Maíz y sorgo en situación crítica

Los cultivos de maíz y de sorgo atraviesan una situación crítica que podría ser revertida con pocas medidas.

En estos días se debate cuál va a ser la superficie destinada al cultivo de maíz y de sorgo en la próxima campaña. El interrogante no es menor, ya que las distintas estimaciones indican una intención de siembra con tendencia a la baja.

Pareciera que con la expectativa que genera el cambio de gobierno las fichas estarían puestas en los maíces de segunda o tardíos, cuando se conozcan las medidas que podrían tomarse para el campo y la economía.

Con pocas medidas, el próximo gobierno (y este también) podrían revertir la caída y lograr que el área de maíz y de sorgo se mantenga o incluso se acreciente.

Para comprender esta situación deben analizarse por un lado los ingresos obtenidos y por el otro los costos de producción. Para comprender los ingresos, recordemos que estos se componen de rendimiento por precio. Los rendimientos de maíz de la campaña que está terminando están en niveles records gracias a que, a pesar de los problemas, el productor y su planteo agronómico lograron desarrollar el cultivo con el más alto nivel de tecnología y profesionalismo.

Pero, a nivel local el precio del maíz recibe un castigo que surge de los derechos de exportación y los ROEs. Los precios artificialmente bajos del mercado interno se potencian con la gran cosecha de maíz y sorgo lograda a nivel mundial, que llevó el precio internacional de estos granos a la baja. A igual distancia del puerto, en Argentina el productor percibe alrededor de 80 dólares por una tonelada de maíz mientras que en Brasil le pagan 115 dólares y en Estados Unidos 150 dólares.

Por lo tanto, para mejorar los ingresos, la solución que debería aplicar el Poder Ejecutivo es la rápida eliminación de los ROEs y todas las trabas que existen para exportar maíz, sorgo y todos los productos de su cadena de valor.

También deben eliminarse los derechos de exportación para todos los productos de la cadena. Está demostrado que son el impuesto más distorsivo que se puede aplicar a cualquier economía y que tienen como consecuencia la destrucción de la capacidad productiva.

Por el lado de los costos, es la primera vez en décadas que el costo del flete es el principal para una hectárea de maíz. Se calcula que a una distancia de 170 km del puerto, el transporte de un maíz de alto rendimiento cuesta más de 450 dólares por hectárea, mucho más que el alquiler o que la suma de todos los insumos.

Un componente importante del costo del transporte es el precio del gasoil, por el cual pagamos 1.5 dólares por litro, mientras que en Brasil y Estados Unidos ronda los 0.7 dólares. Los valores de las cubiertas para camiones también son altísimos, en nuestro país se paga alrededor de 1000 dólares por una cubierta, mientras que en Brasil y Estados Unidos cuestan alrededor de 400 dólares.

Los repuestos y el mantenimiento de la maquinaria agrícola también tienen un costo muy superior al de nuestros competidores en el mercado, como muestra podemos ver los precios de las cubiertas de los tractores 23.1 30, que en la Argentina valen alrededor de 2000 dólares, más del doble que en Brasil y en Estados Unidos.

Además, las trabas a las importaciones, sumado al problema del tipo de cambio, encarecen el costo de los insumos de base importada. Muchos importadores tienen que pagar su mercadería en dólares al contado y deben importar sin saber cuándo van a poder pagar al exterior. En síntesis, tenemos los costos más altos del mundo con los precios de granos más bajos del mundo.

El nuevo gobierno tiene la oportunidad de iniciar su mandato con una enorme cosecha de maíz y de sorgo, que se traduciría en mayor generación de empleo genuino y en un importante ingreso de divisas al país generadas por la exportaciones de maíz, sorgo y productos de su cadena de valor. Pero para ello es indispensable que se anuncien ya estas simples medidas que permitirían elevar los ingresos y bajar los costos.

 

Fuente: Maizar

Un grupo de expertos brinda consejos de manejo clave para la gruesa

Especialistas en plagas, malezas y enfermedades adelantan cuáles serán los principales desafíos agronómicos de la campaña 2015/16, amenazada por la baja rentabilidad y por la incertidumbre que genera el cambio de gobierno.

De acuerdo a los pronósticos, la campaña de cultivos de verano que se avecina contará con abundantes lluvias. En ese marco, y en un año difícil económicamente para los agricultores, ajustar el manejo agronómico a las condiciones ambientales será aún más importante que de costumbre.

“Lo primero que tiene que tener en claro el productor es que la maleza hoy modifica el costo productivo; por lo tanto, hay que contemplarla en el sistema de toma de decisión”, subrayó el Ing. Agr. Luis Lanfranconi investigador del INTA y docente de la Universidad Católica de Córdoba.

