¿Cómo seguir?

Si alguien esperaba que a esta altura del año, a pocos meses de las elecciones, el sector agropecuario tendría señales claras de cómo será la política agropecuaria de los dos o tres equipos con chances de ganar las elecciones, se equivocó. Nada de eso se escucha.

La situación del campo en general es grave, ya no quedan actividades que generen ganancias y el interior del país se encuentra tapizado de problemas. El prolongado paro de los trabajadores del aceite no hizo más que poner al descubierto el pequeño hilo que sostiene las cadenas de pago.

Las fábricas de maquinaria agrícola, salvo honrosas excepciones, están registrando ventas por debajo de sus peores récords históricos durante los primeros seis meses del año. El segundo semestre debería convertirse en uno de los mejores de la historia como para compensar la caída y cerrar el período con resultados razonables. Nadie espera que eso vaya a pasar. Lo mismo pasa con muchos rubros ligados de forma directa o indirecta a la producción primaria.

Cada vez que los candidatos pueden repiten muletillas aprendidas de memoria que no hacen más que confirmar las sospechas que todos los productores tenemos: gane quien gane la política agropecuaria se va a improvisar nuevamente. Nadie ha presentado a sus equipos técnicos, solo algunas figuras más o menos conocidas que insinúan tímidamente lo que podrían ser las primeras medidas de emergencia que unos y otros prometen tomar apenas asuman.

Nadie habla de planes estratégicos de largo plazo, ni de acuerdos multisectoriales dirigidos a generar políticas permanentes de estímulo a la producción, solo promesas vanas.

Hace 25 años que editamos Marca Líquida Agropecuaria, hace 25 años que hablamos de los mismos problemas. Causa gracia leer revistas viejas y encontrar comentarios editoriales que podrían cortarse y pegarse sin prácticamente hacer cambios, y todos creerían que fueron escritos ayer. Veamos algunos ítems:

El tipo de cambio es siempre un factor crítico para el sector primario. En las tres últimas décadas ha oscilado a extremos que generaron excelentes tasas de crecimiento para el sector y gravísimos quebrantos. Su estabilidad es algo que todos pretenden y su nivel lo que siempre se discute. Queda claro que el retraso cambiario es uno de los más graves flagelos que hoy soporta la producción primaria y un tópico sobre el que ningún candidato se define. Hablar de devaluación en épocas pre-electorales es “una peste” a la cual nadie se expone.

El control de las exportaciones es otro de los factores que afecta cíclicamente al sector. Las actuales restricciones, si bien no son una novedad, son uno de los misterios que nos dejará por resolver la “década ganada”. Las actuales trabas son tan irracionales que nadie consigue explicarlas de manera creíble, a pesar de lo cual es de esperarse que si gana un candidato K siguen, ya sea Scioli o Randazzo. El resto promete eliminarlas, pero nadie habla de generar un paquete de leyes que regule a futuro la aplicación de este tipo de políticas que tanto daño le hacen a la producción primaria.

La carga tributaria no ha pasado por oscilaciones, siempre fue creciente. Cada nuevo gobierno ha subido sistemáticamente los impuestos, pero el último período se ha caracterizado por llevarlos a niveles confiscatorios y por hacerlo en un contexto de gran complejidad, en el que se han sumado retenciones exageradas que tienen enormes retrasos en su devolución. El Estado se queda con una importante proporción del capital de trabajo de las empresas, que en algunos casos es imposible recuperar -ingresos brutos de distintas provincias- y en otros solo se consigue mediante amparos judiciales. Ningún candidato habla de este tema, nadie dice como devolverán los casi cincuenta mil millones de pesos del IVA retenido a los agricultores y como será el sistema en el futuro. Nadie habla de reformar leyes tributarias.

Finalmente, acotando los temas solo a los más críticos, las retenciones a las exportaciones siguen en carpeta de varios de los potenciales equipos. Como era de esperar, si ganan los K nada cambiará, el resto promete apenas cambios graduales. De una u otra forma las expectativas para los productores son muy malas.

La superficie proyectada para trigo refleja a las claras que nadie espera cambios positivos en el corto plazo. Que Mauricio Macri invite a sembrar trigo en cada oportunidad que tiene de dirigirse a los productores no cambió la tendencia. O nadie cree que pueda ganar, o nadie cree lo que promete. Lo cierto es que el área dedicada a trigo esta campaña será seguramente menor a la que sembramos en 1920, ¡todo un logro para el país!

Más allá de la política y las elecciones la vida sigue, los meses pasan, los ciclos agrícola-ganaderos continúan y los productores deben tomar decisiones. Es indispensable saber qué va a pasar con nuestras empresas y cuáles serán las nuevas reglas de juego. Es imperioso que alguien nos diga ¿cómo seguir?

0 comentarios

Escribe tu comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Agradecemos tu participación.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *