Producir conservando (la calma)

Nada resulta más difícil en la vida que intentar reflexionar en medio de la tormenta. La figura metafórica del barco en medio de la tempestad resulta extraña a los productores cordobeses, mediterráneos y de tierra adentro, pero por repetida tantas veces ya resulta familiar.

Nadie imagina al capitán de un pequeño velero sentado, pensando tranquilo, como resolver el problema cuando el viento hace escorar su barco y sacude sus velas. Tampoco resulta fácil tomarse un tiempo para la reflexión cuando hay que mover las manos, porque la humedad de siembra no dura para siempre o la alfalfa ya está en 10% de floración y hay que cortar. El mismo día hay que ir a la agroquímica a buscar productos, al banco a pagar -siempre pagar- al estudio contable para analizar las finanzas y a la estación de servicio a buscar el gasoil.

Resulta más difícil aún volcar una bolsa de semilla de soja en la sembradora, sin recordar lo que dicen los diarios o se escucha en la radio: “sembrar soja no es negocio este año”, uno respira profundo y pone el inoculante…

Todo parece conspirar contra cualquier actividad productiva primaria en este momento. Ninguna planilla de costos cierra con un margen de rentabilidad que tranquilice. Los viejos paradigmas que nos enseñaban a diversificar cultivos para disminuir los riesgos hoy parecen historia antigua; casi nada es más rentable que sembrar soja, si la actividad principal es la agricultura.

Con el maíz barato nadie debería vender hacienda mal terminada, y todos deberían pensar en suplementar como mínimo en una parte del proceso de terminación. Pero el maíz barato no es todo. Falta hacienda; la poca oferta que hay es a valores que dejarán una parte importante de los kilos ganados para compensar las diferencias de precio entre la compra y la venta, a lo cual hay que sumar que la disponibilidad de capital para hacer esas inversiones -maíz y hacienda- es muy baja y la financiación muy cara.

Los simplificadores del negocio, esos que dicen: “con este precio del maíz hay que estar loco para no engordar”, no incluyen en el razonamiento los otros cien factores que tiene la ecuación de rentabilidad del negocio de producir carne.

Ninguna actividad productiva puede evolucionar tan rápido como los acontecimientos mandan. Algunos productores están preparados y pueden hacerlo, pero la gran mayoría no lo consigue. Frente a esta realidad es necesario volver a la lista de tareas pendientes y revisarlas una vez más.

Lo importante debe anteponerse a lo urgente, ninguna decisión debe excluir en su análisis las consecuencias que impactarán en el mediano plazo. No sirve “inventar” caminos nuevos en medio de la tormenta, mejor transitar los conocidos y hacerlo de la mejor manera posible. ¡Puro sentido común!

Mientras tanto la vida pasa, los gobiernos se quedan con la renta de los productores para usarla sin rendir cuentas y los dirigentes esperan mejores oportunidades para protestar. Nunca parece oportuno, ninguna acción que se tome consigue resultados positivos, entonces se regresa al comienzo de este círculo vicioso del cual solo tenemos esperanzas de salir después de las elecciones. Mientras tanto seguiremos sumando fracasos que se cuentan en menos toneladas producidas, menos gente trabajando y más deudas por pagar.

La realidad indica que gane quien gane en las próximas elecciones, nada cambiará instantáneamente y por arte de magia. Los candidatos mejor posicionados han manifestado tibiamente algunas políticas que “aplica-rían” para mejorar las condiciones actuales de los productores agropecuarios argentinos. Eso, frente a un grupo de dirigentes que parece tomarse de esas promesas como quien se aferra al mástil del velero a punto de naufragar.

Los productores deberíamos exigir a los políticos la redacción conjunta de una serie de políticas de estado  que sean la base de la planificación estratégica para el sector durante los próximos 10 años, como mínimo. Deberíamos exigir que lo firmen públicamente antes de las elecciones, de manera que cuando ya tengan los votos en la urna no puedan cambiar ni una coma. ¿Qué estamos esperando?

El período de tiempo que va entre la presente campaña y la asunción de un nuevo gobierno nos encontrará produciendo en las mismas condiciones actuales, no hay expectativas de cambio en el corto plazo. El nuevo gobierno pedirá seguramente tiempo para ejecutar los cambios, lo cual se traducirá en otra campaña consumida esperando mejores condiciones. ¡Eso no puede pasar! Hay que ponerse a trabajar ya para que, una vez extinguida la plaga K, lo que venga sean buenas épocas. Mientras tanto habrá que producir conservando (la calma).

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