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De vuelta al pago

Después de seis meses sin sentir el olor a tinta fresca, Marca Líquida Agropecuaria regresa a las manos de nuestros lectores. El fin del ciclo K nos pegó una buena revolcada, pero ya estamos nuevamente de pie y caminando junto a Ud. amigo lector como hace 25 años.

No nos alcanzan los dedos de las manos para recordar la cantidad de crisis que hemos atravesado a lo largo de un cuarto de siglo. Ya no podemos recordar contra cuantos gobiernos despotricamos y con cuantos funcionarios públicos nos peleamos. Aun así tenemos claro que durante estos 25 años fuimos testigos y protagonistas de la transformación del campo argentino. Una transformación que nos llena de esperanzas, una transformación que nos invita a no bajar los brazos y por eso hoy estamos nuevamente en sus manos.

Tal como se presentan las cosas en el país, da la sensación de que todos estamos volviendo al pago. Todos y cada uno de los productores agropecuarios argentinos parece estar despertando de un muy mal sueño que dejó a más de uno de a pie.

Nada de lo que está cambiando actualmente a nivel de políticas agropecuarias parece ser una solución inmediata y definitiva a los graves problemas que nos dejó la “década ganada”, pero pinta bien: “tres cartas con seña” que bien jugadas pueden ser un buen comienzo.

Maíz y trigo sin retenciones y sin ROEs es algo que nadie podía imaginar hace apenas seis meses atrás. Recomposición del precio de la carne y la posibilidad de exportar sin trabas ni retenciones. Un plan de reducción de la presión impositiva, que si bien tiene plazos más largos que lo esperado, ya permite planificar un futuro con mejores resultados económicos. Tres buenas cartas para la primera mano.

Nada de lo dicho significa que nuestro sector pueda ponerse a festejar inmediatamente. Los problemas por resolver son de muy vieja data y complejos, basta con asomarse a la situación de los tamberos como para entender el largo camino que queda por recorrer.

Durante muchos años bregamos desde estas páginas por cambios en las políticas agropecuarias en nuestro país, durante años manifestamos abiertamente nuestra discrepancia con las retenciones, con las restricciones a las exportaciones, con la altísima presión tributaria y la complejidad de los sistemas de control que imponía el estado a través de la AFIP. Reclamamos por la indebida e ilegal retención del IVA a los agricultores, por las infinitas regulaciones que frenaban el desarrollo del sector y por el atraso cambiario, entre tantos otros.

Ahora parece que del otro lado del mostrador hay gente dispuesta a escuchar, que se preocupa, que intenta generar condiciones para que el sector se recupere y vuelva a crecer. El problema son los tiempos…

Todos quisiéramos que los cambios necesarios se produzcan rápidamente, si es posible ¡ya!

Cabe también decir que así como hemos reclamado, infinidad de veces hicimos una feroz auto crítica a nuestra falta de organización sectorial, al pobre desarrollo de nuestras instituciones que durante mucho tiempo se ocuparon más en pelearse entre si, que en buscar soluciones de compromiso, esas que obtienen pequeños beneficios para todos, pero consistentes y a largo plazo. Seguramente si nuestros representantes gremiales estuvieran mejor preparados la velocidad de los cambios sería mayor.

Se vienen tiempos en los que será necesario soportar la espera e intentar una vez más sostener con producción la falta de rentabilidad, posponer inversiones a costa de pérdida de eficiencia y aprovechar las primeras oportunidades que los cambios ya implementados permiten. La paciencia se pondrá una vez más a prueba, con la diferencia que esta vez los cambios ya se están produciendo.

Finalmente volvemos a hablar de nosotros. La revista Marca Líquida Agropecuaria ha comenzado hace ya varios años un proceso de adecuación a los nuevos tiempos. Lentamente fuimos incorporando lectores que se encontraron cómodos con la versión digital y seguimos trabajando en ese sentido. Actualmente la cantidad de lectores registrados en nuestra página de Internet ya superó a los que nos leen en papel.

Esta experiencia nos motivó a explorar nuevas alternativas e intentar nuevos caminos de comunicación. A tal fin nos incorporamos como aliados estratégicos al portal www.Mercosur.com aportando nuestro conocimiento y experiencia en la materia, junto a los colegas de la Revista Agroguía y un grupo de profesionales envidiable que crearon la primera plataforma Web de la Argentina que opera como mercado electrónico y medio de información, para la promoción y comercialización de productos de la industria agroalimentaria de Argentina. Su objetivo es brindar al productor agropecuario un servicio online que genere mejores oportunidades de negocio y agregue valor a toda la cadena comercial. Para lograrlo el sitio contiene más de 7000 precios de referencia de productos, insumos y servicios de la cadena agro industrial. Contiene además información relevante para todos los actores del sector.

Invitamos a nuestros lectores a visitar www.Mercosur.com y convertirse, igual que nosotros, en un aliado estratégico de esta novedosa herramienta para la producción agropecuaria.

