebada, arroz, maíz pisingallo y porotos, entre otros.

El silobolsa es un sistema de almacenamiento que tiene como particularidad el hermetismo. Posee una medida estándar de 60 metros de largo y 2,47 metros de diámetro, su capa plástica es de 230 micrones, constituido en una triple capa y cuenta con la capacidad de contener unas 200 toneladas de maíz, trigo o soja. En los últimos 8 años, se estima que se han almacenado de 35 a 40 millones de toneladas de granos por año.

Vale desmenuzar los distintos actores que intervienen en el proceso. “Grano, insectos, hongos y otros microorganismos respiran, consumiendo componentes del grano y O2 del medio ambiente, y liberando al medio ambiente intersticial CO2, agua y calor”, detalla Bartosik.

La concentración de oxígeno y dióxido de carbono es el resultado de la respiración y de la tasa de intercambio de gas con el exterior. “En grano seco suele darse una concentración de O2 de entre 10 y 18%, mientras que la de CO2 es de 3 a 10%. En grano húmedo disminuye de 2 a 5% en O2 y el CO2 aumenta de 15 a 25%”, cuenta. “Para obtener beneficios se necesita menos de 4% de O2 para limitar la actividad macrobiológica, o más del 20% de CO2, esto último relacionado a limitar los insectos. Esto dependerá del nivel de hermeticidad (perforaciones, mal sellado), la humedad del grano (cuanto más húmedo, más rápido alcanza ese nivel), la temperatura del grano, y de acuerdo en donde estemos ubicados”, agrega.

A partir de estas consideraciones, Bartosik establece plazos donde pueda mantenerse a salvo la cosecha: “En el grano seco, con una humedad relativa de equilibrio debajo del 65%, no hay efectos negativos en la calidad durante 6 meses si la bolsa se mantiene en buenas condiciones. En el caso del grano húmedo, si hubo clima frío hay de uno a tres meses de almacenamiento seguro, porque limita la actividad microbiana. En los meses de mayo, junio y julio va a haber 12 grados de temperatura y no habrá problema porque está en una heladera”, afirma. Y agrega: “Cuando las temperaturas empiezan a levantar en primavera, ahí tengo que ir pensando en desarmar la bolsa. En clima cálido no tengo chances, apenas un mes de almacenamiento seguro o incluso menos”.

¿Cuál es el límite para que no se eche a perder? “Cuando la temperatura de grano supera los 18/20 grados es una situación que se complica mucho porque es el límite de desarrollo de insectos. Empiezan a estar activos y, además, los hongos entran en el rango óptimo de desarrollo”, explica.

Bartosik enumera algunas consideraciones a tener en cuenta antes y durante el embolsado. Sobre el terreno afirma que “tiene que ser alto, nivelado, con cerco perimetral y una ligera pendiente para evitar anegamientos y riesgo de roturas”. Además, recomienda mantenerlo lejos de las malezas y rastrojos, de las cortinas de árboles y ser preventivo con los roedores y animales peludos.

El sellado es determinante. “Uno de los problemas comunes, además de las bolsas anegadas o rotas por malezas o animales, suelen ser los cierres deficientes. Tiene que estar herméticamente cerrada y para eso es que tiene que estar bien sellada”, comenta el técnico del INTA. Un mal cierre de la bolsa o una rotura pueden causar la estratificación de humedad y en consecuencia el deterioro del contenido.

Advierte que tampoco debe abusarse de su uso: “Debe haber una correcta disposición de las bolsas. Hay que ponerlas siempre de a dos y evitar grandes grupos”.

 

Autor: Agustín Monguillot

Fuente: Infocampo

Trabajo agropecuario (2)

Afirman que el campo podría generar 500.000 nuevos puestos de trabajo en 4 años

En el campo dicen que tienen que darle una buena noticia al resto de la sociedad. Creen que en cuatro años podrían generar no menos de 500.000 puestos de trabajo directos e indirectos en granos, carne, lácteos y economías regionales. Sostienen que para llegar a esa cifra deberían dejarlo hacer lo que mejor sabe: producir.

