Esperan que se reactive la venta de campos tras el fin del cepo y la eliminación de retenciones

Los precios en dólares de las tierras tocaron fondo a partir de 2011. Los cambios incentivaron a los productores.

El mercado inmobiliario de campos viene atravesando años de crisis a causa del cepo cambiario, la alta presión fiscal al sector agropecuario, la Ley de Tierras y las trabas para comercializar que profundizó el kirchnerismo de 2011 a esta parte. De hecho, tan malos fueron estos últimos cuatro años para el sector que las pocas operaciones de compra/venta de campos que se pudieron hacer, se terminaron cerrando a precios en dólares muy por debajo a los vigentes en la década pasada.
Sin embargo, a partir de la salida de Cristina Kirchner del poder y la asunción de Mauricio Macri el pasado 10 de diciembre, pareciera que los ánimos de los principales operadores inmobiliarios del agro cambiaron por completo.

“Hay un optimismo importante en el sector por las medidas anunciadas y la recuperación de la confianza en todos los niveles”, dijo a La Política Online, Cristián Beláustegui, presidente de la Cámara Argentina de Inmobiliarias Rurales (CAIR).
“Esperamos que esto sea solo el comienzo de políticas con reglas claras y previsibles para lograr planificar proyectos a mediano y largo plazo”, indicó Beláustegui. “Vemos un escenario de buenas perspectivas por delante”, agregó.

Para tener una idea, actualmente en el sur de la provincia de Buenos Aires el valor de la hectárea ronda los u$s 8000, al tiempo que en Santa Fe los campos con buena aptitud agrícola se venden en hasta u$s 16.000, mientras que en el norte de La Pampa cuestan unos u$s 5000.
En promedio, en la región núcleo argentina, los precios se ubican entre u$s 15.000 y u$s 16.000 por hectárea. Se trata, en rigor, de valores muy inferiores a los presentes en Estados Unidos (en Iowa e Illinois) donde cuestan alrededor de u$s 28.000 por hectárea.
Esta creciente brecha entre los precios de la Argentina y de Estados Unidos -que hoy se ubica en torno al 70%- en términos históricos fue del 10%. Antes de 2011 en Pergamino, Rojas y Salto, por ejemplo, se vendieron campos a u$s 20.000 por hectárea.

“Somos conscientes que la recuperación esperada para el sector no será de un día para el otro. Habrá que ajustarse los cinturones y sin ninguna duda, tendremos que actuar con mucha prudencia durante los próximos meses”, concluyó Beláustegui.

Inversiones

La mejora en el clima de negocios que se percibe en el campo tras los anuncios de eliminación/baja de retenciones y la unificación del mercado de cambios resulta a esta altura indisimulable para el conjunto del sector. Es que no solo los productores agropecuarios esperaban que se concreten finalmente las promesas de campaña de Macri, sino también las empresas que se dedican a la venta de insumos, maquinaria agrícola y demás productos para el agro.

“Hay modificaciones en las reglas de juego que sin dudas van a traer cambios en lo que respecta a la predisposición en la adquisición de tecnología por parte del productor”, señaló a LPO Mariano Anzini, gerente de Desarrollo de Mercados de BASF.
“El productor argentino es un innovador que apuesta a la tecnología naturalmente porque está en su ADN”, explicó Anzini. “Ante una mejora en su rentabilidad, sin dudas va a apostar por mayor tecnología y a hacer las cosas lo mejor posible”, añadió.
Para Anzini, los anuncios oficiales “nos hacen esperar un año con un mix en la siembra de cultivos: por un lado mayor presencia de trigo y cebada; y sin duda alguna, cambios en el balance de los cultivos de verano como maíz y girasol”.

Por su parte, Alejandro Crespo, gerente de Márketing de Nufarm consideró que “las expectativas son muy optimistas porque estamos viendo un sector que se va recuperar en forma significativa como resultado de las medidas económicas que incentivarían la producción y facilitarían la comercialización”.
En la misma línea, Jorge Solís, CEO de la firma Adama, dijo que “vemos que los productores inician la campaña con un renovado optimismo frente a señales positivas del mercado y condiciones climáticas favorables. Esto debería permitir un mayor dinamismo en la actividad agropecuaria que le permita al país acercarse al enorme potencial del que se había alejado en los últimos años”.

Fuente: La politica Online

Nuevo Código Civil: ¿cómo afecta al arrendamiento?

El Dr. Domingo Viale, abogado especialista en Derecho Rural, presentó el pasado 20 de agosto en la Sociedad Rural de Jesús María las últimas novedades sobre el Régimen de Arrendamiento y Aparcerías rurales.

No todos los argentinos saben de la entrada en vigencia del nuevo Código Civil y Comercial argentino que rige a partir del 1º de agosto. Afecta a todas las formas de convivencia existentes en las que todos estamos insertos de alguna manera, ya sea desde un contrato de alquiler, un matrimonio o una sucesión. Esta falta de conocimiento se debe a que la aprobación y posterior legislación solo se realizó de la mano del oficialismo, a puertas cerradas y bajo nombres dudosos. En resumen, se han unificado los Códigos Civil y Comercial -antes separados-, derogando artículos y ofreciendo un código complicado, confuso y hasta contradictorio.