 

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Amanece que no es poco

¡A ver si tiran buenas ondas! le dijo un productor desde la ventanilla de su camioneta a uno de los miembros del equipo de Marca Líquida Agropecuaria. Y aquí estamos, haciendo el intento…
Lo primero que deberíamos destacar es que por primera vez en muchos años los argentinos tendremos un presidente que se parece mucho a una persona normal, que no grita, que no increpa, que habla de unidad y equipos de trabajo, que no da clases durante sus discursos y que a simple vista no parece creerse dueño de la verdad.
La conformación de los equipos de gobierno son otro punto que ilusiona. Muchos profesionales experimentados, muchas personas comprometidas y un ministro K que se queda porque su gestión resultó exitosa. ¡Cosas vedere Sancho!
Para completar el cuadro que invita a soñar con un país mejor, tenemos un ministro de agricultura y ganadería a quien todos respetan, reconocen y aprueban, un señor del interior profundo al que nadie le va a tener que contar de que color es el pasto y a que huele la tierra mojada.
Por lo que sabemos hasta aquí, las primeras medidas vinculadas a la producción agropecuaria que tomará la administración Macri -¡cómo vamos a extrañar las K en nuestras editoriales!- son todas positivas y surgen de las necesidades más urgentes. En este punto vale aclarar que para muchos no son suficientes, pero sería injusto comenzar a quejarse antes de leer los primeros decretos.
¡Fin de las buenas ondas!
Cabe aclarar que el lector puede elegir dejar la editorial en este punto y esperar relajadamente la llegada de los nuevos tiempos. Quedan todos advertidos.
La década ganada ha dejado graves consecuencias en el sector agropecuario y la salida de la crisis no será ni instantánea, ni gratis. El mejoramiento de los precios de los granos vía baja de retenciones y eliminación de ROEs no resuelve el 100% de los problemas de rentabilidad. Muchos costos se han distorsionado durante los últimos años y corregirlos no será tarea simple.
No queda claro como será la política de precios de los combustibles, un factor clave que impacta negativamente sobre el total de las actividades productivas. Paralelamente queda pendiente saber si se promoverá la producción de biocombustibles de manera consistente y a largo plazo, de manera que las plantas actuales crezcan y se construyan nuevas en regiones estratégicas, estimulando fundamentalmente la siembra de maíz con todos los beneficios que eso produce.
La promesa de reactivar el transporte a través del ferrocarril debería acompañarse de un plan de inversiones que a priori parece muy ambicioso y poco concreto. Esperamos sinceramente estar equivocados en este punto, pero la alegría de la finalización de la era K -necesitamos despedirnos usando muchas K- no debería impedirnos ser objetivos.
Hasta ahora se habló poco de posibles reformas tributarias, el actual sistema es complejo, injusto y en muchos aspectos ilegal. Se requiere una urgente simplificación de la manera en que se controlan y se cobran los impuestos, resolver la permanente acumulación de créditos irrecuperables, ajuste de los balances por inflación, unificación de los tributos provinciales y nacionales, entre otros.
Todas las actividades primarias en Argentina tienen la posibilidad de incrementar su volumen de producción y en muchísimos casos agregar valor en las regiones productivas, pero para que eso pase se requiere de capital y todos sabemos que sin políticas de largo plazo y una economía estable el crédito accesible es una utopía.
La esperanza de volver a tener una economía estable que permita planificar inversiones de largo plazo se choca contra el desastre en que se encuentran las finanzas públicas, con un déficit fiscal nunca antes visto. El proceso de recomponerlas será largo y doloroso. Seguramente los grupos remanentes de la oposición ultra K en el congreso serán también un factor que impedirá que se produzcan grandes cambios rápidamente. También esperamos equivocarnos en esta apreciación, pero es “lo que pinta”, a no ser que el proceso de peronización de estos grupos sea más rápido de lo que muchos esperan. A simple vista ya comenzó desde el norte del país, lo cual no es raro ya que justamente Salta es una de las provincias más perjudicadas por las nefastas políticas agropecuarias de la administración saliente.
Queda claro que la revista Marca Líquida Agropecuaria festeja el fin del ciclo K -despedida para la letra K- del cual nosotros mismos salimos muy golpeados. Todos nuestros anunciantes atraviesan fuertes bajas en sus ventas y cuando hay crisis en el campo es para todos.
También es importante decirlo, intentaremos mantener el máximo posible de objetividad a la hora de hacer nuestro pequeño aporte desde este espacio, sabiendo que prácticamente todos los productores agropecuarios comienzan este nuevo ciclo desde el segundo subsuelo y la remontada requerirá tiempo y sacrificio, pero amanece, que no es poco.

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El campo se ilusiona

Hace apenas unos días, antes de compaginar las últimas notas de la presente edición de Marca Líquida Agropecuaria, imaginábamos una editorial tan desalentadora como las últimas cien que escribimos.
Con los resultados electorales a la vista surge una luz de esperanza para los maltratados productores agropecuarios criollos.
La posibilidad de que se produzca en nuestro país un importante cambio en las políticas agropecuarias paralizó las ventas y movilizó los precios futuros hacia arriba para el trigo y el maíz en apenas 24 horas.
No estamos hablando exclusivamente de la posibilidad de que el país sea gobernado por un signo político distinto, también incluimos en la especulación editorial que nos atrevemos a hacer, la posibilidad de que los enemigos K del campo, acorralados por un aluvión de votos opositores en el interior productivo del país, intenten algunos cambios anticipadamente.
Desde aquel: “las retenciones no se tocan” al actual: “la flexibilización será nuestra principal herramienta económica”, estamos a un paso de que el candidato oficialista se atreva a “apretar” al ministro K -uno de los principales responsables de la cuasi derrota electoral- y se adelanten algunos cambios para el sector, sobre todo los que tienen prácticamente nulo impacto fiscal y solo se mantienen por los caprichos ideológicos de CFK y sus acólitos.
Lo dicho no generará, en caso de producirse, una marea de votos oficialistas entre los productores agropecuarios, el estado económico en que nos deja la década ganada es tan lamentable, que ha producido una generación entera que hará de no votarlos un nuevo “Nunca más”. No obstante, las actuales autoridades han hecho de llegar tarde un estilo de gobierno, podríamos soñar que este sea un nuevo caso, y de paso dejará un problema menos para resolver al que se haga cargo de la tierra arrasada con que se encontrará el próximo 10 de diciembre.
Tampoco imagine el lector que encontrará en estas líneas a un conjunto de bailanteros festejando anticipadamente los cambios que todavía no se han producido, y que una vez que se hayan anunciado -si eso finalmente ocurre-, demorarán dos o tres años en generar los beneficios esperados. No se trata de suministrarle vitaminas a una vaca muy bien alimentada para que produzca un litro más de leche, se trata de ponerla en terapia intensiva, sanarle las heridas, desparasitarla, conseguir que gane peso, conseguir que se preñe y al cabo de una larguísima gestación recién comenzar a ordeñarla. ¿Se entiende la alegoría?.
Como esta editorial la leemos solo los productores -por ahora no se publica en los grandes medios-, todos entendemos de qué se trata. Ningún cambio será automático y no impactará efectivamente de manera inmediata, antes de disfrutar de mejores precios de un maíz sin retenciones ni ROEs hay que sembrarlo, cuidarlo y cosecharlo, para lo cual hay que tener el capital o el financiamiento necesario, las dos cosas más difíciles de conseguir en estos tiempos de crisis para el campo.
Abrir las exportaciones y quitarle todo tipo de trabas -incluso promoverlas con ventajas impositivas- tampoco hará que la carne o la leche exportable aparezcan como por arte de magia. Allí también se requiere de inversiones y tiempo.
A esta altura de los acontecimientos tampoco debemos olvidar que los dos candidatos que quedan para el ballotage han omitido sistemáticamente definirse sobre temas claves para el campo. Que Macri haya anticipado la eliminación de las retenciones para el maíz y el trigo no alcanza.
¿Mantendrá las de la soja por cinco años bajando de a 5 puntos por año? ¿Devolverá el IVA irregularmente retenido a los productores? ¿Permitirá ajuste por inflación en los balances? La nueva política energética ¿modificará los precios de los combustibles? ¿Los biocombustibles seguirán siendo discriminados o se promoverá su fabricación y uso?.
Se nos ocurren cien preguntas más que ninguno de los candidatos ha contestado aún.
Estamos tan seguros como Ud. estimado lector, que esas respuestas no las tendremos en el corto plazo, sea Macri o Scioli el que las tenga que responder, eso significa que para salir de la actual situación ¡falta una eternidad!.
Y para finalizar este espacio destinado puramente a la especulación política, no hace falta que aclaremos que para nosotros cambiar significa cambiar en serio. Y por más que el motonáutico candidato K jure por los Santos Evangelios que él es otra clase de K, nadie le creerá.Sobre todo nadie le creerá mientras se muestre rodeado de La Cámpora, el Movimiento Evita, Milagro Salas, Luis D´Elía y su propio candidato a vicepresidente. Todo eso, a pesar que sabemos que aún ganando la presidencia Mauricio Macri, la espera será larga y dolorosa. Mientras tanto el campo se ilusiona…

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Mirando hacia otra parte

Una semana de paro rural no fue suficiente para que los problemas del campo lleguen a las tapas de los diarios y a los programas televisivos de moda. El país entero parece desconocer las graves consecuencias que la actual situación económica de los productores agropecuarios dejará tras de sí.

Ya lo habíamos dicho antes y repetido hasta el cansancio, nadie se ocupará de nuestros problemas si de una u otra manera no se convierten en sus propios problemas. Mientras los supermercados se encuentren plenamente abastecidos de alimentos nadie se preguntará de donde provienen, y mucho menos si quienes los producen están bien retribuidos o no.

No es necesario que hagamos aquí un inventario de problemas a resolver para que el sector vuelva a ser el motor de la economía argentina. No hace falta que nos consolemos mutuamente revisando qué sector está peor o cual llegará gravemente herido al fin de la era K. Tampoco se necesitan analistas de fuste que nos indiquen el camino, todos lo conocemos, todos sabemos que tecnología y eficiencia son las palabras claves. Pero también sabemos que sin buenos precios, producir enormes volúmenes no alcanza. El retraso cambiario, las retenciones e impuestos y las restricciones para exportar son los responsables de que los precios hayan atravesado niveles que solo vimos durante la convertibilidad.

La “década ganada” nos deja en la peor condición esperable y las consecuencias más graves aún no están a la vista, pero nadie parece tomarlo con la seriedad que se merece el tema.

En plena época electoral leemos y escuchamos a diario a los candidatos recitar de memoria cuatro o cinco frases dirigidas a los productores. Expresiones de deseo, exaltación de la importancia del sector y alguna que otra promesa sin ninguna clase de precisión. ¡Nada más!

Nos toca también escuchar a encumbrados miembros del actual gobierno prometiendo cosas que no hicieron durante doce años y destacando la importancia que tiene el campo en sus respectivas plataformas de gobierno, todo eso mientras los colegas de la provincia de Buenos Aires arrean las vacas para sacarlas del agua.

Que Aníbal Fernández hable de diálogo con el sector, que prometa cambios y mejoras para los productores, es peor que un insulto en la cara. Si durante una década entera nos trató de oligarcas y golpistas, qué puede haber cambiado para que de repente nos incluya en sus discursos baratos y vacíos de contenido en los que nadie, con dos dedos de frente, puede creer.

Los economistas de los distintos equipos con chances de gobernar se pasan el día entero pateando la pelota afuera y ninguno se atreve a decir lo que realmente piensa, pero sobre todo lo que la gente dedicada a producir alimentos espera escuchar.

Las cadenas nacionales tampoco aportan mucho. Los temas que allí trata la Presidente nunca incluyen al campo, salvo el anuncio preparado a los apurones antes del paro que realizó junto con la muestra gratis de ministro de Economía de la Nación, que ocupa un lugar que claramente le queda enorme. La ampliación de incentivos para pequeños y medianos productores -ver nota en la página 15-, seguramente formará parte de las cientos de políticas inútiles e inaplicables que se presentaron para la tribuna y cuyo impacto será prácticamente nulo.

Nadie habla tampoco del destino que tendrán los algo más de 50 mil millones de pesos que la AFIP mantiene retenido en concepto de IVA a los agricultores y que solo se puede recuperar haciendo amparos en el tribunal fiscal de la Nación, que por supuesto funciona en una única sede en la CABA, haciendo gala de un federalismo que nuestros próceres envidiarían.

Estamos en plena época de exposiciones rurales. Deberíamos estar hablando de las cualidades del nuevo toro campeón, de las modernas máquinas que se exhiben o de las excelentes conferencias a las que todos asisten en su afán de aprender. Nada de eso, solo se habla de problemas, de corte de la cadena de pagos, de empresas complicadas económica y financieramente y de incertidumbre.

Nadie sabe qué sembrar, las proyecciones para el cultivo de maíz de primera ya hablan de un 25% menos de área y los vendedores de semillas y agroquímicos están más preocupados por cobrar las cuentas del año pasado que por las ventas de la nueva campaña.

Los tamberos ya no saben qué hacer para sostener sus explotaciones con un precio de la leche que, lejos de recomponerse, ha bajado.

Ni hablar de los productores frutihortícolas cuyos costos no paran de crecer, habiendo llegado en algunos casos al límite de que la fruta no se haya cosechado.

El paro no fue suficiente, están todos mirando hacia otra parte.

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Para hacer una tortilla…

¡Más vale tarde que nunca!

Hace varios años que a través de estas páginas venimos reclamando a la dirigencia agropecuaria una postura más firme frente a un gobierno que se tomó venganza con el sector agropecuario de la peor manera.

Hace años que venimos cuestionando la pírrica victoria que el campo obtuvo en la puja por la Resolución 125. Todo lo que vino después fue retroceder, perder terreno, perder derechos y ver cómo la actividad más dinámica de la economía argentina se transformaba en la más ruinosa.

No hay un solo sector productivo ligado a la tierra que en este momento funcione con normalidad, que tenga un mínimo de rentabilidad que le permita sobrevivir de manera razonable. ¡Ni hablar de realizar inversiones!

Los problemas acumulados son tantos que ahora resulta muy difícil llegar a la opinión pública con un mensaje que se entienda. Para quien no está involucrado en la producción resulta muy difícil entender los problemas de rentabilidad del campo, con mayor razón si en el supermercado paga el pan, la carne y la leche cada día más caro.

Si pretendemos que alguien nos escuche sin cortar rutas tenemos que aceptar que hemos errado el camino. Si durante años no te quejaste ¿cómo puede ser que de repente todo esté mal? La pregunta está correctamente formulada, la respuesta debería incluir una profunda autocrítica por lo que no se hizo en comunicación o se hizo a medias.

Los productores sabemos bien a dónde nos aprieta el zapato, tenemos claro qué políticas nos pusieron en las actuales condiciones. Sabemos bien que producir cereales a más de 300 km. de Rosario es imposible. Que producir frutas para exportar da quebranto antes de podar la primera rama. Sabemos que no se vende una sola máquina, que nadie está haciendo compras de precampaña y que muchos de los insumos que se deben de la campaña anterior deberán refinanciarse. Pero la gente común no lo sabe, no lo entiende y mayoritariamente no les interesa, y por eso no podemos culpar a nadie más que a nosotros mismos.

Ahora, con el agua a la altura del cuello hemos vuelto a las rutas y no conseguimos ni un titular en los grandes diarios del país, ni una respuesta directa, más allá de las traicioneras negociaciones entre el camporista ministro de economía de la Nación y el seudopresidente de FAA al que ya pocos productores federados responden. Negociaciones que, por qué no decirlo, figuraron en las tapas a donde las protestas estuvieron ausentes.

En las rutas volvimos a hacer discursos para nosotros mismos, le volvimos a decir a nuestra gente lo que ya sabe, en pocas palabras nos juntamos para hacer catarsis. El objetivo de generar cambios en las políticas que nos afectan una vez más no se cumplió, ni se cumplirá haciendo siempre lo mismo.

Quienes vivimos en la provincia de Córdoba sabemos claramente el poder que tiene el gremio de los conductores de ómnibus. Frente a la falta de pago de una hora extra del sector lavaderos o el atraso de un día del pago de los refrigerios, la respuesta es un masivo paro que deja a pie a cientos de miles de cordobeses. Inmedia-tamente todos hablan del tema y cientos de diligentes funcionarios intentan resolver rápidamente el conflicto, incluso utilizando dinero público cuando ha sido necesario.

Si el campo se queja, la respuesta más normal que recibe el sector es: “Los gringos son todos unos llorones” y todo sigue igual. A buen entendedor…

Lamentablemente en nuestro país hay regiones en donde no se pueden sostener las actividades productivas, para el NOA y el NEA la agricultura tradicional ya no es viable. La nueva frontera agropecuaria cordobesa, al norte de la ruta 19, es el límite a partir de donde los costos de transporte se quedan con la escasa renta que puede generar la actividad. Y esto no es exclusivo de la agricultura, el constante crecimiento de los costos internos acompañado por un tipo de cambio artificialmente bajo, dejó en los campos enormes cantidades de frutas que no pudo cosecharse, por poner solo un ejemplo.

Nadie escuchará nuestros reclamos si no siente en carne propia la importancia que tiene la producción de alimentos, nadie prestará atención si las góndolas siguen llenas y la vida de todos los días no cambia porque unos “gringos locos” se junten a repartir panfletos en los cruces de las rutas.