Ésa es la principal conclusión de un trabajo elaborado por economistas de la Fundación Argentina para el Desarrollo Agropecuario (FADA) que se presentó ayer en la Cámara de Diputados en un encuentro organizado por la Fundación Barbechando, entidad dedicada a vincular productores con legisladores.

Según el informe, esa cantidad de nuevos puestos de trabajo podría abrirse si se eliminaran o redujeran los derechos de exportación a los cultivos, se terminara con el control de las exportaciones vía ROE y se reintegrara el IVA, entre otras medidas.

“El 35,6% de los trabajadores está ocupado en las cadenas agroindustriales”, dijo Ernesto O’Connor, economista de FADA. Esto incluye tanto a los que cosechan frutas en la Patagonia, por ejemplo, como a los que fabrican sembradoras en La Pampa gringa, pasando por los camioneros que transportan ganado o los que envasan bebidas. “En forma directa e indirecta hay 2,7 millones de trabajadores que pertenecen a la agroindustria”, estimó el economista.

O’Connor se lamentó de que en los últimos años creciera sólo el empleo público. Sostuvo que en 2006 había 2,5 millones de personas que trabajaban para el Estado, pero que ese número se elevó a 3,7 millones de personas ocho años después. “No digo que sea malo el empleo público, pero no genera bienes y servicios de calidad, cuando el sector privado no genera empleo se desaprovechan las capacidades del país”, dijo, y añadió: “Al próximo gobierno le van a faltar pesos [porque tiene que bajar la inflación] y dólares, necesitará reactivar las inversiones y la economía”.

Respecto de los cuestionamientos sobre el impacto fiscal que tendría una baja o eliminación de los derechos de exportación, David Miazzo, economista de FADA, dijo que sería compensado por un incremento de la producción de maíz y trigo. Eso, a su vez, aportarían mayor recaudación por Ganancias. Respecto del impacto en los precios de los alimentos derivados de esos cereales, estimó que podrían incrementarse apenas entre 3,28 y 8,83% (carnes) y 5% (pan). “Es poco si se lo compara con el crecimiento de la inflación en los últimos tiempos”, sostuvo.

La presentación del trabajo se hizo frente a una decena de diputados de la UCR, Pro, el Frente Renovador y FE. Entre otros estaban Juan Casañas, Patricia Bullrich, Gilberto Alegre, Christian Gribaudo, Carlos Brown, Cornelia Schmidt Liermann, Myriam Juárez y Federico Pinedo. El único legislador del Frente para la Victoria que estuvo presente, aunque se retiró antes del debate, fue Luis Basterra, presidente de la Comisión de Agricultura de Diputados.

Asistieron también los presidentes de CRA, Rubén Ferrero; de Carbap, Horacio Salaverri; de Acsoja, Rodolfo Rossi, y Asagir, Luis Arias; el vicepresidente de Aapresid, Pedro Vigneau, y directivos de Aacrea y de la Sociedad Rural Argentina, entre otros. También participó el secretario general de la Uatre, Gerónimo Venegas.

Los legisladores firmaron una declaración en la que se comprometieron a trabajar para fomentar políticas públicas que alienten la producción agropecuaria. “El próximo gobierno tendrá que llegar a un consenso con el Congreso”, opinó Gribaudo.

Tras la presentación, los diputados advirtieron que además de impulsar la creación de puestos de trabajo en la agroindustria se debería terminar con la informalidad en el sector.

“Hay 25.000 tareferos [trabajadores de la yerba mate], pero sólo están en blanco 5000”, dijo Schmidt Liermann.

En tanto, Juárez denunció que el Gobierno no acepta la compatibilidad entre el cobro de un plan social y la ocupación en un empleo temporal como los que se ofrecen en las tareas de cosecha. “Hace diez años que lo pedimos, pero la gente, por miedo a perder el plan porque teme no reingresar al sistema, prefiere no trabajar”, dijo la legisladora catamarqueña.

