Para hacer una tortilla…

¡Más vale tarde que nunca!

Hace varios años que a través de estas páginas venimos reclamando a la dirigencia agropecuaria una postura más firme frente a un gobierno que se tomó venganza con el sector agropecuario de la peor manera.

Hace años que venimos cuestionando la pírrica victoria que el campo obtuvo en la puja por la Resolución 125. Todo lo que vino después fue retroceder, perder terreno, perder derechos y ver cómo la actividad más dinámica de la economía argentina se transformaba en la más ruinosa.

No hay un solo sector productivo ligado a la tierra que en este momento funcione con normalidad, que tenga un mínimo de rentabilidad que le permita sobrevivir de manera razonable. ¡Ni hablar de realizar inversiones!

Los problemas acumulados son tantos que ahora resulta muy difícil llegar a la opinión pública con un mensaje que se entienda. Para quien no está involucrado en la producción resulta muy difícil entender los problemas de rentabilidad del campo, con mayor razón si en el supermercado paga el pan, la carne y la leche cada día más caro.

Si pretendemos que alguien nos escuche sin cortar rutas tenemos que aceptar que hemos errado el camino. Si durante años no te quejaste ¿cómo puede ser que de repente todo esté mal? La pregunta está correctamente formulada, la respuesta debería incluir una profunda autocrítica por lo que no se hizo en comunicación o se hizo a medias.

Los productores sabemos bien a dónde nos aprieta el zapato, tenemos claro qué políticas nos pusieron en las actuales condiciones. Sabemos bien que producir cereales a más de 300 km. de Rosario es imposible. Que producir frutas para exportar da quebranto antes de podar la primera rama. Sabemos que no se vende una sola máquina, que nadie está haciendo compras de precampaña y que muchos de los insumos que se deben de la campaña anterior deberán refinanciarse. Pero la gente común no lo sabe, no lo entiende y mayoritariamente no les interesa, y por eso no podemos culpar a nadie más que a nosotros mismos.

Ahora, con el agua a la altura del cuello hemos vuelto a las rutas y no conseguimos ni un titular en los grandes diarios del país, ni una respuesta directa, más allá de las traicioneras negociaciones entre el camporista ministro de economía de la Nación y el seudopresidente de FAA al que ya pocos productores federados responden. Negociaciones que, por qué no decirlo, figuraron en las tapas a donde las protestas estuvieron ausentes.

En las rutas volvimos a hacer discursos para nosotros mismos, le volvimos a decir a nuestra gente lo que ya sabe, en pocas palabras nos juntamos para hacer catarsis. El objetivo de generar cambios en las políticas que nos afectan una vez más no se cumplió, ni se cumplirá haciendo siempre lo mismo.

Quienes vivimos en la provincia de Córdoba sabemos claramente el poder que tiene el gremio de los conductores de ómnibus. Frente a la falta de pago de una hora extra del sector lavaderos o el atraso de un día del pago de los refrigerios, la respuesta es un masivo paro que deja a pie a cientos de miles de cordobeses. Inmedia-tamente todos hablan del tema y cientos de diligentes funcionarios intentan resolver rápidamente el conflicto, incluso utilizando dinero público cuando ha sido necesario.

Si el campo se queja, la respuesta más normal que recibe el sector es: “Los gringos son todos unos llorones” y todo sigue igual. A buen entendedor…

Lamentablemente en nuestro país hay regiones en donde no se pueden sostener las actividades productivas, para el NOA y el NEA la agricultura tradicional ya no es viable. La nueva frontera agropecuaria cordobesa, al norte de la ruta 19, es el límite a partir de donde los costos de transporte se quedan con la escasa renta que puede generar la actividad. Y esto no es exclusivo de la agricultura, el constante crecimiento de los costos internos acompañado por un tipo de cambio artificialmente bajo, dejó en los campos enormes cantidades de frutas que no pudo cosecharse, por poner solo un ejemplo.

Nadie escuchará nuestros reclamos si no siente en carne propia la importancia que tiene la producción de alimentos, nadie prestará atención si las góndolas siguen llenas y la vida de todos los días no cambia porque unos “gringos locos” se junten a repartir panfletos en los cruces de las rutas.

Los actuales funcionarios y los que potencialmente nos gobernarán a partir de diciembre seguirán mirando para otro lado, si las medidas de fuerza del sector no incomodan a los habitantes de las grandes ciudades. Así de simple. Para hacer una tortilla…

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