Los actuales funcionarios y los que potencialmente nos gobernarán a partir de diciembre seguirán mirando para otro lado, si las medidas de fuerza del sector no incomodan a los habitantes de las grandes ciudades. Así de simple. Para hacer una tortilla…

Gráfica ML 258

¿Cómo seguir?

Si alguien esperaba que a esta altura del año, a pocos meses de las elecciones, el sector agropecuario tendría señales claras de cómo será la política agropecuaria de los dos o tres equipos con chances de ganar las elecciones, se equivocó. Nada de eso se escucha.

La situación del campo en general es grave, ya no quedan actividades que generen ganancias y el interior del país se encuentra tapizado de problemas. El prolongado paro de los trabajadores del aceite no hizo más que poner al descubierto el pequeño hilo que sostiene las cadenas de pago.

Las fábricas de maquinaria agrícola, salvo honrosas excepciones, están registrando ventas por debajo de sus peores récords históricos durante los primeros seis meses del año. El segundo semestre debería convertirse en uno de los mejores de la historia como para compensar la caída y cerrar el período con resultados razonables. Nadie espera que eso vaya a pasar. Lo mismo pasa con muchos rubros ligados de forma directa o indirecta a la producción primaria.

Cada vez que los candidatos pueden repiten muletillas aprendidas de memoria que no hacen más que confirmar las sospechas que todos los productores tenemos: gane quien gane la política agropecuaria se va a improvisar nuevamente. Nadie ha presentado a sus equipos técnicos, solo algunas figuras más o menos conocidas que insinúan tímidamente lo que podrían ser las primeras medidas de emergencia que unos y otros prometen tomar apenas asuman.

Nadie habla de planes estratégicos de largo plazo, ni de acuerdos multisectoriales dirigidos a generar políticas permanentes de estímulo a la producción, solo promesas vanas.

Hace 25 años que editamos Marca Líquida Agropecuaria, hace 25 años que hablamos de los mismos problemas. Causa gracia leer revistas viejas y encontrar comentarios editoriales que podrían cortarse y pegarse sin prácticamente hacer cambios, y todos creerían que fueron escritos ayer. Veamos algunos ítems:

El tipo de cambio es siempre un factor crítico para el sector primario. En las tres últimas décadas ha oscilado a extremos que generaron excelentes tasas de crecimiento para el sector y gravísimos quebrantos. Su estabilidad es algo que todos pretenden y su nivel lo que siempre se discute. Queda claro que el retraso cambiario es uno de los más graves flagelos que hoy soporta la producción primaria y un tópico sobre el que ningún candidato se define. Hablar de devaluación en épocas pre-electorales es “una peste” a la cual nadie se expone.

El control de las exportaciones es otro de los factores que afecta cíclicamente al sector. Las actuales restricciones, si bien no son una novedad, son uno de los misterios que nos dejará por resolver la “década ganada”. Las actuales trabas son tan irracionales que nadie consigue explicarlas de manera creíble, a pesar de lo cual es de esperarse que si gana un candidato K siguen, ya sea Scioli o Randazzo. El resto promete eliminarlas, pero nadie habla de generar un paquete de leyes que regule a futuro la aplicación de este tipo de políticas que tanto daño le hacen a la producción primaria.

La carga tributaria no ha pasado por oscilaciones, siempre fue creciente. Cada nuevo gobierno ha subido sistemáticamente los impuestos, pero el último período se ha caracterizado por llevarlos a niveles confiscatorios y por hacerlo en un contexto de gran complejidad, en el que se han sumado retenciones exageradas que tienen enormes retrasos en su devolución. El Estado se queda con una importante proporción del capital de trabajo de las empresas, que en algunos casos es imposible recuperar -ingresos brutos de distintas provincias- y en otros solo se consigue mediante amparos judiciales. Ningún candidato habla de este tema, nadie dice como devolverán los casi cincuenta mil millones de pesos del IVA retenido a los agricultores y como será el sistema en el futuro. Nadie habla de reformar leyes tributarias.

Finalmente, acotando los temas solo a los más críticos, las retenciones a las exportaciones siguen en carpeta de varios de los potenciales equipos. Como era de esperar, si ganan los K nada cambiará, el resto promete apenas cambios graduales. De una u otra forma las expectativas para los productores son muy malas.

La superficie proyectada para trigo refleja a las claras que nadie espera cambios positivos en el corto plazo. Que Mauricio Macri invite a sembrar trigo en cada oportunidad que tiene de dirigirse a los productores no cambió la tendencia. O nadie cree que pueda ganar, o nadie cree lo que promete. Lo cierto es que el área dedicada a trigo esta campaña será seguramente menor a la que sembramos en 1920, ¡todo un logro para el país!

Más allá de la política y las elecciones la vida sigue, los meses pasan, los ciclos agrícola-ganaderos continúan y los productores deben tomar decisiones. Es indispensable saber qué va a pasar con nuestras empresas y cuáles serán las nuevas reglas de juego. Es imperioso que alguien nos diga ¿cómo seguir?

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Caminando a ciegas

Nunca el sector agropecuario argentino se enfrentó a tantas incertidumbres. Nunca los productores tuvieron que tomar decisiones trascendentales sin conocer los factores claves del negocio como en esta época.

Un breve repaso sobre cada una de las actividades productivas con origen agropecuario nos pone frente a un rosario de dudas que convierten al proceso productivo en algo parecido a la ruleta -rusa en algunos casos-.

Los precios internacionales de los commodities no ayudan, pero agregaron su cuota de incertidumbre a la hora de vender la producción, en medio de un proceso electoral en marcha que invita a soñar con cambios que podrían mejorarlos.

Atraso y cepo cambiario, restricciones a las exportaciones y retenciones son los principales factores negativos que afectan la rentabilidad de prácticamente todos los rubros agropecuarios.