Venegas, por su parte, añadió que el Estado, luego de intervenir el Renatre, no combate el empleo en negro. “Usa la plata para pagarles sueldos a los de La Cámpora”, se quejó el líder de Uatre.

 

Impacto en el crecimiento

  • En el trabajo de FADA se estima que el aumento de los puestos de trabajo en el agro podría darse un tercio en granos, un tercio en carnes y otro tercio en las economías regionales.
  • Por la caída de la producción, los economistas de FADA calcularon que se perdieron 300.000 puestos de trabajo en los últimos cuatro años.
  • Con la eliminación de las trabas, creen que podría aumentar 40% la producción de leche y crecer 12% el stock ganadero.

 

Autor: Cristian Mira

Soja venta

La soja y el maíz se negociaron en alza en la Bolsa de Chicago

Las subas rondaron los 2 dólares; en Rosario la oleaginosa se cotizó a 1900 pesos.

La especulación en torno del clima húmedo en el medio oeste de los Estados Unidos, zona núcleo para la producción de granos gruesos, posibilitó ayer el repunte parcial de los precios de la soja y del maíz en la Bolsa de Chicago. En el nivel local, la oleaginosa se mantuvo estable en los niveles del viernes pasado, en tanto que el cereal se cotizó en baja.

Al cierre de las operaciones en el mercado estadounidense, las pizarras mostraron subas de U$S 2,38 y de 2,18 sobre los contratos julio y noviembre de la soja, cuyos ajustes resultaron de 346,95 y de 338 dólares por tonelada. A las lluvias caídas durante el fin de semana en buena parte de las zonas productoras, se sumó un nuevo pronóstico que anticipa precipitaciones por encima de los registros usuales para los próximos 8 a 14 días.

Con estos datos como argumento, los fondos de inversión especuladores adquirieron unos 5000 contratos de soja, equivalentes a 680.000 toneladas.

Tras el cierre del mercado, el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA, por sus siglas en inglés) relevó ayer la siembra de soja 2015/2016 sobre el 79% del área prevista, por debajo del 86% de 2014 para la misma fecha y del 81% promedio de las últimas cuatro campañas. Además, el organismo ponderó el 69% de los cultivos en estado bueno/excelente, contra el 74% de igual momento del año pasado.

En el nivel local, las fábricas volvieron a proponer $1900 por tonelada de soja con entrega inmediata para las terminales ubicadas en el Gran Rosario, sin cambios respecto del viernes pasado. Por volúmenes más limitados que los adquiridos por las fábricas, los exportadores llegaron a pagar hasta $1920 para la terminal de Arroyo Seco, en tanto que en operaciones para entregas diferidas hacia agosto los compradores llegaron a convalidar $1930 por tonelada.

Las posiciones julio y noviembre de la soja en el Mercado a Término de Buenos Aires (Matba), sumaron U$S 1 y 0,80, mientras que sus ajustes resultaron de 218,30 y de 228,30 dólares por tonelada.

Respecto del maíz, en Chicago los contratos julio y septiembre subieron U$S 1,87 y 2,06, en tanto que sus ajustes fueron de 143,79 y 146,74 dólares por tonelada. Los especuladores adquirieron ayer unos 6000 contratos, equivalentes a poco más de 760.000 toneladas.

El USDA relevó el 74% del maíz estadounidense en estado bueno/excelente, sin cambios respecto de la semana pasada, pero por debajo del 75% vigente un año atrás.

En el mercado doméstico, los exportadores ofrecieron $960 por tonelada para la zona de Rosario, por debajo de los $1000 pagados durante la rueda del viernes pasado. Cabe señalar que en el último tramo de aquella rueda ya los compradores habían reducido sus propuestas a un rango de 950 a 980 pesos.

Las posiciones julio y septiembre del maíz en el Matba bajaron U$S 0,50 y 0,30, mientras que sus ajustes fueron de 106 y de 108,70 dólares.

Acerca del trigo, en la zona de Rosario la exportación volvió a pagar $1240 por trigo de calidad y entre 970 y 990 pesos por cereal condición cámara, sin cambios.

 

Autor:  Dante Rofi