El valor de la información

Hoy podríamos afirmar sin rodeos, que la información es la herramienta más valiosa con la que cuentan los productores agropecuarios actualmente. Las nuevas tecnologías han acortado los caminos entre el conocimiento científico y su aplicación práctica.

Cuando llevamos a la imprenta la edición número uno de nuestra revista Marca Líquida Agropecuaria, ni por asomo nos imaginábamos que 23 años después, más del doble de nuestros lectores de las ediciones en papel leerían las notas por Internet y mucho menos aún desde sus teléfonos celulares, como pasa actualmente.

Conseguir en esa época una nota de actualidad tecnológica implicaba varios meses de gestiones y mucho trabajo artesanal hasta que llegaba al papel. Actualmente un técnico, mientras obtiene muestras de un lote, sube la información en tiempo real a través de su smartphone y miles de productores saben en ese preciso momento cómo está evolucionando una plaga o cómo avanza una maleza resistente.

La información es en la actualidad una herramienta más importante que cualquier otra. La toma de decisiones se hace con mayor certeza, se corrige sobre la marcha, se anticipan las soluciones. Con buena información un productor consigue mejorar los resultados de su actividad sin realizar grandes inversiones, eso si le asignamos un bajo valor al tiempo invertido. Y a este punto queríamos llegar con nuestra reflexión.

Como en un enorme tablero de herramientas que cuelga sobre la pared del galpón, la elección de la más adecuada requiere entrenamiento y dedicación. Nadie debería sacar un remache golpeando con una llave de boca o ajustar una tuerca con una pinza. El uso de la información necesita entrenamiento y dedicación, en definitiva de tiempo, el cual es muy valioso según nuestro punto de vista.

El uso del tiempo de manera eficiente es tan importante como la dosis de un producto que aplica a un cultivo o la fórmula de la ración que se ofrece a un novillo.                        La enorme oferta de información que se pone a disposición de los productores argentinos llega a confundir al más entrenado lector y produce un efecto contrario al esperado en muchos casos.

Ya hemos aprendido los efectos que causa sobre la sociedad el mal manejo de la información relacionada con nuestra actividad. Lo sufrimos a diario cuando nos damos cuenta de que la famosa frase “piqueteros con 4×4” nos marcó como un estigma bíblico hasta el fin de nuestros días.

Los medios tecnológicos disponibles para acceder a la información son sólo una parte de la solución. Cuanto más modernos y evolucionados son, proveen al usuario mayor velocidad y mayor cantidad; sin embargo, no realizan la tarea de selección que cada uno requiere de acuerdo con sus intereses o necesidades. La búsqueda del equilibrio depende, como siempre, del actor, del que se sienta frente a un diario en papel o frente a una computadora y decide qué quiere leer. Ese acto individual no puede reemplazarse por más moderna que sea la tecnología del medio.

La información, en un sentido amplio, es la posibilidad de adquirir conocimientos que permiten ampliar o precisar los que se poseen sobre una materia determinada. Su uso intensivo abre caminos nuevos a quien la adquiere, evitando a través de la experiencia ajena los tan mentados costos del proceso de prueba y error.

¿Para qué malgastar un producto químico utilizando una dosis superior si los nuevos ensayos del INTA indican claramente cuál es la adecuada? ¿Para qué someter a una vaca de tambo a una dieta que le producirá una merma en la cantidad o calidad de leche producida si los consejos del técnico más destacado a nivel mundial se encuentran a un clic en cualquier computadora personal?

En los días que corren, en nuestro país resulta indispensable saber qué nueva resolución o normativa estatal puede impactar negativamente sobre nuestra actividad, y sabiendo eso tomar la decisión de comprar o vender antes o más tarde.

No alcanza con ser el mejor haciendo las tareas a campo. Los ajustados márgenes que las actividades primarias entregan actualmente nos obligan a buscar en cada resquicio del negocio la posibilidad de bajar costos o aumentar la producción. Y eso también se puede conseguir si le asignamos un lugar de relevancia al valor que tiene la información.

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