¡No aprenden más!

Otra vez prohibir exportaciones como única respuesta al in-cremento de los precios posdevaluación. ¡Otra vez!

La administración K se encamina a cumplir el más nefasto de los récords al ser la que mayor cantidad de trabas y prohibiciones puso a las exportaciones argentinas, justamente la única actividad que genera ingresos genuinos para el país.

Después de 10 años prohibiendo –en cinco de los cuales las tasas de inflación se volvieron incontrolables–, el equipo del joven ministro de Economía, Axel Kicillof, pésimamente asesorado por el ministro de Agricultura, Carlos Casamiquela, una vez más cerró las exportaciones de leche en polvo. Una nueva demostración de impotencia e impericia frente a un problema con final anunciado: más subas de precios por escasez de oferta a largo plazo. Pasa con la carne y pasa con la leche también, los precios bajan en el corto plazo porque sobra mercadería en el mercado interno, los productores pierden rentabilidad y comienzan a bajar los costos reduciendo la inversión y aplicando menos tecnología, cae la productividad, baja la oferta y los precios vuelven a subir. Cuatro renglones que los funcionarios son incapaces de entender. Lo peor es que este ciclo ya lo repitieron varias veces durante la década ganada, y sin embargo no lo entienden.

Más de un productor quisiera hoy expulsar del país a los profesores que les otorgaron títulos universitarios a las actuales autoridades de Economía. Y pensar que lo trataron de loco al dirigente ruralista –hoy diputado nacional por Entre Ríos– Alfredo De Angeli cuando dijo que el kilo de lomo costaría $80 –ya vale más de $100–.

El problema es que después de 10 años aplicando estas políticas hay 6.000 tamberos menos en la Argentina y el ministro de Agricultura se pone a “estudiar” las cadenas de valor, justo ahora que todo el mundo se está fundiendo. Para cuando termine sus estudios habrá otros 6.000 tamberos más sembrando soja o arrendando sus campos, entonces lo escucharemos a Capitanich decir que el problema es que todos apuestan a la soja y que los sojeros son seres avaros que sólo venden la producción cuando les conviene (sic).

Claramente los productores agropecuarios nos encontramos en serios problemas en manos de semejantes ineptos. La devaluación por sí sola no resolverá todos los problemas del campo. La producción frutihortícola presentará peores resultados cuando su mercado sea exclusivamente el interno, y los que consigan exportar mejorarán apenas sus resultados. Los productores de carne disfrutarán de un breve veranito con mejores precios, los cuales serán rápidamente absorbidos por los mayores costos de producción. Finalmente, los tamberos seguirán cada día peor, mientras la industria y el Gobierno se tiran la pelota unos a otros a la hora de fijar un precio razonable para la leche puesta en la tranquera.

Los precios internacionales en alza benefician claramente al complejo sojero, el maíz –aunque con expectativas alcistas– no ofrece una rentabilidad que invite a incrementar el área y el trigo seguirá sufriendo por la intervención estatal y el exagerado nivel de retenciones que recibe. Todos los caminos conducen a la soja.

Quienes vivimos de la actividad agropecuaria tenemos la vista gastada de tanto leer sobre lo dañino y perjudicial que resulta para la estabilidad productiva y económica del país la creciente “sojización” del mismo. Miles de notas firmadas por ambientalistas asustados y funcionarios preocupados nos enseñan a rotar nuestros cultivos, a diversificar nuestra producción y a cuidar nuestros suelos, pero nadie dice cómo cuidar NUESTRO capital, que el Estado se encarga de dilapidar con un gasto público que crece sin fin, financiándose con NUESTRO trabajo, sin compartir jamás el riesgo.

Hace ya seis años que gracias a la lucha de los productores se consiguió frenar la aplicación de la Resolución 125, que con los precios actuales ubicaría las retenciones en niveles astronómicos –soja, el 43%–. Hace seis años que a través de la intervención oficial en los mercados, la rentabilidad de los cultivos agrícolas y de las explotaciones ganaderas cae a ritmo sostenido. Hace 10 años y meses que la gestión K se dedica a destrozar la producción de productos primarios con la excusa de cuidar la mesa de los argentinos. Hace diez años que los productores intentamos que nos escuchen sin éxito. No es posible, no hay forma, ¡no aprenden más!

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