Lo que nos interesa en el ámbito agropecuario es nada menos que los contratos de arrendamiento, porque según las últimas estadísticas -no nos queda otra que creerlas- indican que un 60% de los campos en producción son arrendados, por lo que es de gran valor estar atentos a estos cambios.

Para comenzar, el Dr. Domingo Viale expresa firmemente el error en esta nueva normativa que se creó sin debate, sin puesta en común y que se basa únicamente “en eliminar artículos sin tener en cuenta el resto de las legislaciones”. El profesional afirma que “la idea de una reforma de ley tal como hubo en el año 1963 o 1980 (reforma de Ley de Arrendamientos) se basa en reemplazar normas oscuras e insuficientes por unas más contemplativas. La virtud o el destino de una ley es lograr una convivencia pacífica entre todos los miembros de la sociedad en todas las situaciones que se presenten, y claramente esta ley lo único que hace en enfrentar a las partes”.

Sin entrar mucho en detalles ya que la ley es muy amplia, el especialista nos introduce en los contratos de locación, partiendo del Art. 7 del nuevo código -correspondiente al Art. 3 de la anterior legislación-, y explica: “Las nuevas leyes supletorias no son aplicables a los contratos en curso de ejecución, con excepción de las normas más favorables al consumidor en las relaciones de consumo”. Esto significa que hay leyes y normas que no están en el Código Civil pero son explicadas por otras normativas que hay que tener en cuenta, en este caso si tenemos un contrato en curso las nuevas leyes que surjan no van a aplicarse a los mismos.

Como señala Viale, el Código “madre” es el Civil pero luego existen muchos otros que lo complementan, principalmente el comercial, el registral y el de sociedades. Al unir ambos códigos -Civil y Comercial- varios aspectos quedan unidos, por lo que algunos temas se ven atravesados por ambas materias y es, a partir de allí, que surgen las diferencias.

Si hablamos de constituir un contrato de arrendamiento, debemos recurrir a la Ley de Arrendamientos (Nº 13.246) pero también a la Ley de Alquileres (Nº 23.091) porque debería estar de acuerdo con esta también, aunque se especialice luego. Si partimos de esta última, podemos comenzar a ver las diferencias en lo que respecta al plazo mínimo de alquiler. En el Código anterior, el período mínimo era de dos años para contratar una locación urbana y de tres años para los restantes destinos. Lo que debemos suponer es que aquí se incluye el contrato rural, sin embargo, si vamos a la Ley 13.246 se estipula un mínimo de tres años, presentándose así la primera contradicción. “Las grandes empresas luchan para que se prohíba el contrato accidental de un año, pero nunca se habló de dos años, los productores saben que el mínimo es de tres años para lograr un uso y renta adecuados” explica Viale.

En cuanto al plazo máximo, que era de 10 años, ahora pasó a ser de 20 años en locación habitacional y 50 años para otros destinos. Nuevamente tenemos que suponer que aquí se está incluyendo al contrato rural. El abogado aclara: “Estos plazos hay que tomarlos con pinzas y aplicarlos con precaución en cada caso, no podemos hacer firmar a un hombre de 90 años un contrato a favor de su hijo por 50 años, en este caso hay que firmar el consentimiento del resto de los coherederos”.

Uno de los temas más cruciales es el del precio. Según el Código Civil es “cierto y en dinero” ¿pero qué ha cambiado aquí? El Artículo Nº 765 dice: “La obligación es de dar dinero si el deudor debe cierta cantidad de moneda, determinada o determinable, al momento de constitución de la obligación. Si por el acto por el que se ha constituido la obligación, se estipuló dar moneda que no sea de curso legal en la República, la obligación debe considerarse como de dar cantidades de cosas y el deudor puede liberarse dando el equivalente en moneda de curso legal”. Esto se traduce en que si el contrato se fijó en otra moneda que no sea el peso (generalmente dólares) se puede transformar en pesos según la cotización vigente (por supuesto no aclara si dólar oficial o paralelo).

Por otra parte, el Artículo Nº 766 establece como obligación del deudor la de entregar la cantidad correspondiente de la especie designada, lo que significa que si se fijó en dólares debe saldarse la deuda en la misma moneda. “¡Fenomenal incoherencia!”, exclama Viale, y agrega: “¿Qué nos respondió el ´legislador´ cuando preguntamos sobre esto? Lo resolverá la jurisprudencia” (conjunto de decisiones de los tribunales sobre una materia determinada, de las cuales se puede extraer la interpretación dada por los jueces a una situación concreta ). Significa que se puede estar hasta 12 años esperando, ver que sucedió en cada caso y de esta manera definir cuál de los dos artículos es el aplicable.