Por malos que sean los pronósticos, Lanfranconi llamó a no bajar la inversión en tecnología en los lotes con alta infestación de malezas. “Ese ahorro circunstancial puede significar un dolor de cabeza para los próximos cinco años; no sería conveniente que en un lote muy complicado con sorgo de Alepo o yuyo colorado o chloris, se piense en ahorrar plata, porque no se va a terminar de solucionar el problema y, además, lo potenciaría para los años siguientes; sería un error garrafal tratar a todos los lotes como un promedio”, explicó.

El especialista recomendó hacer el diagnóstico y tomar las decisiones lote por lote. “Hoy hay respuestas tecnológicas para algunos de los problemas que tenemos; sale mucho más caro pero hay solución. Entonces, aquellos lotes complicados hay que abordarlos con la tecnología disponible y no tratar de ahorrar plata ahí”, insistió.

Si las condiciones ambientales son buenas para el desarrollo de los cultivos, este año “las plantas van a tener un buen porte y van a sombrear el suelo rápidamente; eso implica que el mismo cultivo va a ser un aliado en el control de las malezas. Entonces, hay que jugar lo más que se pueda para que se cierre el surco muy rápido y así evitar hacer aplicaciones de repaso posteriores”, indicó Lanfranconi.

Además, aconsejó arrancar con lotes limpios usando herbicidas preemergentes. “Valen el doble que los postemergentes pero terminan siendo baratos; con un buen emergente que permita que el cultivo nazca limpio y se mantenga así los primeros 45 días, si cierra el surco rápido, se convierte en competidor importante para las malezas”, afirmó el investigador.

En cuanto a fechas de siembra, recordó que las mejores en la Pampa Húmeda siempre fueron las tempranas porque presentan un mayor potencial de rendimiento, pero aclaró que si hay problemas serios de malezas, habrá que modificarlas para impactar más sobre su desarrollo.

Por caso, en Córdoba hoy predominan las fechas de siembra tardías y “para la problemática de yuyo colorado está fantástico, porque cuanto más atrasemos el cultivo y controlemos temprano, acorralamos al final de ciclo a la maleza y le ganamos”, aseguró Lanfranconi.

Las enfermedades también merecen atención. “Hay problemas económicos y políticos, con lo cual el productor está indeciso, ansioso, angustiado, y tiene que tomar decisiones para un futuro que es desconcertante para él. En este contexto, mi primer mensaje es que no se olviden de la técnica, si van a dedicarse a la producción”, advirtió el ingeniero Marcelo Carmona, especialista de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires.

Carmona recomendó a los productores “que no se retrasen en las aplicaciones, que no bajen las dosis y que usen los productos efectivos”, y llamó a insistir en el monitoreo, por ser el único procedimiento que indica el momento preciso para actuar. “Es probable que tiendan a querer utilizar menos dosis o retrasar la aplicación del producto porque hasta último momento les cuesta tomar la decisión, pero eso finalmente les va a traer mucho más perjuicio”, advirtió.

De acuerdo a los pronósticos, el año tendrá condiciones predisponentes para enfermedades reguladas por temperaturas invernales moderadas y posteriores lluvias, incluso hasta el final de ciclo de la soja. Por eso, Carmona llamó a “estar alerta especialmente en híbridos de maíz susceptibles a tizón; en soja por la aparición de enfermedades de fin de ciclo; en trigo con la roya, especialmente la roya negra que empieza a ser un desafío importante; y en cebada con ramularia, controlando el estrés oxidativo que pudiera ocurrir”.

Las plagas también merecerán atención, en una campaña de gruesa que estará atravesada por un cambio de gobierno, lo cual genera incertidumbre respecto de las políticas agropecuarias que vendrán. Pero “la idea es decirle a los productores que no piensen en esta campaña sino en el manejo que van a hacer de acá a cinco años: hoy te piden que los ayudes a salir del paso, porque es muy difícil lograr que hagan un manejo integrado de plagas y malezas en este contexto”, lamentó Roberto Peralta, experto en Protección Vegetal de la Universidad Católica de Córdoba.

“Hoy, para muchos la política es no tener política de manejo porque los números no cierran y por la incertidumbre de no saber hacia dónde vamos”, señaló. Pero hizo una seria advertencia: “Vamos camino a tener grandes problemas de resistencia de plagas; la gente no entiende que el presente de malezas es el futuro de plagas; aunque aún no está publicado, la resistencia de plagas está, hay investigadores que ya lo han evaluado”.

Según aseguró Peralta, spodotera frugiperda, la cogollera del maíz, es resistente a algunos eventos. “En Brasil se publicó y el año pasado lo vimos en el campo, hay una diferencia terrible en el control que había al principio y el que se logra ahora”, consideró. Para el ingeniero, si las prácticas de manejo no se modifican y la tendencia continúa, de acá a dos o tres años “habrá una gran sorpresa de resistencia, lo cual es muy preocupante, porque no hay alternativas al control y en un contexto de monocultivo será muy difícil de manejar”.

Este año, si abundan las lluvias, los problemas no vendrían de la mano de las defoliadoras sino de las chinches en soja. “Eso me preocupa, porque como las chinches aparecen al final del cultivo, a veces los productores se relajan, les da la sensación de que ya está todo desarrollado y es allí cuando más daño pueden causar”, indicó Peralta.

La toma de decisiones de manejo para la campaña de cultivos de verano pinta difícil, no solo por las condiciones particulares del año, sino por un proceso que se arrastra de larga data. “Técnicamente, el monocultivo de soja nos ha puesto muy chatos los últimos quince años, y esto se está agravando cada vez más, porque ya ni siquiera tenemos maíz: este año se ha reducido en un 50% la superficie estimada de siembra a nivel país y el trigo prácticamente no existe. Es una situación realmente muy complicada para el manejo agronómico”, finalizó Peralta.

 

Fuente: Clarín Rural

Inundaciones: derribando mitos y aclarando dudas

¿Por qué nos inundamos? ¿Cómo se puede prevenir? ¿Qué pasa con nuestros suelos? La Siembra Directa ayuda a prevenir las inundaciones. Conceptos para conocer y redescubrir sus beneficios.

Las consecuencias de los excedentes de agua que hoy vivimos vuelven a alertarnos sobre el uso y cuidado del suelo.

Esta es una de las mayores preocupaciones que Aapresid (Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa) intenta poner en primer plano, al punto que el último congreso que realizó en Rosario “Biosapiens, la Era del Suelo” puso el eje en las Buenas Prácticas Agrícolas como premisa fundamental para una agricultura que preserva los recursos naturales y que puede ayudar a evitar los problemas que sufrimos en estos días.

La Siembra Directa es la técnica que dio origen a esta institución y que revolucionó el campo y la agroindustria en el país. La aplicación de este método ayuda a prevenir inundaciones. ¿Por qué?

María Beatriz “Pilu” Giraudo, presidenta de Aapresid, explica que este método ayuda a evi​tar escurrimientos de agua e inundaciones. Este sistema que no remueve el suelo y lo mantiene cubierto con residuos de la cosecha anterior mejora las condiciones para amortiguar la caída de la lluvia y “hace que el suelo se convierta en una esponja que absorbe y guarda el agua de lluvia”.

Según el Ing. David Roggero, directivo y miembro de la Regional Laboulaye, “este sistema permite un mejor y más rápido movimiento del agua y el aire a través de los poros del suelo. Al no mover la tierra, los poros son más grandes y estables que en la agricultura tradicional”.

El Ing. José Luis Tedesco,  miembro de la Regional Aapresid Chacabuco, explica quela aplicación de la Siembra Directa en el tiempo, fomenta la creación de pequeños canales internos en el  suelo por acción de insectos, lombrices, raíces y raicillas formando una especie de  `túneles`  que permiten la absorción, infiltración y almacenaje del agua de lluvia”.

Por ende, una duda que suele aparecer queda aclarada. La siembra directa NO es un factor que provoque inundaciones, sino por el contrario contribuye a que esto no suceda.

Los suelos desnudos (sin cobertura) y desmenuzados por el efecto de las labranzas (de la antigua agricultura) son los que se impermeabilizan apenas comienza la lluvia, acumulan agua en superficie y comienzan a escurrir perdiendo agua y suelo.

 

Buscando soluciones

Roggero aclara que la técnica disminuye la probabilidad de que ocurran, pero no es por sí sola la solución definitiva.

“Pilu” Giraudo advierte que “la capacidad de cada suelo tiene un límite”. Por tal motivo, es fundamental contar con obras para el manejo de los excedentes de agua que deben ser planificados a nivel de cuenca y construidos desde el lugar más bajo (que recibe agua) hacia el más alto (que vuelca agua). En general  son obras interprovinciales.

Las decisiones políticas firmes para llevar a cabo las obras deben tomarse antes de que lleguen los desastres. Por ejemplo: atender a las alteraciones de las cuencas, planificación urbana ante las edificaciones, control de canales, obras de dragado adecuado, etc. El Ordenamiento Territorial es clave para esta planificación anticipada.

El Ing. Leandro Ventroni, del sistema Chacras de Aapresid, explica que el problema es agro-hidrológico y se deben plantear soluciones integrando medidas que contemplen infraestructura básica (mantenimiento y mejora de caminos, mantenimiento de vías férreas y protección de ciudades y pueblos); infraestructura hidráulica (canales de drenajes primarios y secundarios, sumados a obras de almacenamiento y regulación de excedentes en bajos naturales y lagunas); sumado a medidas de manejo de suelos y cultivos.

Es necesario que el estado provincial posea un Ordenamiento Territorial que permita utilizarlo de NORMA para la producción agropecuaria.

 

Hacia el fondo del problema: posibles factores

Tedesco, de Aapresid Chacabuco, contextualiza la problemática. El actual modelo productivo con la aplicación de Derechos de Exportación, que comenzó luego de la crisis de 2001 y se profundizó con la aplicación de alícuotas de ese impuesto cada vez más elevadas, hasta llegar a los actuales 35% para la soja, 32% para el girasol, 23% para el trigo y 20% para el maíz, sumado a la aplicación de ROE’s (Registro de Operaciones de Exportación) que limitan las exportaciones de trigo y maíz, dejaron como única alternativa viable el cultivo de soja. Así durante la campaña 2014/15  en  Argentina este cultivo ocupó más de 20 millones de hectáreas.

“Recordemos que el problema no es la soja, sino que exista su monocultivo, es decir, que se realice año tras año este cultivo de manera prácticamente única”, aclara Tedesco.

Las abundantes precipitaciones que sufrimos en este contexto nos empujan a un “desastre  productivo, ambiental y agroecológico con un doble daño y que en parte se podría evitar. Por un lado,  el desaprovechamiento de toda esa agua que podría haberse transformado previamente en producción, y por el otro, el efecto negativo directo de estos desbordes sobre las poblaciones y cultivos, con pérdidas directas irrecuperables.

“Pilu” Giraudo, también señala como variable que potencia este problema a las políticas públicas desacertadas de los últimos años que favorecieron al monocultivo sojero en detrimento de otros cultivos. “La soja consume aproximadamente 600 mm de agua en todo su ciclo, por lo tanto, mucho menos de lo que ​llueve durante todo el año en la mayoría de los lugares que se siembra”.

“Los productores lo venimos advirtiendo desde hace mucho tiempo. Por ejemplo, hemos pedido que se destraben las intervenciones que impiden que sembremos trigo, para poder consumir más agua y tener suelos más productivos”. Además de ser el trigo un cultivo básico para la alimentación.

Y otro factor desencadenante de inundaciones que destaca Giraudo son los ciclos climáticos que se repiten a lo largo de los años, acentuados últimamente por los efectos del cambio climático. “Lamentablemente esta adversidad que presenta la naturaleza se profundiza por la falta de obras hidráulicas apropiadas (realizadas con planificación anticipada y/o haciendo mantenimiento)”.

 

¿Qué es la Siembra Directa?

La Siembra Directa es la práctica de cultivar la tierra sin ararla previamente y con la presencia de una cobertura permanente del suelo, vía cultivos y rastrojos de cultivos anteriores.

​“Es una herramienta que cambió miles de años de historia de cómo hacer agricultura”, destaca Giraudo. Y detalla de qué manera la siembra directa cambió el paradigma de la agricultura. Antes se hacían labores con maquinaria que año tras año deterioraban los suelos y cuando llovía, los impermeabilizaba. Con la Siembra Directa se deja al suelo cubierto con residuos de los cultivos, luego pasa una sembradora que hace dos líneas: una línea que permite dejar a la semilla en contacto con el suelo y otra lateral para dejar los nutrientes que necesita ese cultivo. Esta “cobertura” protege al suelo de la lluvia, de los vientos, de temperaturas extremas, etc. Estos residuos alimentan el suelo a medida que son descompuestos por los microrganismos. Se copia a la dinámica de la naturaleza”, resume la presidente de Aapresid.

Los beneficios:

  • ​Con la cobertura que protege el suelo se amortigua la caída de agua de lluvia, se puede absorber más, almacenar en el suelo y cederla a los cultivos cuando la necesitan. Así el suelo se hace más permeable. Al no alterarlo con las labranzas, se mantienen los canales y poros que hacen las raíces y microvida en el suelo. Así se favorece no solo la absorción, almacenaje y movimiento de agua sino también de aire. Esto promueve que los microorganismos vayan descomponiendo los restos de cultivo (rastrojos) y raíces que mejoran la fertilidad del suelo. ​
  • La Siembra Directa acompañada de un conjunto de Buenas Prácticas Agrícolas, permite producir sin degradar el suelo, mejorando sus condiciones físicas, químicas y biológicas. Además logra hacer un uso más eficiente del agua. Así, la Siembra Directa logra niveles productivos altos en armonía con el ambiente.
  • ​La Siembra Directa lidera un paquete tecnológico que conforman las Buenas Prácticas Agrícolas​ (no remoción y cobertura de suelos, rotación y/o alternancia de cultivos, reposición de nutrientes, manejo integrado de plagas, malezas y enfermedades, uso responsable de fitosanitarios) que, mantenidos juntos en el tiempo garantizan la producción de alimentos y energías, cuidando el suelo, el agua, el aire y la salud humana promoviendo la biodiversidad.
  • ​También la agricultura en Siembra Directa es una herramienta fundamental para combatir el calentamiento global (responsable del cambio climático) porque reduce las emisiones de gases nocivos para la atmósfera​ ​por menor uso de maquinaria (o sea de combustible de origen fósil).​