Con las elecciones a la vista y los candidatos a ganar la carrera entrando en la recta principal, el nivel de incertidumbre se agiganta. ¿Por qué decidir ahora si probablemente el ganador mejore las condiciones actuales?

Seguramente la acumulación de varias campañas con malos resultados no permita agregar 6 meses a la espera por hacerse de recursos, pero todos saben que cualquier cambio que el nuevo gobierno haga será para sumar, incluso en el caso de que el ganador sea tan K como CFK.

Los equipos económicos de los candidatos con posibilidades son muy parecidos. Todos -incluso el que lidera Miguel Bein, principal referente del Sciolismo– reconocen el retraso cambiario y el cepo al dólar como algunos de los principales factores negativos que afectan a los sectores productivos, fundamentalmente a los exportadores.

Todos reconocen que la presión fiscal ha llegado a niveles exagerados que junto a la complejidad del sistema tributario argentino generan un fuerte desaliento a las inversiones.

De una u otra manera los economistas ven en el fuerte déficit fiscal actual a una de las debilidades mayores a las que deberán enfrentarse en caso de convertirse en gobierno.

Finalmente la explosiva mezcla de subsidios al transporte y la energía, el enorme incremento de la cantidad de jubilados, empleados públicos y beneficiarios de planes sociales, cercena las posibilidades de proyectar cambios vertiginosos al nuevo gobierno que asumirá con la espada de Damocles del descontento social que generaría cualquier tipo de reducción de beneficios.

Para completar el panorama, la conflictividad que las paritarias salariales están generando, seguramente dejará para la próxima administración la difícil tarea de reacomodar los mínimos no imponibles del impuesto a las ganancias y los gravísimos retrasos que acumula la AFIP en la devolución del IVA a los agricultores y los exportadores.

La tarea que tendrá el equipo económico del candidato ganador será titánica y cada uno de los cambios que genere impactará de una u otra manera en los resultados de las empresas agropecuarias en particular, y en las economías regionales en general. Todos esperan ansiosos algunas definiciones que echen algo de luz sobre el futuro cercano y permitan planificar de forma más o menos racional los próximos años productivos.

El gran dilema se presenta a la hora de pedir definiciones ya que ningún candidato quiere usar términos que puedan “piantar votos”. Casi ninguno se atreve a prometer quita de retenciones o beneficios impositivos para los productores y mucho menos hablar de devaluación. Cualquiera que se atreva a decir abiertamente que tomará este tipo de medidas automáticamente se convierte en “gorila, facho y antipopular”, según la definición que los medios K -que no son pocos- hacen permanentemente frente a este tipo de políticas económicas.

En medio de todo lo que la política nos da y nos quita, los plazos de los vencimientos siguen corriendo, a los insumos hay que pagarlos y el dueño de la estación de servicios ya va cortando “el fiado” si no aparecen la plata.

Todos sabemos que vender hoy es asumir como mínimo que se pierde una buena parte de los precios, ya sea que se trate de cereales, carne o frutas nadie recibe el mejor precio posible. No incluimos en el listado a los tamberos porque ellos no reciben el mejor precio posible hace años y en ese caso en particular la pérdida que acumulan se suma mes a mes.

No es mucho lo que se puede hacer pero resulta indispensable, a la hora de pensar en el futuro, seguir trabajando para conseguir definiciones de parte de quienes nos gobernarán pronto, hacer conocer la realidad de nuestros sistemas productivos y quejarse a viva voz. El resto se hará caminando a ciegas.

 

Gráfica ML 256

Políticamente incorrecto

Nadie consigue entender la gravedad de la crisis que atraviesa nuestro sector en la actualidad. Solo algunos precandidatos a presidente comentan tímidamente que en caso de ganar las elecciones promoverán cambios como la eliminación de los permisos de exportación -ROEs- y bajas en las retenciones.

El único que le puso números por ahora es el candidato del PRO Mauricio Macri, quien prometió eliminar las retenciones al trigo y al maíz y reducir 5% por año las de la soja.

Tanto se discutió y tanto se mal trató el tema de las retenciones en estos últimos diez años, que para mucha gente es normal decir: “Si se eliminan las retenciones el Estado se desfinancia y desaparecerán automáticamente los subsidios”. No solo lo dicen maliciosamente muchos políticos K en campaña, también lo dice convencido el quiosquero de la esquina y el empleado de la mueblería de la vuelta.

Vistas las cosas así, los agricultores que consigan sobrevivir esta campaña agrícola a fuerza de rendimientos muy superiores a lo normal, enfrentarán otros cuatro años de vacas flacas. Es insostenible la producción con los precios actuales de los commodities y un nivel de retenciones exagerado -aún quitándole un 5% por año a la soja-.

Resulta indispensable hacer conocer a la población en general que en la distribución de la recaudación actual los derechos de exportación -retenciones- han dejado de tener el peso que en las épocas de la Resolución 125 justificaron prácticamente una guerra. Dichos derechos aportan apenas algo más del 7% al total de impuestos que recauda el Estado Nacional –fuente IARAF, Reporte mensual de recaudación tributaria nacional, febrero de 2014; en base MECON-.

Si bien la cifra sigue siendo importante -unos 6.650 millones de dólares por año- no resulta determinante si se la compara con la recaudación total a la hora de asignar subsidios que protejan a la población más pobre del país, y mucho menos que sea la razón para eliminar dichas políticas por completo.

Visto desde el punto de vista del estímulo a la producción, la cifra parece menos importante comparada con la caída de los volúmenes de cereales y oleaginosas que se produjo durante los últimos años. Aquí debe incluirse también a la producción ganadera, las economías regionales y las deprimidas actividades agroindustriales como la fabricación y venta de maquinaria agrícola.