Como nadie va sentarse a esperar esto, lo que podemos aplicar es el “valor producto”. Los productores lo conocen y es bastante funcional, se utiliza el equivalente en pesos de QQ de soja, de maíz, kilos de novillos, litros de nafta, siempre rogando que ninguno de estos baje.

“Otro ítem de la ley que no se tiene en cuenta en los contratos de arrendamiento es la resolución anticipada. En esta época tan complica de precios, clima, políticas, más de uno puede querer ´saltar del barco´. Si utilizamos la del contrato de locaciones observamos que hay una ´multa´ de un mes y medio, cuando se resuelve el contrato después de seis meses”, comenta Viale. Y se interroga: “¿Pero cómo lo aplicamos al arrendamiento rural donde los pagos generalmente son semestrales? ¿Dividimos por mes? ¿Y si pagamos adelantado? Otro tema que los legisladores dejaron ´al azar y buena suerte´ del que use estos contratos.”

De esta manera el profesional resumen los aspectos más importantes, pero no por ello los únicos. Seguiremos estudiando y brindándoles la información necesaria a medida que se vaya poniendo en práctica, “no hay otra manera de entender lo inentendible”.

Autor: Prensa Marca Líquida Agropecuaria

Claves para sembrar en campo alquilado

¿Trabajar en campo de terceros es un salto al vacío? Para buena parte de los productores la pregunta no tiene nada de exagerado y es su principal causa de insomnio. No hay dudas de que en las condiciones que impone el actual modelo económico, el riesgo a asumir no puede ser más alto. El interrogante sobre si sembrar es equivalente a tirarse al vacío se presenta después de haber concluido una de las campañas más decepcionantes de la historia: haber logrado rindes de excepción para perder plata o salir hechos. “En abril estábamos muy optimistas ya que habíamos logrado rendimientos de soja jamás esperados. Pero cuando terminamos de hacer las cuentas nos dimos cuenta que los 4000 kilos promedio eran equivalentes en ingresos a los 2700 kilos de la campaña anterior, donde perdimos el 17% del capital de trabajo. Y como los costos de flete y cosecha son superiores el quebranto que se viene para esta campaña será aún mayor. Estamos comenzando a cosechar el maíz tardío y de los 900 pesos la tonelada que hoy vale, el 68% se lo lleva el flete y la cosecha.”, razona Edgar Ramírez que trabaja desde hace años en campos del sur cordobés. Conclusión: ya no hay resto y la próxima campaña se juega en el mismo límite de la supervivencia empresaria.

Con el capital de trabajo seriamente afectado y con un horizonte en el que sobra la incertidumbre buena parte de los productores que siembran en campos de terceros están evaluando la continuidad de su negocio. Sin embargo, hay factores sobre los que todavía hay márgenes de maniobra como para acotar sustancialmente el riesgo de la actividad y seguir apostando. Los grupos CREA están trabajando sobre este tema y han identificado cinco aspectos claves: 1. Flexibilidad y creatividad en la negociación de los alquileres; 2. Prudencia en la financiación; 3. Aplicar un paquete tecnológico defensivo; 4. Tener muy presente el impacto fiscal; 5. Aumentar la seguridad del negocio tomando seguros de precios y climáticos.

En definitiva, todo apunta a tomar el riesgo de sembrar después de haberse blindado con una estrategia defensiva y muy conservadora.

 

1. Tecnología en su justa medida

La aplicación de la tecnología jugará un papel decisivo siempre teniendo en claro que la gran perdedora de la próxima campaña será la rotación. En algunos campos lo único rentable será la soja. “Es la primera vez que soy infiel a mi profesión. Siempre defendí la rotación, el buen cuidado del suelo y la fertilización. Pero la economía me ganó. Por primera vez voy a sembrar 89% de soja y 11% de maíz”, confiesa Agustín Braun que desde hace diez años alquila un campo en Teodolina, en el sur santafecino.

La utilización de insumos deberá ser conservadora en el sentido de aplicarlos en los umbrales en los que se tiene certeza de seguridad de respuesta. Julio Lieutier, asesor del CREA Seguí-La Oriental, del norte de Buenos Aires, indica que “quien decida hacer maíz debería aplicar la dosis de fósforo estrictamente necesaria para que ese nutriente no sea limitante de los rendimientos”. No recomienda aplicar para “subir” el contenido de nutriente en el suelo en esta campaña. Para el norte de Buenos Aires, ese umbral es 20 partes por millón.

Con respecto a nitrógeno, para muchos campos de esa zona, las curvas de respuesta indican que una dosis segura para la actual relación insumo-producto, sería 120 kilos por hectárea entre lo provisto por el suelo más el agregado por fertilización. Dosis mayores corren el riesgo de no ser rentables si el clima no acompañara, según el técnico. En materia de híbridos, será necesario elegir uno que combine alto potencial con estabilidad porque no pueden correrse riesgos de humedad a la siembra.

Sacar el pie del acelerador de la tecnología deberá realizarse con un criterio netamente profesional. De otro forma se pueden pagar costos demasiado altos. Atrasos y menos control de malezas e insectos puede generar daños que terminen por consumir la rentabilidad de los cultivos.

 

2. Financiar y repartir el riesgo

La mayoría de las empresas terminan esta campaña con la lengua afuera. Sin resto y algunas cargando un endeudamiento significativo. Para seguir en el negocio lo aconsejable es recalcular la dimensión del negocio y de las hectáreas trabajadas. Se impone saber si “nos da el cuero” y conocer con exactitud cuánto es el capital disponible para la operación. Recostarse excesivamente sobre los bancos y las tarjetas de crédito agropecuarias puede llegar a convertirse en un dolor de cabeza.

A pesar de esto la expectativa por una devaluación juega fuerte en la decisión de tomar financiamiento. Los que apuestan por una corrección del atraso cambiario durante el transcurso de la campaña enfrentarán el pago de cuentas con cheques diferidos y pagos a cosecha. Como la incertidumbre es mayúscula, teñida por el proceso electoral, están también los productores que observan a esta operación como excesivamente riesgosa. Una tasa del 30% anual en pesos puede convertirse en una tasa real muy alta si el tipo de cambio se ajusta menos. “Endeudarse para desarrollar un cultivo de grano grueso que promete renta nula o negativa es sinónimo de entrar en una espiral descendente difícil de frenar”, razona Santiago del Solar, miembro del CREA 30 de agosto-Mari Lauquen.

En este sentido y con la idea de repartir riesgos y encontrar nuevas fuentes de negociación algunas empresas han logrado acuerdos con agronomías locales para asociarlas en las siembras.

Y las que también se han adaptado a esta campaña tan crítica son algunos semilleros y empresas de insumos que están ofreciendo herramientas financieras atractivas para que el productor invierta en tecnología de punta.

 

3. Alquilar de acuerdo al contexto

El primer consejo si se está pensando en alquilar un campo para trabajar es: compre mucha yerba mate y ármese de bastante paciencia. “Para que las partes asuman la nueva situación de precios y márgenes se necesita de muchas horas de mate para madurar el problema”, opina Santiago del Solar. Los dueños de los campos vienen de diez años de un modelo de contratos que tendrán necesariamente que flexibilizar. No será fácil porque ellos tampoco están en una situación cómoda por las subas del impuesto inmobiliario, la tasa vial y Bienes Personales además del costo de vida.

A lo que se apunta es flexibilizar las posiciones y encontrar un esquema win win donde todos ganan. Al respecto, para esta campaña se está negociando bajo una multiplicidad de alternativas que combinan los pagos en quintales fijos y variables según el rinde. “Los alquileres que se negocian en quintales fijos quedaron para los mejores campos del país donde los rendimientos son de 4000 kilos de soja y 12000 kilos de maíz. En el resto, hay que pensar en volver a los contratos a porcentaje y además, utilizar una tablita para definir cuál será ese porcentaje. El campo que valía 15 quintales, hoy no debería pagarse más de 10 quintales, y aquellos que valían 10 o 12 quintales, podrán pagarse 6 o 7 quintales”, agrega Willy Villagra director de Open Agro que siembra en campos de terceros.

En lotes más marginales de Entre Ríos se llegó a pactar acuerdos con un piso de cinco quintales por hectárea de soja a cuenta del 20% del rinde. En otros casos se establecen al comienzo los aportes de cada parte y luego se reparten los beneficios de manera proporcional. “En años críticos como estos, la flexibilidad y la confianza deben ser la base de la relación entre propietarios y arrendatarios”, afirma Gerardo Chiara, asesor de los CREA Alberdi y Bragado.

 

4. Seguros para clima y precios

Como parte de una estrategia defensiva para sembrar en campos de terceros se deberá analizar detenidamente la conveniencia de tomar seguros climáticos y de precios. Es una forma efectiva de disminuir los riesgos.

Aunque se deberá sacar bien las cuentas sobre las primas a pagar de los seguros climáticos, contra granizo o los seguros multirriesgo, lo cierto es que hay campos y zonas donde estos se justifican plenamente. Máxime en un año con probabilidad de ocurrencia del fenómeno El Niño.

Con respecto a la estrategia de comercialización, Julio Lieutier recuerda que es necesario tener hechos los cálculos de “precio de dolor”, es decir, el precio al cual cada cultivo permite nivelar costos con ingresos, si se obtienen los rindes de tendencia. Con ese dato, habría que estar atentos para capturar las oportunidades que ofrezca eventualmente el mercado en las próximas semanas. La idea es no quedar expuestos a los vaivenes de las cotizaciones de los granos. Es muy peligroso quedar expuestos a un final abierto sin haber tomado coberturas de precios.

Para disminuir los riesgos de tomar préstamos en pesos y acotar la tasa de interés algunos productores están cubriéndose con operaciones del Rofex, asegurándose una devaluación del 26,76% a julio de 2016.

Y por último, siempre está vigente la alternativa de diversificar los cultivos, aunque exista un fuerte consenso que la soja volverá a ser el cultivo con mayores posibilidades de renta positiva. Tanto el trigo como el maíz son los cultivos que tienen más para ganar de modificarse el actual esquema de retenciones y permisos de exportación. Quienes busquen la diversificación sembrando cultivo de nicho como pueden ser la arveja o la chía deberán analizar bien los contratos comerciales y el estado de oferta y demanda de estos mercados.

 

5. La lupa en los costos fiscales

Cuando la suerte de la campaña se define con márgenes muy estrechos vale tomar en consideración aspectos que antes se pasaban por alto. Por ejemplo, los saldos de IVA a favor pueden quedar como saldos irrecuperables en el tiempo. Esto ocurre cuando la cosecha no acompaña y se producen pérdidas. En estos casos el IVA no se puede recuperar al liquidar el impuesto a las ganancias. De más está decir que en una situación de pérdida tampoco se podrá recuperar el 2,5% de la retención de ganancias que se realiza en la venta del grano. En definitiva, al no haber ganancias estos saldos quedarían como un costo, pero un costo que no se tuvo en cuenta al plantear los números del cultivo.

Por su alto costo de implantación, protección y transporte el cultivo del maíz es el que más riesgo tiene de dejar saldos a favor irrecuperables. La soja al ser un cultivo más barato y rentable tiene menos posibilidades que el Fisco termine inmovilizando el capital de los productores.

Un tema a estudiar detenidamente y que en principio evitaría alguno de estos costos fiscales es el canje de insumos por granos. Es una alternativa que pueden utilizar sólo los productores que tengan grano disponible. El crédito de IVA a facturar por el proveedor de insumos se produce recién en el momento que recibe la entrega del grano. Por lo tanto se produce una compensación automática de los IVA de compra y venta.

Y en otro orden pero con el mismo concepto de cuidar hasta el último centavo habrá que prestar atención al manejo de la chequera en lo que hace al impuesto al cheque. Todo lo que se puede ahorrar en esta campaña de márgenes muy exiguos termina sumando en forma decisiva.

 

Autor: Félix Sammartino

Fuente: La Nación

Mercado de la tierra, clave en la producción

En los últimos 20 años el precio de la tierra en la zona núcleo pampeana aumentó aproximadamente cinco veces, pasando de U$S 3.000 a más de U$S 15.000 por hectárea. Los arrendamientos siguieron una tendencia similar: en la zona núcleo se pasó de unos 8 quintales de soja la hectárea a mediados de los años 90, a 20 quintales en los últimos años. Sin embargo, con precios de granos a la baja y costos crecientes esta tendencia se ha revertido parcialmente con precios de alquileres en alrededor de 15 quintales la hectárea.

El mercado de alquiler de tierras también ha crecido notablemente: más del 60% de la producción agrícola se hace hoy sobre tierras arrendadas. Esta tendencia a una mayor separación entre la propiedad y el control de la tierra es frecuente en la agricultura moderna. Por ejemplo, en el “cornbelt” de los Estados Unidos la proporción de tierra cultivada bajo alguna forma de arrendamiento es similar a la observada en la pradera pampeana. En general, un mercado de alquiler de tierras dinámico y competitivo introduce importantes incentivos para un uso eficiente de los recursos.

Sin embargo, muchos analistas identifican en el mercado de tierras una injustificada extracción de rentas por parte de los propietarios. Debe notarse que cuando un factor tiene una oferta fija (o casi) como la tierra, un aumento de su precio no induce mayor producción, a diferencia de lo que ocurre con otros recursos. Por lo tanto, sus propietarios perciben los aumentos de precio como una renta que no exige ninguna producción adicional. Esto lleva a la idea de que la obtención de rentas por parte de los propietarios no cumple ningún rol social relevante.

Este argumento es erróneo: cuando los propietarios alquilan sus tierras a quienes pagan más por ellas implica que estas personas son las que más valoran el recurso para su uso productivo. En la Argentina existen numerosos contratistas y operadores que compiten en el mercado de tierra y esto permite no solamente la producción agrícola, sino también algo que es mucho más importante: la correcta asignación de los distintos factores variables (trabajo, capital, conocimiento, insumos) a cada producción específica. Es decir, el funcionamiento del mercado de tierra permite no solo producir sino también decidir de manera eficiente qué producir en cada campo.

Esto es fundamental para comprender la dinámica de los precios en el mercado de tierras. Cuando un contratista quiere producir en tierra arrendada debe asignar recursos variables y remunerarlos en condiciones de competencia. Entonces, al ingreso total calculado le debe descontar esta remuneración y el excedente estará disponible para el pago de renta. Los operadores más eficientes en el uso de recursos tendrán menores costos, y serán entonces quienes tendrán mayor excedente y capacidad de pago de renta. En consecuencia, el factor tierra captura en el largo plazo las mejoras de precios de los productos y las ganancias de productividad por mejoras tecnológicas. Si la tierra no se asigna con base en el precio no hay forma de identificar eficientemente a los mejores productores.

El mercado de tierras puede ser visto entonces como un sofisticado mecanismo de selección que permite identificar a los productores que maximizarán el valor social de los recursos disponibles. Al mismo tiempo, permite seleccionar a aquellos propietarios que también están en condiciones ser productores eficientes, ya que la competencia en el arrendamiento los informa sobre el verdadero costo de oportunidad de su tierra. En síntesis, el mercado de tierras y su funcionamiento debería ser valorado como un elemento clave para explicar el exitoso comportamiento de la producción y la productividad del sector agropecuario argentino en las últimas décadas.

 

Autor: Daniel Lema, economista, investigador del Instituto de Economía del INTA y profesor de la UCEMA.

 

Los márgenes brutos en soja de primera apenas alcanzan para pagar alquileres

El Departamento Guía Estratégica para el Agro (GEA) de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) procedió a analizar los ingresos, costos y márgenes brutos que podría llegar a presentar el cultivo de soja de primera en la zona núcleo, suponiendo un esquema productivo de alta tecnología con un buen rinde de 35 quintales por hectárea.

Las conclusiones que obtuvieron del análisis realizado se sintetizan seguidamente:

– Con un rinde de 35 quintales por hectárea en soja de primera, el “margen bruto” del productor es negativo cuando se alquila. Pasa a ser positivo cuando se trabaja en campo propio y no existe el peso de la locación.

– El cultivo de soja de primera registra tres erogaciones que tienen un fuerte peso para el productor: insumos, flete corto/largo y el alquiler.

– Los insumos se llevan -en el ejemplo analizado- el 20% de los ingresos brutos del productor (rinde por precio final de la soja). Como insumos sumamos las erogaciones en concepto de semilla, fertilizantes, herbicidas, insecticidas y fungicida.

– El flete corto y largo -cuando el campo se encuentra a una distancia de 180 km. de las terminales portuarias y para este esquema productivo- se lleva el 13% de los ingresos brutos del productor. Pero si analizamos un campo en Avia Terai (Chaco) a 835 km. del Gran Rosario, el peso del flete largo camionero se eleva considerablemente hasta alcanzar el 23% de los ingresos brutos del productor.

– Si el alquiler asciende a 16 quintales de soja por hectárea en la zona núcleo, esta erogación se lleva el 47% de los ingresos brutos del productor de soja de primera.

– El rinde de indiferencia -en este caso particular- que permite pagar alquileres de 16 quintales de soja por hectárea y tener un margen bruto igual a cero asciende a 37,5 quintales por hectáreas.

– Hay que tener presente que no se computaron en el análisis los impuestos que debe pagar el productor con dicho margen bruto (inmobiliario rural, tasa vial, impuesto a las ganancias, impuesto a los bienes personales, el impuesto al valor agregado irrecuperable, impuesto a los débitos y créditos bancarios, etc.) ni los gastos de estructura, los cuales pueden ser muy dispares de un campo a otro y en función del tipo de administración y la escala.

Las conclusiones obtenidas vuelven a confirmar la necesidad de debatir sobre la importancia que tienen los insumos, fletes y los valores de los alquileres en el negocio de la soja en zona núcleo. Ni que hablar de los derechos de exportación que en soja ascienden al 35% y que de no existir permitirían cubrir perfectamente todos los costos y tener un margen bruto positivo de consideración. En la zona núcleo más del 60% de la producción agrícola se hace bajo arrendamiento, razón por la cual el costo del alquiler de la tierra reviste una gran importancia al analizar el negocio. La caída de los precios internacionales, la gran presión impositiva junto al progresivo aumento de costos de siembra, configuran un escenario que sigue presionando los alquileres a la baja. También es importante destacar el alto riesgo de un negocio al aire libre, donde las amenazas del clima y de los factores bióticos son cada vez más extremos. En la presente campaña los pronósticos climáticos acompañaron hasta el momento al desarrollo del cultivo, pero el control de malezas resistentes desató una importante incidencia en los costos. El productor argentino se encuentra frente al desafío de una compleja ecuación económica financiera con el propósito de permanecer en la actividad.

El escenario N°1 analizado contiene los siguientes supuestos:

– Se simula la actividad de un productor que utiliza un paquete tecnológico de punta en la zona núcleo GEA-BCR, con muy buena semilla. La inversión en fertilización y aplicación de herbicidas e insecticidas es óptima.

– Se supone un buen rinde de 35 quintales por hectárea.

– El precio a cosecha se estima en 235 U$S la tonelada, valor similar al registrado en el mercado físico de la Bolsa de Comercio de Rosario el miércoles 18 de febrero pasado para la soja condición fábrica con entrega en Puerto General San Martín o General Lagos, forward con entrega en marzo 2015.

– El productor trabaja bajo esquema de arrendamiento pagando 16 quintales de soja. Ocho quintales al inicio de la campaña (junio 2014) y otros ocho quintales al finalizar la misma.