 

Fuente: Aapresid

Soja: Argentinización del cultivo de la soja en la “década ganada”

Voy a tratar de explicar la “argentinización del cultivo de la soja”: cómo un cultivo que hace 10 años era rentable, por las malas políticas del Gobierno Nacional –aunque él la defina como “década ganada”- en 10 años se convirtió en un cultivo con márgenes finales negativos.

Aumento de los costos:

El primer factor por lo que este cultivo hoy no es rentable es por el enorme aumento en dólares (cuadro 1) que tuvieron los costos. Si observamos el porcentual de aumento de cada uno, los que tienen mayor incidencia por ejemplo el gasoil  – costo de labranza, flete, infraestructura- son los que lideran dicha incremento, por lo que concluiremos que el aumento se debió básicamente por el incremento del “costo argentino”.

 

Cuadro 1

Costo labranza (U$S/ha) (1) Costo insumo (U$S/ha) Costo cosecha (U$S/ha) Costo flete y comercia-lización (U$S/ha) (2) Costo infraestructura (U$S/ha) (3) Costo impositivo (U$S/ha) (4) Total costo (U$S/ha)
2003/04 42,2 101,9 41 66,8 20 80,4 352,3
2004/05 26,1 98,7 60,1 82,4 20 82,3 369,6
2005/06 47 102,3 43,9 74,6 20 98,1 385,9
2006/07 46,6 101,3 44,1 72,4 30 99,2 393,6
2007/08 51,9 107,1 52,1 87,1 30 105,4 433,6
2008/09 63,2 160,6 91,5 150,3 50 111,8 627,4
2009/10 74,6 136,2 55,6 120,7 60 132,4 579,5
2010/11 82,7 116,5 59,3 127,1 60 135,6 581,2
2011/12 96,1 131,1 81,7 156,3 60 138,9 664,1
2012/13 116,7 144,9 84,3 181,9 70 151,1 748,9
2013/14 121,4 148,3 86,5 182,8 70 167,9 776,9
2014/15 126,7 163,9 72,4 192,3 80 183,3 818,2
Aumento 220,00% 62,00% 80,00% 190,00% 300,00% 126,00% 133,00%

Para confirmar la incidencia del costo argentino, vamos a tomar como ejemplo el “costo de labranza”, ya que el mismo para la soja siempre fue de 2 UTA – cada UTA equivale a 45 litros de gasoil-. El tema es que el litro de gasoil en el año 2004 estaba a U$S 0,49 por lo que valor de las 2 UTA era de  U$S 44, hoy al estar el litro a U$S 1,33, las 2 UTA nos dan un valor de U$S 119,70. Esto coincide con el aumento que tuvo el costo de labranza.

Si analizamos cuanto aumentó ese combustible en otros países productores importantes de soja (cuadro 2), observaremos que Argentina tuvo el mayor aumento con un 172%, siendo segundo Brasil nuestro competidor directo en producción de soja en Sudamérica, pero con menos de la mitad de incremento que tuvo la Argentina.

 

Cuadro 2

País Valor año 2004 (U$S/lt) Valor Año 2015  (U$S/lt) Aumento
Brasil 0,49 0,89 81 %
Bolivia 0,40 0,51 27 %
Paraguay 0,51 0,88 66 %
Estados Unidos 0,57 0,76 35 %
Argentina 0,49 1,33 172 %

Si a estos costos donde tiene gran incidencia el valor del combustible- costo de labranza y flete-  los corregimos por el aumento de Brasil, ¿cuál sería el costo por hectárea en Argentina?

En este caso (cuadro 3), el valor del costo por hectárea bajaría de U$S 818,20 a U$S 696,88.

 

Cuadro 3

Costo labranza (U$S/ha (1) Costo insumo (U$S/ha) Costo cosecha (U$S/ha) Costo flete y comercialización (U$S/ha)(2) Costo infraestructura (U$S/ha)(3) Costo impositivo (U$S/ha)(4) Total costo (U$S/ha)
2003/04 42,2 101,9 41,0 66,80 20 80,4 352,3
2014/15 76,38 163,9 72,4 120,90 80 183,3 696,88
Aumento 81  % 62 % 80 % 81 % 300 % 126 % 97 %

Este escenario hace que cambie el rinde de indiferencia en el cultivo de la soja (cuadro 4) pasando  de los actuales 38 qq/ha a tan solo 32 qq/ha.

