Mirando hacia otra parte

Una semana de paro rural no fue suficiente para que los problemas del campo lleguen a las tapas de los diarios y a los programas televisivos de moda. El país entero parece desconocer las graves consecuencias que la actual situación económica de los productores agropecuarios dejará tras de sí.

Ya lo habíamos dicho antes y repetido hasta el cansancio, nadie se ocupará de nuestros problemas si de una u otra manera no se convierten en sus propios problemas. Mientras los supermercados se encuentren plenamente abastecidos de alimentos nadie se preguntará de donde provienen, y mucho menos si quienes los producen están bien retribuidos o no.

No es necesario que hagamos aquí un inventario de problemas a resolver para que el sector vuelva a ser el motor de la economía argentina. No hace falta que nos consolemos mutuamente revisando qué sector está peor o cual llegará gravemente herido al fin de la era K. Tampoco se necesitan analistas de fuste que nos indiquen el camino, todos lo conocemos, todos sabemos que tecnología y eficiencia son las palabras claves. Pero también sabemos que sin buenos precios, producir enormes volúmenes no alcanza. El retraso cambiario, las retenciones e impuestos y las restricciones para exportar son los responsables de que los precios hayan atravesado niveles que solo vimos durante la convertibilidad.

La “década ganada” nos deja en la peor condición esperable y las consecuencias más graves aún no están a la vista, pero nadie parece tomarlo con la seriedad que se merece el tema.

En plena época electoral leemos y escuchamos a diario a los candidatos recitar de memoria cuatro o cinco frases dirigidas a los productores. Expresiones de deseo, exaltación de la importancia del sector y alguna que otra promesa sin ninguna clase de precisión. ¡Nada más!

Nos toca también escuchar a encumbrados miembros del actual gobierno prometiendo cosas que no hicieron durante doce años y destacando la importancia que tiene el campo en sus respectivas plataformas de gobierno, todo eso mientras los colegas de la provincia de Buenos Aires arrean las vacas para sacarlas del agua.

Que Aníbal Fernández hable de diálogo con el sector, que prometa cambios y mejoras para los productores, es peor que un insulto en la cara. Si durante una década entera nos trató de oligarcas y golpistas, qué puede haber cambiado para que de repente nos incluya en sus discursos baratos y vacíos de contenido en los que nadie, con dos dedos de frente, puede creer.

Los economistas de los distintos equipos con chances de gobernar se pasan el día entero pateando la pelota afuera y ninguno se atreve a decir lo que realmente piensa, pero sobre todo lo que la gente dedicada a producir alimentos espera escuchar.

Las cadenas nacionales tampoco aportan mucho. Los temas que allí trata la Presidente nunca incluyen al campo, salvo el anuncio preparado a los apurones antes del paro que realizó junto con la muestra gratis de ministro de Economía de la Nación, que ocupa un lugar que claramente le queda enorme. La ampliación de incentivos para pequeños y medianos productores -ver nota en la página 15-, seguramente formará parte de las cientos de políticas inútiles e inaplicables que se presentaron para la tribuna y cuyo impacto será prácticamente nulo.

Nadie habla tampoco del destino que tendrán los algo más de 50 mil millones de pesos que la AFIP mantiene retenido en concepto de IVA a los agricultores y que solo se puede recuperar haciendo amparos en el tribunal fiscal de la Nación, que por supuesto funciona en una única sede en la CABA, haciendo gala de un federalismo que nuestros próceres envidiarían.

Estamos en plena época de exposiciones rurales. Deberíamos estar hablando de las cualidades del nuevo toro campeón, de las modernas máquinas que se exhiben o de las excelentes conferencias a las que todos asisten en su afán de aprender. Nada de eso, solo se habla de problemas, de corte de la cadena de pagos, de empresas complicadas económica y financieramente y de incertidumbre.

Nadie sabe qué sembrar, las proyecciones para el cultivo de maíz de primera ya hablan de un 25% menos de área y los vendedores de semillas y agroquímicos están más preocupados por cobrar las cuentas del año pasado que por las ventas de la nueva campaña.

Los tamberos ya no saben qué hacer para sostener sus explotaciones con un precio de la leche que, lejos de recomponerse, ha bajado.

Ni hablar de los productores frutihortícolas cuyos costos no paran de crecer, habiendo llegado en algunos casos al límite de que la fruta no se haya cosechado.

El paro no fue suficiente, están todos mirando hacia otra parte.

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