Sumando enemigos

En este espacio acostumbramos a reflexionar básicamente sobre las fortalezas y las debilidades de nuestros sistemas productivos agropecuarios. Nos extendemos en críticas a las autoridades que nos supimos conseguir, identificando los principales problemas que enfrenta el sector para crecer y desarrollarse.

Ahora le toca el turno a las malezas resistentes.

Ya vivimos a lo largo de los últimos 20 años situaciones similares adonde el mensaje que llegaba a los oídos de los productores parecía extraído del propio Apoca-lipsis. Oídos acostumbrados a escuchar mensajes que pronostican la debacle de los sistemas productivos primarios. Desertificación, agotamiento de las fuentes de agua potable, necesidad de agregar valor para no desa- parecer, fin del mal llamado modelo de agricultura industrial, crisis de precios internacionales y tantas otras catástrofes que jamás se convirtieron en realidad.

También fue necesario enfrentar la reacción con que la naturaleza respondió a los cambios que los hombres generamos en el ambiente, a consecuencia de las actividades productivas que realizamos con el fin de producir alimentos. Así llegaron la mosca de los cuernos, la roya de la soja, los insectos cada día más resistentes a insecticidas y las malezas resistentes, entre otras tantas plagas que afectan y afectarán en el futuro a nuestros sistemas.

Tampoco estas plagas han impedido al hombre en general y a los productores agropecuarios criollos en particular, continuar con el mejoramiento y expansión de sus sistemas. La altísima profesionalización de agricultores y ganaderos argentinos ha permitido sortear cada uno de los obstáculos a los que la naturaleza nos enfrenta, y eso es motivo para el orgullo de nuestra gente, mucho más reconocido en el extranjero que en nuestro propio país.

Los mensajes catastróficos venden más que las buenas noticias, eso lo sabemos todos. La gente vive asustada por eventos que jamás sucederán. Cada uno de nuestros lectores habrá tenido que explicar infinidad de veces que su campo no es un desierto ni lo será porque allí se siembre soja, que sus hijos no tienen antenas verdes por el uso de agroquímicos y que todavía hay cientos de miles de pájaros que nos despiertan cada mañana, a pesar de que en ese mismo lugar pasan a diario tractores, pulverizadoras y cosechadoras.

La gente que trabaja, la que hace las cosas, la que se ensucia las manos, sabe que frente a un nuevo problema habrá que encontrar una nueva solución. Estudio, investigación, instinto y mucha dedicación son las herramientas con que se resolverá el problema de las malezas resistentes. Miles de técnicos y agricultores trabajan en este momento para que eso pase.

Ni siquiera los malos políticos y las malas políticas podrán detener el inexorable desarrollo de los sectores productivos nacionales, y a ellos también la gente les encontrará una solución, aunque nos lleve más tiempo.

Todos esperamos ansiosos el fin de la era K, el fin de la década de la mentira. Esperamos nuevos tiempos adonde el que trabaja, invierte y arriesga reciba los premios. Una nueva era en donde los impuestos no sean confiscatorios, en donde hablar de lucro no sea un pecado y recibir una retribución razonable en función del riesgo asumido sea normal y bien visto por el resto de la población.

Entusiasma pensar que a esa nueva era los productores la esperan con la mejor genética del mundo en nuestros animales y cultivos, con la mejor maquinaria disponible y una capacidad técnica superlativa, capaz de resolver todos los problemas sin despeinarse.

Las malezas resistentes requieren de todos los productores una atención especial, no es sólo un problema de los agricultores, no es un problema que se resuelva con una receta mágica. Habrá que trabajar mucho y bien para que sus efectos no sean lo suficientemente negativos como para convertirse en una catástrofe. Su presencia ya está modificando las expectativas para la próxima campaña, modificando incluso el precio de los arrendamientos y los planes de rotación. Han llegado para quedarse y hacer que los productores sigamos sumando enemigos.

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