– Se estima una erogación para siembra de $420 por hectárea.

– Se computaron 4 pulverizaciones por un valor de $50 por hectárea.

– Las erogaciones por labores de cosecha ascienden al 8% sobre el ingreso bruto.

– La distancia desde la chacra a las terminales portuarias se ha estimado en 180 kilómetros (flete largo). El flete corto (chacra a acopio/cooperativa) es de 20 km.

– Se aplicaron las tarifas de transporte que publica FADEAAC (Federación Argentina de Entidades Empresarias del Autotransporte de Cargas) al mes de diciembre de 2014. Para el viaje de 20 km. la tarifa asciende a $74,85 la tonelada. Para el viaje de 180 km, el flete es de $224,38  la tonelada. Estos valores pueden llegar a aumentar al momento de cosechar y de actualizarse la tarifa del transporte camionero.

– No se han computado gastos de secada.

– La supuesta comisión del acopio asciende al 2% y la intervención del corredor es del 1%.

– Se contrata un seguro para granizo, el cual asciende al 2% sobre un rinde de 30 quintales por hectárea.

– No se computa en el análisis los costos impositivos que tendría que sufragar este productor ni los gastos de estructura.

Escenario N° 1 (1)

 

Como puede observarse en el cuadro del Escenario N°1, con un precio de mercado de U$S 235/tn., el ingreso bruto asciende a U$S 822 por hectárea. Deduciendo el total de costos que asciende a 860 U$S/ha (gastos de implantación -labores e insumos- por U$S 254/ha, los de cosecha y seguro por U$S 80/ha, los de comercialización que incluyen fletes por U$S 137 y el costo del arrendamiento por U$S 388), el margen bruto en soja de primera es negativo en U$S 38,20 por hectárea. Sin arrendamiento, en campo propio, el margen bruto pasa a ser positivo con un registro del orden de los 350,68 U$S por hectárea.

Es importante volver a resaltar que no estamos computando en nuestro análisis los impuestos que debe pagar el productor con dicho margen bruto (inmobiliario rural, tasa vial, impuesto a las ganancias, impuesto a los bienes personales, el impuesto al valor agregado irrecuperable, impuesto a los débitos y créditos bancarios, etc.). Tampoco estamos incluyendo dentro de las erogaciones a los gastos de estructura, los cuales pueden ser muy dispares de un campo a otro y en función del tipo de administración y la escala.

En consecuencia, como puede observarse en el escenario N°1 y con un rinde de 35 quintales por hectárea, no queda margen positivo cuando se alquila. La otra conclusión importante es el enorme peso que tienen tres erogaciones concretas en el negocio. Ellos son: los insumos, el flete corto y largo y el alquiler. Veamos:

  1. a) Los insumos se llevan el 20% de los ingresos brutos del productor (rinde por precio final de la soja). Aquí estamos computando semilla, fertilizantes, herbicidas, insecticidas y fungicida.
  2. b) El flete corto y largo -cuando el campo se encuentra a una distancia de 180 km. de las terminales portuarias y para este esquema productivo- se lleva el 13% de los ingresos brutos del productor. Con un simple ejemplo cuantifiquemos el peso que alcanza este rubro en campos ubicados en el Noroeste y Noreste argentino a casi 800 Km de distancia de los Puertos del Gran Rosario. Por ejemplo, un campo en Avia Terai (Chaco) a 835 km. de Rosario. La tabla de fletes camionero indica un valor de 525$ por tonelada, lo cual representa aproximadamente 55 U$S por tonelada. Si en esa zona se obtienen 25 quintales por hectárea de soja, la erogación por el flete largo asciende a 139 U$S la tonelada. Si los ingresos brutos de este productor ascienden a 587 U$S (surge de multiplicar 2,5 toneladas de soja por hectárea por un precio de 235 U$S/tn), el flete largo camionero representa el 23% de los ingresos brutos de este hipotético productor.
  3. c) Si el alquiler asciende a 16 quintales de soja por hectárea en la zona núcleo, esta erogación se lleva el 47% de los ingresos brutos del productor de soja de primera.

Se trata de cifras muy significativas que impactan de manera importante sobre “los números del productor” en este cultivo.

Escenario N° 2 (2)

 

Finalmente en el escenario N°2 -y en el marco de este esquema productivo de alta tecnología- se intentó determinar el rinde de indiferencia para pagar alquileres de 16 quintales de soja por hectárea. Como podemos observar en el cuadro respectivo, dicho rinde estaría ubicado en los 37,5 quintales de soja por hectárea; cifra por demás de significativa. Recordemos que se trata de un planteo donde se utiliza semilla de calidad, óptima fertilización y adecuado tratamiento de cultivos en un campo que está ubicado a 180 km. de los puertos. Para otros planteos productivos y en otras condiciones, el rinde de indiferencia puede llegar a ser inferior.