 

Cuadro 4

Con aumento del “costo argentino” Corrigiendo el aumento al incremento de Brasil
Valor de la soja (U$S/tn) 215 215
Costo (U$S/ha) 818,20 696,88
Rinde de indiferencia (tn/ha) 3,8 3,2

 

Baja del valor de la soja por el aumento de la presión impositiva

Si analizamos que pasó con el precio de la soja en estos últimos 10 años (cuadro 5), observaremos que mientras el precio de Chicago aumentó un 12%, en Argentina bajó un 5%. Esto se debe a que las retenciones –última columna- sufrieron 3 modificaciones,  pasando de de un 23,5% a un 35%.

 

Cuadro 5

Precio Chicago (U$S/tn) Diferencia(U$S/Tn) Valor pizarra Rosario (U$S/tn) Diferencia (U$S/tn) Retenciones
2004 303 303 226 226 23,50%
2005 234 12,00% 165 – 5 % 23,50%
2006 227 165,7 23,50%
2007 283 196,6 27,50%
2008 489 344 35,00%
2009 422 279 35,00%
2010 349 223 35,00%
2011 498 325 35,00%
2012 521 317 35,00%
2013 542 325 35,00%
2014 546 310 35,00%
2015 340 340 215 215 35,00%

Lo interesante sería saber qué valor tendría la soja, si la presión impositiva de esta campaña fuera igual a la de hace 10 años. En este caso observaríamos que el valor de la soja (cuadro 6) pasaría de 215 U$S/tn  a 255 U$S/tn

 

Cuadro 6

Precio Chicago (U$S/tn) Diferencia(U$S/Tn) Valor pizarra Rosario (U$S/tn) Diferencia (U$S/tn) Retenciones
          2004                 303             303                226,0          226 23,50%
          2005                 234             12 %                165,0         12 % 23,50%
          2006                 227                165,7 23,50%
          2007                 283                212,2 23,50%
          2008                 489                366,7 23,50%
          2009                 422                279,0 23,50%
          2010                 349                316,5 23,50%
          2011                 498                373,5 23,50%
          2012                 521               390,75 23,50%
          2013                 542               406,50 23,50%
          2014                 546               409,50 23,50%
          2015                 340            340               255,0          255 23,50%

 Y esto también modificaría el rinde de indiferencia con los actuales costos (cuadro 7) pasando de 38 qq/ha a 32 qq/h.

 

Cuadro 7

Con el 35 % de retenciones Con el 23,5 % de retenciones
Valor de la soja (U$S/tn) 215 255
Costo (U$S/ha) 818,20 818,20
Rinde de indiferencia (tn/ha) 3,8 3,2

 

Conclusiones:

Si le sacaríamos el componente “argentino” –aumento de los costos en dólares superior a otros países productores y mayor presión impositiva- al cultivo de la soja ¿habría hoy rentabilidad?

Si combináramos la baja de los costos actuales por el costo corregido –modificando el costo de labranza y flete por el porcentual de aumento del gasoil en Brasil- y tuviésemos las misma presión impositiva que en el año 2004 (cuadro 8), observamos que el rinde de indiferencia baja de 38 qq/ha a 27 qq/ha, un rinde sin duda donde el cultivo de la soja –el promedio de producción de este año fue de 30 qq/ha- vuelve a ser nuevamente rentable.

 

Cuadro 8

Situación actual Corrigiendo costo y presión impositiva
Valor de la soja (U$S/tn) 215 255
Costo (U$S/ha) 818,20 696,88
Rinde de indiferencia (tn/ha) 3,8 2,7

 

Autor: Ing. Agr. Néstor Eduardo Roulet

Rendimiento agrícola en el norte cordobés: cifra récord aunque menos rentabilidad

El Ing. Agr. Carlos Arnold, asesor técnico de la Sociedad Rural de Jesús María, habló en una entrevista sobre la fuerte caída de los granos y la necesidad de diversificar la producción, entre otras temáticas abordadas.

Carlos, ¿cómo fue la cosecha de soja en el norte provincial durante esta última campaña?

– La cosecha fue récord. Lejos, la mejor cosecha de los últimos años. Desde el año 2000 que no teníamos estos rindes tan parejos y un promedio tan alto. El promedio en la zona estuvo entre los 40 y 44 quintales y el pico de rendimiento fue de 50. Sin embargo, el ingreso por hectárea fue menor que el año pasado. Hace un año, se llegó a vender el quintal de soja a $2.500; hoy se está vendiendo a $1.500, $1.450 dependiendo el valor del flete. Es mucho menor el ingreso por hectárea.

¿A qué pensás que se debe esta reducción de ingresos por hectárea?

