Políticamente incorrecto

Nadie consigue entender la gravedad de la crisis que atraviesa nuestro sector en la actualidad. Solo algunos precandidatos a presidente comentan tímidamente que en caso de ganar las elecciones promoverán cambios como la eliminación de los permisos de exportación -ROEs- y bajas en las retenciones.

El único que le puso números por ahora es el candidato del PRO Mauricio Macri, quien prometió eliminar las retenciones al trigo y al maíz y reducir 5% por año las de la soja.

Tanto se discutió y tanto se mal trató el tema de las retenciones en estos últimos diez años, que para mucha gente es normal decir: “Si se eliminan las retenciones el Estado se desfinancia y desaparecerán automáticamente los subsidios”. No solo lo dicen maliciosamente muchos políticos K en campaña, también lo dice convencido el quiosquero de la esquina y el empleado de la mueblería de la vuelta.

Vistas las cosas así, los agricultores que consigan sobrevivir esta campaña agrícola a fuerza de rendimientos muy superiores a lo normal, enfrentarán otros cuatro años de vacas flacas. Es insostenible la producción con los precios actuales de los commodities y un nivel de retenciones exagerado -aún quitándole un 5% por año a la soja-.

Resulta indispensable hacer conocer a la población en general que en la distribución de la recaudación actual los derechos de exportación -retenciones- han dejado de tener el peso que en las épocas de la Resolución 125 justificaron prácticamente una guerra. Dichos derechos aportan apenas algo más del 7% al total de impuestos que recauda el Estado Nacional –fuente IARAF, Reporte mensual de recaudación tributaria nacional, febrero de 2014; en base MECON-.

Si bien la cifra sigue siendo importante -unos 6.650 millones de dólares por año- no resulta determinante si se la compara con la recaudación total a la hora de asignar subsidios que protejan a la población más pobre del país, y mucho menos que sea la razón para eliminar dichas políticas por completo.

Visto desde el punto de vista del estímulo a la producción, la cifra parece menos importante comparada con la caída de los volúmenes de cereales y oleaginosas que se produjo durante los últimos años. Aquí debe incluirse también a la producción ganadera, las economías regionales y las deprimidas actividades agroindustriales como la fabricación y venta de maquinaria agrícola.

La nefasta combinación de permisos de exportación, retenciones y retraso cambiario generó una enorme transferencia de recursos desde el sector productivo hacia otros sectores de la economía, un brutal freno al crecimiento y el desarrollo del interior del país y prácticamente ningún beneficio para los consumidores, los cuales, inflación mediante, se vieron privados de los supuestos cuidados de “la mesa de los argentinos” que prometían estas políticas.

Parece lógico que los candidatos oficialistas no reconozcan estas deficiencias y propongan cambios, lo que no parece razonable es que los opositores no se expresen claramente respecto a lo que piensan hacer para desarmar la trama de regulaciones e impuestos que montó el kirchnerismo, generando la acuciante crisis que afecta al campo argentino.

No alcanzan las tibias declaraciones de unos pocos, se necesitan precisiones y compromiso. Los productores agropecuarios debemos exigir a los candidatos que sean claros y digan que piensan hacer con el IVA que el Estado Nacional le debe al campo, que van a hacer con los ROEs y las retenciones, con el impuesto al cheque y con el engorroso sistema de control que armó Echegaray primero en la ONCCA y después en la AFIP. Se requiere conocer qué políticas de estímulo piensan aplicar, cómo es la visión de la cadena agroindustrial que cada uno de ellos tiene y de qué manera se trabajará para recuperar los mercados perdidos en el exterior. Actualmente Brasil, Chile y Bolivia han dejado de ser nuestros principales clientes para productos que tradicionalmente les proveíamos, como trigo, maíz, frutas y lácteos.

No hay un solo eslabón de la cadena agroindustrial que no requiera de urgentes cambios para sobrevivir apenas. Vemos a diario como los productores de fruta tiran a la calle lo que tanto sacrificio les costó, los tamberos reclaman por unos pocos centavos que les permitan esperar mejores épocas sin deshacerse de sus vacas, productores trigueros que reducen al mínimo su área de siembra y la lista sigue casi interminablemente…

Es tiempo de que los políticos argentinos se pongan los pantalones largos y hablen claro. Es tiempo de que aclaren de que lado del alambrado están y muestren sus planes de gobierno, aunque para algunos ese mensaje suene políticamente incorrecto.

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