 

Fuente: Bolsa de Comercio de Rosario

Caerán los arrendamientos de campos para sembrar

Se aproxima un grave panorama para el sector según un estudio de CREA. ¿Qué papel juegan las malezas?

Los arrendamientos de campos a terceros para la campaña agrícola que viene, 2015-2016, caerán en forma abrupta porque generan pérdida de dinero, tanto para la siembra de granos finos como gruesos.

Así se desprende de una investigación que realizó la revista de Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola (CREA).

El agravante de esta percepción que ya comenzó a materializarse con la negativa a renovar el arrendamiento en algunas localidades, es que esta modalidad de producción es la que prima en la agricultura argentina: los dueños arriendan a contratistas por diversos motivos.

En diálogo con NA, Jorge Latuf, coordinador General del Movimiento CREA consideró que el escenario es complicado al reducirse el volumen del negocio: “Los precios de los granos están más baratos en pesos que son prácticamente los mismos que hace un año lo que trae una pérdida de poder adquisitivo”.

Los arrendamientos comienzan a pactarse después que se cosechan el girasol y el maíz, recolección que arranca en febrero y marzo cuando ya se arreglaban los contratos para arrendar campo a fin de sembrar la fina, trigo y cebada en su mayoría.

“Ocurre que hubo una baja en dólares, los costos suben, los márgenes cada vez son más chicos y los arrendamientos se sustentan en un escenario futuro en que los negocios no cierran y los precios de los alquileres van a ser diferentes, más bajos y por lo tanto será difícil la negociación”, indicó Latuf a NA.

En los últimos años mucha gente arrendó los campos, pero la inflación produce curiosas sensaciones por ejemplo se pacta a 10 quintales la hectárea, pero el dueño del campo tiene la sensación que pierde el 40 por ciento y pide una suba que quien va a arrendar no puede afrontar, al contrario necesita disminuir el valor.

Así en el horizonte se presenta una negociación muy cara y difícil, los dueños deberán achicar sus pretensiones, los fletes suben, los transportistas pretenden cobrar más para hacer frente también al alza de sus costos.

El coordinador de CREA opina que va a haber un proceso de baja en el valor de arrendamiento y probablemente muchos no consigan quién se lo alquile para sembrar.

Latuf recordó un caso ocurrido en Salta durante la actual campaña 2014-2015 cuando un propietario agropecuario difundió que ofrecía “gratis” su campo para quién quisiera trabajarlo y evitar así el deterioro del terreno que se llenaría de malezas, entre otros efectos negativos de un parate productivo.

La situación económica del agro potencia los lugares seguros respecto de los costos, por ejemplo se favorecen las zonas más cercanas a los puertos, porque tienen que abonar menos flete.

Por lo tanto, hay lugares en los que ya se volvió a la ganadería y se dejó de lado la agricultura marginal porque ésta no es rentable: “La gente empieza a achicarse, reducen el riesgo que asumen”, añadió Latuf.

El panorama se complica porque en los últimos años, en los cultivos sobre todo el de soja, se multiplicaron las malezas resistentes a herbicidas que antes se las controlaban con 40 o 50 dólares la tonelada, ahora el arrendatario va a gastar 100 dólares en hacerlo.

En tanto, en 2014 gran parte de los acuerdos de alquileres pactados en quintales de soja por hectárea se negociaron con un precio esperado a cosecha (mayo de 2015) del orden de 290 dólares la tonelada. Se trata de una cifra 50 dólares la tonelada superior a la vigente en la actualidad.

“Algunos arrendatarios ya avisaron al propietario en este mes de enero que no van a renovar el alquiler cuando terminen de cosechar. Por más alto que sea el rinde, con los precios actuales se pierde dinero en campo arrendado”, explicó Diego Hugo Pérez, asesor de los grupos CREA Gálvez y Las Petacas.

Agregó que “en el caso del trigo, ni siquiera se ganó dinero en campo propio con un rinde de 4500 kilos por hectárea por los bajísimos precios del cereal”.

Según el análisis, los únicos esquemas capaces de resistir la actual coyuntura son los asociativos ajustados por productividad, riesgo que no todos están dispuestos a asumir.

La semana terminó con el triunfo de Federación Agraria de la bandera de “la segmentación” ya que logró que el Banco Nación diera marcha atrás en una circular que impedía el financiamiento a los productores que retuvieran soja.

Ahora el BNA financiará a los sojeros que hayan producido hasta 600 toneladas y que tengan acopiados el 10 por ciento del grano, y por otra parte el Gobierno se comprometió a intentar que se pague al productor de trigo el mismo precio que gana el exportador que le compra el cereal a 950 pesos la tonelada y lo vende a 1500 pesos.

En esta negociación no estuvo presente la Mesa de Enlace y fue un logro absoluto de la FAA que, como explicó su presidente Omar Príncipe, fue gracias a los pedidos de audiencia al Banco, las movilizaciones y el no “haber bajado la agenda de la segmentación”.

 

Fuente: El Tribuno