– El problema es la caída de los precios internacionales. Al existir sobreoferta, no va a haber mejoras en el corto y mediano plazo. Sí puede haber una mejora temporal entre noviembre y diciembre. En esos meses, las aceiteras y demás compradores suelen quedarse sin stock y pagan un poco más. Ahí puede haber un suba de 5 a 10 dólares por hectárea.

¿Al productor le conviene guardar su cosecha hasta noviembre entonces?

– Pasa que no es mucha la diferencia; depende de cada situación. Hay gente que no puede especular porque no tiene la posibilidad directamente. Además, el costo financiero es prácticamente el mismo. Por eso, lo importante es tener una canasta de productos.

– ¿A qué te referís con tener una canasta de productos?

– El productor debería abarcar varios productos, no solamente soja y maíz. Tener algo de vacas, cerdos, garbanzo, trigo. Si tenés varios productos, podés ir eligiendo qué vender.

– ¿Sugerís ir combinando lo agrícola con alguna actividad ganadera?

– Totalmente. La relación granos/carne es excelente. De hecho, la transformación del maíz en carne vacuna está siendo histórica. Al productor le conviene, porque le permite tener un flujo financiero más parejo. El que solamente hace agricultura tiene un ingreso anualizado y lo tiene que distribuir durante todo el año. En cambio, si combina con ganadería, puede ir comprando, vendiendo y engordando durante todo el año. Eso le posibilitará hacer ventas periódicas y manejar mejor su capital financiero.

– Volviendo a la soja, ¿pensás que la cosecha récord se debió a una mayor superficie sembrada o a que hubo un uso más eficiente de los insumos tecnológicos?

– Yo creo que es una sumatoria de cuestiones agroclimáticas, más todo lo que se viene haciendo en términos de genética y manejo de lotes. Ha sido un año climático excelente ya que hubo mucho mejor radiación en la zona. Durante el anteaño, hubieron muchos días nublados y al no haber demasiada radiación, se produjo una merma de rinde. Este año, en cambio, las condiciones climáticas fueron óptimas.

– Esta sumatoria de factores climáticos, ¿también benefició a la cosecha de maíz en la zona?

– Al maíz se lo empezó a cosechar a mediados de junio. Las expectativas de rinde son mejores que las del año pasado por este tema de la radiación. El anteaño, al contrario, llovió muy seguido y por eso los rindes fueron menores. El exceso de agua no es bueno para el maíz.

– Y en términos de rentabilidad, ¿cómo viene el maíz?

– Aunque los rindes son bastante buenos, el maíz va a pérdida seguro por el bajo precio que tiene hoy por hoy. O sea, está totalmente deprimido por los valores internacionales. Los productores van a perder plata o van a salir hechos en el mejor de los casos. Lamentablemente es así, por más que los rindes sean altos.

– ¿A qué te referís con esto?

– Que en la actualidad el maíz no vale nada. Para que te des una idea: producir hoy una tonelada de maíz te cuesta $3.600 y llevarla al puerto, $3.500. O sea, todo lo que vos invertís para producir, lo terminás perdiendo en flete. Por tonelada, el productor pierde $400 en transporte y sólo le queda $450, $500 de ganancia. No es nada.

– Con respecto al trigo, ¿ya empezó a sembrarse en la zona?

– Sí, ya empezó. Sin embargo, no es mucho lo que se sembró. Se frenó por la falta de lluvias en el mes de mayo. Si hubiese habido más precipitaciones, los productores estarían más estimulados al asegurarse buenos nacimientos.

 

El garbanzo como cultivo alternativo

– Carlos, ¿qué otro cultivo de invierno se sembró en la zona además del trigo?

– Se ha sembrado bastante garbanzo y hay buenas expectativas. Hoy por hoy, es el único producto que te permite tener un margen de ganancias, siempre y cuando te salga todo bien. El garbanzo tiene algunas complicaciones en la cosecha.

– ¿Cuáles son las complicaciones que presenta esta legumbre?

– El garbanzo se vende por calidad, no por cantidad. Puede pasarte que tengás todo listo y justo te llueva en los días en que estás por cosechar. Se pudre y pierde calidad. Más allá de eso, hoy hay muy buenas expectativas puesto que India tuvo una mala cosecha y sale a comprar nuestro garbanzo. En ese sentido, la demanda está firme.

– ¿Son muchos los productores de garbanzo en la región?

– Sí, son muchos. Por más que haya gente que le fue mal por cuestiones climáticas, hay garbanceros que hace años vienen haciendo un 20, 30% de superficie de invierno.

Fuente: Sociedad Rural de Jesús María

Suelo: un top 5 para cuidarlo y generarlo

Top five alertas

​1-​ El 20% de la superficie mundial cultivada está tan erosionada al punto de ser abandonada. Cada año, millones de hectáreas se vuelven improductivas. Ocurre por diversos factores, entre ellos, la práctica de una agricultura tradicional (basada en labranzas intensivas).

