Ese día

Nadie diseña una red caminera ni planifica el drenaje de una cuenca, considerando un evento climático que se puede repetir una vez cada 100 años. Eso es exactamente lo que pasó en Córdoba, a donde -en algunas localidades serranas- llovieron 300 mm en pocas horas.

Para ser sinceros tampoco se piensa demasiado en Córdoba cuando se decide hacer un nuevo camino o intervenir una cuenca. Sobran los ejemplos en los que recientemente inaugurados deben repararse una y otra vez, justamente por falta de adecuada planificación.

Hace 25 años que escribimos sobre inundaciones y sequías, sobre obras que faltan y obras mal hechas, sobre políticas que faltan o que no se aplican…

Esta vez las inundaciones han golpeado duramente a algunas localidades a donde sus habitantes jamás habían visto agua sobre sus calles. Los daños han sido terribles y la recuperación será lenta y dolorosa.

No solo los habitantes de numerosas ciudades y pueblos han sufrido en carne propia el castigo de la inundación, extensas áreas productivas han quedado bajo el agua y nunca mejor aplicado el dicho: “sobre llovido, mojado”. Tamberos, agricultores y ganaderos que apenas podían con los costos, deberán afrontar perdidas enormes.

Los políticos locales se pusieron las botas y salieron a “afrontar” la situación velozmente. Nadie, con pretensiones electorales en un plazo muy corto, faltó para la foto. ¡Nadie!

Una vez más prometieron ayuda, una vez más regalaron colchones y frazadas a la vista de los noticieros televisivos. Todo durará lo que demore el verano en transformase en otoño.

Planificación es la palabra que más veces hemos utilizado en nuestras editoriales. La usamos para autocriticarnos cuando no planificamos adecuadamente tranqueras adentro y la seguiremos usando cuando desde el Estado no se usa jamás para lo que debe usarse.

La red caminera, las trazas urbanas, el manejo de las cuencas hídricas, los permisos de limpieza y desmonte, la ejecución de grandes obras. Todas estas tareas deberían haberse planificado adecuadamente y 300 mm en pocas horas hubiesen causado mucho menos daños.

Nadie dice que se puedan evitar la totalidad de las muertes accidentales, pero con prevención se pueden evitar muchas, y por una sola que se evite ya vale la pena el esfuerzo.

Nadie cree que el agua no volverá a romper puentes y caminos, pero se puede disminuir su efecto de manera considerable. Resulta indispensable aprender de los errores y sobre todo no volver a repetirlos.

El agua en su demoledor paso destruyó cientos de viviendas que insólitamente están siendo reconstruidas en el mismo lugar a donde estaban. ¿Nadie entiende que un evento como el que vivimos se puede volver a repetir?

Se están reparando los puentes utilizando los mismos métodos constructivos que el agua destrozó. Una vez más la urgencia por abrir el camino nos dejará con puentes y caminos que se volverán a romper frente a la primera crecida importante que traiga el río.

“Es urgente reparar rutas y puentes para que todo siga funcionando” responderá apurado el responsable de vialidad, pero nosotros sabemos bien que todo volverá a quedar atado con alambre ¡cómo siempre!

Para completar el panorama desolador, justo cuando estábamos con la pala en la mano terminando de limpiar la entrada, la política se ocupó una vez más de nosotros. La pelea que se desató a nivel nacional tras la dudosa muerte del fiscal Nisman, trajo aparejado una enorme cantidad de declaraciones y definiciones que traerán consecuencias negativas a los productores agropecuarios criollos. ¡Nada cambiará! Nadie se ocupará de mejorar las condiciones ruinosas con las que se produce hoy en día. Las actuales autoridades se encuentran ocupadas de problemas mucho más importantes que la supervivencia de los chacareros. ¡A llorar al campito!

Los dirigentes de la mesa de enlace han prometido protestas, duros reclamos que nadie escuchará, como viene ocurriendo desde hace muchos años.

Sentado en la tranquera, viendo el camino con un metro de agua y las vacas en el corral con el barro hasta las rodillas, un comprovinciano dijo en voz baja: “¿hasta cuándo aguantaremos? ¿Cuándo se ocupará alguien de nosotros?”. La respuesta es simple, cuando nosotros nos ocupemos de defender nuestros derechos, cuando nos involucremos en la planificación de una obra de infraestructura, cuando integremos el consorcio caminero, cuando no entreguemos un solo litro de leche, un solo camión de soja o un solo novillo si el precio no es justo. Ese día.

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