Solo soja, el modelo K lo hizo

Por mucho que lo intentemos nos fue imposible encontrar un período con resultados  peores a lo largo de la historia contemporánea argentina. Prácticamente ya no quedan cultivos rentables, así de simple.

Después de una década escuchando hablar sobre los males que acarrea a la economía argentina un modelo “sojadependiente”, las políticas K convirtieron a los productores agropecuarios criollos en exactamente eso, agricultores sojadependientes.

La gran velocidad con la cual la siembra directa se instaló en nuestros campos, llegó de la mano de una significativa toma de conciencia por parte de los agricultores respecto de la importancia que las rotaciones tienen en este tipo de sistema productivo. Una gran oferta de todo tipo de capacitaciones completó la herramienta siembra directa y transformó a un gran porcentaje de productores en expertos en rotaciones. Maíz y trigo encabezaron la lista de las preferencias y el desarrollo tecnológico de esos cultivos acompañó el cambio. Nuevas variedades e híbridos, sistemas de fertilización y siembra inteligentes, cosecha con monitores de rendimiento, entre otras modernas herramientas, fueron adoptándose rápidamente, a la vez que los rendimientos por hectárea crecían y hacían más interesantes los resultados de esos cultivos. Pero nada dura para siempre.

Fueron justamente los mismos personajes que en plena crisis de la Resolución 125 nos decían desde los palcos que sólo sembrar soja era nefasto para el país, los que impulsaron las actuales políticas que literalmente sacan de escena al maíz y al trigo. Los mismos técnicos que gastan fortunas en proyectos destinados a la “agregación de valor” e intentan enseñarnos lo que ya sabemos hace años, los que han permitido que esos cultivos dejen de ser rentables y el área que se dedica a los mismos disminuya a niveles no vistos desde hace 100 años en la Argentina –como es el caso del trigo–.

Sus innegables barreras ideológicas les impiden encontrar soluciones simples y rápidas al problema de la falta de rentabilidad actual de los cereales. Es imposible que sus estrechas mentes acepten la posibilidad de eliminar las retenciones y liberar las exportaciones como respuesta a la brutal caída de los precios internacionales. ¡Imposible!

Ya lo demostraron con las políticas aplicadas a la carne y a la leche: 138 frigoríficos desaparecieron y algo más de 15.000 trabajadores quedaron en la calle –véase nota página 20–, sin que los responsables hagan nada.

Néstor Kirchner prohibió las exportaciones de carne cuando era presidente y no hay un solo funcionario en ejercicio en la actualidad que se atreva a desafiar al difunto. Prefieren inmolarse antes que hacerlo, aunque en el camino se lleven con ellos a una de las actividades por la cual somos reconocidos en el mundo entero. Ni vale la pena decir que 7.000 tambos menos en 10 años son el resultado también nefasto de tanta ceguera ideológica. Defender la “mesa de los argentinos” es otra de las farsas que creó el modelo nacional & popular para conformar a un electorado que hoy debe pagar los precios que la escasez genera, muy a pesar de lo que los “precios cuidados” intentan ocultar.

Quedan dos campañas agrícolas por delante en las cuales sembraremos bajo las normativas K, es decir dos campañas en donde para una gran parte del país sólo será rentable el cultivo de soja y con eso habrá que arreglarse.

Ya nadie pone a las amortizaciones en sus cuadros de resultados, es decir el sector se encuentra en franco proceso de descapitalización. No hace falta ser ministro de Economía para darse cuenta de cómo la están pasando los fabricantes de maquinaria agrícola, tratando de vender máquinas en un mercado que apenas sobrevive y no tiene posibilidad de modernizar sus equipos de trabajo. Para colmo de males, las políticas K tampoco se olvidaron del crédito y lo dejaron en un nivel de tasas sólo apto para quien cosecha oro o petróleo.

Con estas cartas en la mano los productores agropecuarios argentinos planificamos una nueva campaña, al cinto ya no le quedan agujeros y casi nada para recortar cuando de costos se habla. Para quienes arriendan tierra no quedará otra alternativa que revisar los contratos por enésima vez, habrá que aplicar mucha creatividad para permanecer en el oficio de sembrar, conservando el capital de trabajo a la espera de mejores tiempos.

Como apreciará el lector habitual de esta columna, ya no proponemos protestas ni cortes de ruta, da la impresión de que los representantes del sector han entrado en un adormecimiento letal para sus representados. El Gobierno nos esquilma con impuestos exagerados, injustos e ilegales, no respeta ni sus propias resoluciones negándose sistemáticamente a devolver el IVA retenido y nos “ningunea”, como reza el lenguaje popular, sin que nuestros representantes reaccionen más allá de un discursito estéril apenas subido de tono, dicho en ámbitos a donde nos hablamos a nosotros mismos. ¿Hasta cuándo esperaremos, cuántos más quedarán en el camino antes de que los dirigentes que nos supimos conseguir se decidan a hacer algo más que quejarse por televisión?

Para este año, lamentablemente, el pronóstico sigue siendo malo en la medida en que sólo la soja tiene margen bruto positivo, y el modelo K lo hizo.

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