Devaluación: ¿buena para quién?

Nadie duda de que uno de los principales problemas que ha en-frentado la producción primaria en la Argenti-na durante los últimos años de la “década ganada” es el retraso cambiario. Prácticamente no hay productos originados en nuestros suelos que no lo hayan sufrido. Sin embargo, la fuerte devaluación que acaba de generar el nuevo equipo económico k no parece una solución integral y única a los problemas de la economía nacional y la del campo en particular.

Productores, empresarios y dirigentes apenas sonríen frente a las carteleras que anuncian $8 por dólar, mientras piensan en los salarios, en el precio de los insumos y del gasoil…

La compleja trama de regulaciones, restricciones y subsidios que tejió durante años el kirchnerismo parece un laberinto sin salidas, aun para quienes supieron construirlo. No hay una sola pieza que pueda moverse sin que el resto se caiga al suelo como el popular juego Jenga, pero así funcionan la economía y los mercados, a pesar de lo que en sentido contrario piensan los ideó-logos K. Algunas veces nos preguntamos si tales ideólogos existen o se trata de una siniestra cadena de improvisadores seriales que fueron armando día a día el tortuoso camino del cual hoy nadie sabe cómo salir.

Basta recorrer las opiniones de los más destacados analistas para descubrir que a pesar de que el ingreso en pesos mejorará para los productos atados al dólar, el resultado económico para la mayoría no resulta atractivo como para producir un inmediato aumento del área sembrada –trigo– o de la producción –carne, leche, regionales–. La intervención estatal de los mercados sigue dejando a los productores con rentabilidades pobres y a los grandes operadores con la parte del león.       Ni siquiera es el Estado el que recibe los mayores beneficios, salvo que alguien crea que multiplicar por ocho los agrodólares es una manera genuina de financiarlo.

Muchos hablan de fin del ciclo K, pero la soja se cosecha en sesenta días y el trigo se siembra en noventa, las decisiones hay que tomarlas ahora, con las cartas que tenemos en las manos hoy: apenas un par de cuatros y unos puntos para el envido.

La pregunta a responder es cómo jugarlas de la mejor manera posible, cómo seguir produciendo sin que ese empecinamiento por producir nos lleve a resultados negativos.

Para completar el cuadro de situación diremos que difícilmente protestar hoy sea una opción, la devaluación siempre pinta como beneficiosa para el campo y el Gobierno se encarga de recordarlo cada cinco minutos en cada oportunidad que tiene. Además, hay que reconocer que si los productores no pudimos organizar acciones de protesta antes de la devaluación, será mucho más complejo organizarlas en estos nuevos tiempos.

¿Todo está mal? No creemos que absolutamente todo esté mal, pero hay que prepararse para que la toma de decisiones no nos lleve por un camino erróneo. Ya lo habíamos dicho antes, tomar deudas sólo en pesos. ¿Alguien duda de que ése es el camino correcto? Elegir las mejores opciones productivas haciendo foco en el mediano plazo y postergando para mejores tiempos la planificación ideal. No apresurarse a vender.

Los productores criollos ya hemos atravesado tormentas como las que se avecinan, las conductas que deben asumirse en estas condiciones son por todos conocidas, pero sus consecuencias para el entorno agropecuario son muy negativas. Las ventas de equipos nuevos están prácticamente paralizadas, nadie toma decisiones de renovar maquinaria cuando el río está revuelto.

La aplicación de tecnología se hace más intensiva cuando la actividad a la cual se aplicará es rentable, y en períodos como los actuales la evolución es más lenta, incluso en algunas áreas casi nula. Es suficiente para comprobarlo con revisar los valores de ventas de fertilizantes de la presente campaña, una de las peores en muchos años.

Se vienen épocas a donde se podrá generar renta positiva con algunas actividades y apenas sobrevivir con otras, cada región entregará una respuesta distinta frente a la devaluación. El tiempo dirá ¿buena para quién?