La nefasta combinación de permisos de exportación, retenciones y retraso cambiario generó una enorme transferencia de recursos desde el sector productivo hacia otros sectores de la economía, un brutal freno al crecimiento y el desarrollo del interior del país y prácticamente ningún beneficio para los consumidores, los cuales, inflación mediante, se vieron privados de los supuestos cuidados de “la mesa de los argentinos” que prometían estas políticas.

Parece lógico que los candidatos oficialistas no reconozcan estas deficiencias y propongan cambios, lo que no parece razonable es que los opositores no se expresen claramente respecto a lo que piensan hacer para desarmar la trama de regulaciones e impuestos que montó el kirchnerismo, generando la acuciante crisis que afecta al campo argentino.

No alcanzan las tibias declaraciones de unos pocos, se necesitan precisiones y compromiso. Los productores agropecuarios debemos exigir a los candidatos que sean claros y digan que piensan hacer con el IVA que el Estado Nacional le debe al campo, que van a hacer con los ROEs y las retenciones, con el impuesto al cheque y con el engorroso sistema de control que armó Echegaray primero en la ONCCA y después en la AFIP. Se requiere conocer qué políticas de estímulo piensan aplicar, cómo es la visión de la cadena agroindustrial que cada uno de ellos tiene y de qué manera se trabajará para recuperar los mercados perdidos en el exterior. Actualmente Brasil, Chile y Bolivia han dejado de ser nuestros principales clientes para productos que tradicionalmente les proveíamos, como trigo, maíz, frutas y lácteos.

No hay un solo eslabón de la cadena agroindustrial que no requiera de urgentes cambios para sobrevivir apenas. Vemos a diario como los productores de fruta tiran a la calle lo que tanto sacrificio les costó, los tamberos reclaman por unos pocos centavos que les permitan esperar mejores épocas sin deshacerse de sus vacas, productores trigueros que reducen al mínimo su área de siembra y la lista sigue casi interminablemente…

Es tiempo de que los políticos argentinos se pongan los pantalones largos y hablen claro. Es tiempo de que aclaren de que lado del alambrado están y muestren sus planes de gobierno, aunque para algunos ese mensaje suene políticamente incorrecto.

Gráfica ML 255

Ese día

Nadie diseña una red caminera ni planifica el drenaje de una cuenca, considerando un evento climático que se puede repetir una vez cada 100 años. Eso es exactamente lo que pasó en Córdoba, a donde -en algunas localidades serranas- llovieron 300 mm en pocas horas.

Para ser sinceros tampoco se piensa demasiado en Córdoba cuando se decide hacer un nuevo camino o intervenir una cuenca. Sobran los ejemplos en los que recientemente inaugurados deben repararse una y otra vez, justamente por falta de adecuada planificación.

Hace 25 años que escribimos sobre inundaciones y sequías, sobre obras que faltan y obras mal hechas, sobre políticas que faltan o que no se aplican…

Esta vez las inundaciones han golpeado duramente a algunas localidades a donde sus habitantes jamás habían visto agua sobre sus calles. Los daños han sido terribles y la recuperación será lenta y dolorosa.

No solo los habitantes de numerosas ciudades y pueblos han sufrido en carne propia el castigo de la inundación, extensas áreas productivas han quedado bajo el agua y nunca mejor aplicado el dicho: “sobre llovido, mojado”. Tamberos, agricultores y ganaderos que apenas podían con los costos, deberán afrontar perdidas enormes.

Los políticos locales se pusieron las botas y salieron a “afrontar” la situación velozmente. Nadie, con pretensiones electorales en un plazo muy corto, faltó para la foto. ¡Nadie!

Una vez más prometieron ayuda, una vez más regalaron colchones y frazadas a la vista de los noticieros televisivos. Todo durará lo que demore el verano en transformase en otoño.

Planificación es la palabra que más veces hemos utilizado en nuestras editoriales. La usamos para autocriticarnos cuando no planificamos adecuadamente tranqueras adentro y la seguiremos usando cuando desde el Estado no se usa jamás para lo que debe usarse.

La red caminera, las trazas urbanas, el manejo de las cuencas hídricas, los permisos de limpieza y desmonte, la ejecución de grandes obras. Todas estas tareas deberían haberse planificado adecuadamente y 300 mm en pocas horas hubiesen causado mucho menos daños.

Nadie dice que se puedan evitar la totalidad de las muertes accidentales, pero con prevención se pueden evitar muchas, y por una sola que se evite ya vale la pena el esfuerzo.

Nadie cree que el agua no volverá a romper puentes y caminos, pero se puede disminuir su efecto de manera considerable. Resulta indispensable aprender de los errores y sobre todo no volver a repetirlos.

El agua en su demoledor paso destruyó cientos de viviendas que insólitamente están siendo reconstruidas en el mismo lugar a donde estaban. ¿Nadie entiende que un evento como el que vivimos se puede volver a repetir?

Se están reparando los puentes utilizando los mismos métodos constructivos que el agua destrozó. Una vez más la urgencia por abrir el camino nos dejará con puentes y caminos que se volverán a romper frente a la primera crecida importante que traiga el río.

“Es urgente reparar rutas y puentes para que todo siga funcionando” responderá apurado el responsable de vialidad, pero nosotros sabemos bien que todo volverá a quedar atado con alambre ¡cómo siempre!

Para completar el panorama desolador, justo cuando estábamos con la pala en la mano terminando de limpiar la entrada, la política se ocupó una vez más de nosotros. La pelea que se desató a nivel nacional tras la dudosa muerte del fiscal Nisman, trajo aparejado una enorme cantidad de declaraciones y definiciones que traerán consecuencias negativas a los productores agropecuarios criollos. ¡Nada cambiará! Nadie se ocupará de mejorar las condiciones ruinosas con las que se produce hoy en día. Las actuales autoridades se encuentran ocupadas de problemas mucho más importantes que la supervivencia de los chacareros. ¡A llorar al campito!

Los dirigentes de la mesa de enlace han prometido protestas, duros reclamos que nadie escuchará, como viene ocurriendo desde hace muchos años.

Sentado en la tranquera, viendo el camino con un metro de agua y las vacas en el corral con el barro hasta las rodillas, un comprovinciano dijo en voz baja: “¿hasta cuándo aguantaremos? ¿Cuándo se ocupará alguien de nosotros?”. La respuesta es simple, cuando nosotros nos ocupemos de defender nuestros derechos, cuando nos involucremos en la planificación de una obra de infraestructura, cuando integremos el consorcio caminero, cuando no entreguemos un solo litro de leche, un solo camión de soja o un solo novillo si el precio no es justo. Ese día.

Gráfica ML 254

Atravesando los límites

La muerte de un fiscal de la Nación en circunstancias difíciles de aclarar aparece como un límite que hacía muchos años nuestra sociedad no atravesaba.

Encendidas discusiones, cartas presidenciales, políticos intentando justificar lo injustificable, cadena nacional en silla de ruedas y demás yerbas, han conseguido sacar del centro de la escena a los graves problemas económicos que atraviesan los argentinos dedicados a la producción. No hacemos aquí diferencias de tipo porque cualquier compatriota que intente vivir y progresar produciendo, hoy se encuentra en apuros.

La velocidad con la que suceden los acontecimientos en el país, no nos permite prácticamente nunca detenernos sobre un solo tema vinculado a la producción y analizarlo en profundidad. Exactamente lo mismo tiene lugar tranqueras adentro, todo ocurre tan velozmente que tomar decisiones trascendentes es una tarea muy difícil.

Mientras todos miran sorprendidos en la televisión las novedades del caso Nisman aparecen en la cabecera de los lotes las primeras plantas de yuyo colorado resistente. Mientras los medios nos relatan la discusión entre distintas organizaciones y el gobierno sobre el volumen real de trigo producido en el país, el gerente del banco nos recuerda que acaba de entrar un cheque y hay que cubrir la cuenta corriente. La realidad del productor agropecuario se entremezcla a diario con la tragicómica política nacional.

Precios en baja e impuestos en alza. Dificultades para colocar la producción y para cobrar. Cientos de horas hombre destinadas a revisar planillas de costos y planificaciones, revisar los precios una y mil veces, anticipar resultados. ¡Y nadie que entienda hacia donde vamos!

Parece que vivimos en medio de una comunidad de seres congelados, paralizados, inmóviles. Atravesamos, además de una de las peores crisis institucionales, una de las peores épocas que la producción agropecuaria conozca en los últimos 10 años, y sin embargo nadie dice nada, nadie hace ruido, todos aceptan mansamente que no existimos para las autoridades y mucho peor, no existimos para la opinión pública.

El razonamiento parece más agorero de lo habitual, pero es 100% realista. ¿Qué vamos a hacer?

Las personas vinculadas a la producción agropecuaria mantenemos la esperanza que las próximas elecciones marquen el fin de la década ganada -para unos pocos que ostentan el poder- y un nuevo signo político dirija los destinos de la patria hacia aguas más tranquilas. ¡Y mágicamente resuelva todos nuestros problemas!

Estamos en condiciones de afirmar que eso no va a pasar, que sea quien sea el que gane las elecciones no resolverá inmediatamente el problema de las retenciones, ni el de los permisos de exportación, ni devolverá el dinero retenido en concepto de IVA, ni asfaltará la red de caminos secundarios, ni simplificará los engorrosos sistemas de información impositiva, ¡ni nada!

No lo hará por dos motivos fundamentales: en primer lugar porque los equipos K van a dejar tierra arrasada en todos los sectores de la economía nacional y la recuperación será lenta, aun si se tomaran medidas excepcionalmente urgentes. En segundo lugar porque nosotros -sí, nosotros- no nos hemos ocupado de marcar el camino, de poner en manos de los potenciales candidatos una hoja de ruta debidamente consensuada entre todos los damnificados por las políticas actuales.

Nadie nos dará lo que no hayamos pedido, nadie nos escuchará entre tantos gritos que claman por cambios indispensables en áreas sensibles como la seguridad, la justicia, la política previsional, la salud, y tantos otros. El tiempo pasa vertiginosamente y la parálisis en la que estamos inmersos los productores agropecuarios nos colocará en los últimos lugares de la fila para reclamar.

Muchas organizaciones ya tienen sus propias hojas de ruta, muchos dirigentes muy bien intencionados tienen proyectos listos para presentar, pero ninguno ha conseguido acordar con los distintos sectores del campo para elaborar un documento único que nos permita comprometer a los candidatos antes de poner el voto en la urna. Cada uno de nosotros debería llevar en el bolsillo un “manifiesto del campo” a donde se exprese claramente las principales políticas que pretendemos se apliquen al sector en el nuevo período post kirchnerista.

Nos imaginamos un documento breve, un decálogo que todos sepamos recitar de memoria y nadie olvide. Sobre todo que no lo olviden los políticos, las nuevas autoridades, porque cada vez que se presenten públicamente habrá alguien que se lo recuerde. Nos imaginamos frases como “nunca más retenciones” que perduren en el tiempo y sean un símbolo del campo.

Tal vez nuestra imaginación sea muy fecunda, pero en épocas en donde los acontecimientos demuestran que ya no hay límites que la política respete, resulta indispensable que los nuevos tiempos nos encuentren a los productores agropecuarios argentinos atravesando límites.