2- Menos del 3% del agua del planeta es dulce y el 70% de ella se necesita para la agricultura mundial.

3- La agricultura con labranzas le quita al suelo materia orgánica. Es el componente fundamental para mantener su fertilidad y sus propiedades vivas.

4- La biodiversidad está amenazada por la intervención de la mano del hombre.

5- En el 2050 la población alcanzará los 9 mil millones de habitantes y se teme que el planeta no pueda dar respuesta a esa demanda.

 

La propuesta para cuidar y generar suelo

La Siembra Directa es un punto de partida crucial dentro de las Buenas Prácticas Agrícolas:

1- Disminuye​ la erosión de los suelos en más del 90%.

2- Contribuye a reducir en más del 70% la evaporación directa del agua del suelo. Mejora su infiltración, almacenaje y eficiencia de uso por parte de los cultivos.​

​3- Reduce el 60% de emisiones de gases de efecto invernadero por disminución de labranzas. La siembra directa favorece el secuestro de carbono en el suelo, resultando una de las herramientas más efectivas para disminuir el calentamiento global.

4- Ayuda a recuperar la biodiversidad en suelos deteriorados, mantenerla y mejorarla asemejándola a los suelos naturales, aunque nunca en su totalidad. Los suelos albergan una cuarta parte de la biodiversidad del planeta.

5– Argentina y los países limítrofes del cono sur lideran el desarrollo de sistemas de producción de alimentos, fibras y energías basados en la siembra directa y Buenas Prácticas Agrícolas que permiten dar garantía de producción en cantidad y calidad. Al mismo tiempo que se mantienen los suelos vivos y fértiles.

El 7 de julio se celebra el Día Nacional de la Conservación del Suelo, establecido en 1963 por decreto de la Presidencia de la Nación en memoria del Dr. Hugh Hammond Bennett, investigador estadounidense que trabajó en una constante búsqueda de la preservación de la integridad del recurso natural suelo, cuya importancia es vital para la producción agropecuaria e inspirador para los pioneros de la adopción de la siembra directa en Sudamérica.

Este año el festejo se amplifica con la consagración de FAO como “Año Internacional de los Suelos”.

El suelo es un sistema dinámico y complejo. Su función no es sólo la de servir como soporte mecánico para el crecimiento de las plantas, sino que también es el medio a través del cual éstas toman el agua y los nutrientes que necesitan para su desarrollo.

En los primeros centímetros del suelo se concentra la mayor proporción de aire, agua, microorganismos, materia orgánica y por ende, de vida. El suelo es uno de los ecosistemas más complejos de la naturaleza.

 

Tres días para pensar en lo urgente

El XXIII Congreso Aapresid, “Biosapiens, la era del suelo” se realizará entre el 5 y el 7 de agosto en Rosario. Reunirá a expertos nacionales e internacionales que expondrán sobre los últimos avances científicos y tecnológicos para la comunidad agroalimentaria. A tono con el Año Internacional del Suelo, se abordarán distintas problemáticas a través de múltiples formatos: paneles, simposios, talleres, experiencias, espacios políticos, salas de intercambio, etc.

 

Fuente: Aapresid

Las buenas prácticas en los silobolsas

Ricardo Bartosik, técnico del INTA, describe los problemas más comunes que encuentra el productor y da consejos para garantizar el éxito. 

En los últimos años, la utilización de los silobolsas como medio de almacenamiento de granos trajo una solución a la producción agrícola. Desde su irrupción a mediados de la década del ’90, se convirtieron en una alternativa frente a la crisis que produjo la quiebra de acopios y una opción económica al alcance del productor.

Ricardo Bartosik, técnico del INTA Balcarce, brindó una exhaustiva charla en el Consejo de los Profesionales del Agro, Agroalimentos y Agroindustria (Cpia), donde dio fundamentos del almacenamiento en silobolsa, además de las buenas prácticas que garanticen el éxito.

“Las principales características del silobolsa que favorecen la conservación de los granos son la capacidad de intercambiar calor con el ambiente, lo cual evita el autocalentamiento de la bolsa y la hermeticidad. Cuando se logra mantener una hermeticidad suficiente se modifica la atmósfera intergranaria hasta tal punto que se minimiza la actividad biológica (actividad de hongos, insectos y la propia semilla), mejorando la conservación”, concluye Bartosik, en base a ensayos realizados sobre el almacenamiento en silobolsa de trigo, maíz, soja, girasol, colza, cebada, arroz, maíz pisingallo y porotos, entre otros.

El silobolsa es un sistema de almacenamiento que tiene como particularidad el hermetismo. Posee una medida estándar de 60 metros de largo y 2,47 metros de diámetro, su capa plástica es de 230 micrones, constituido en una triple capa y cuenta con la capacidad de contener unas 200 toneladas de maíz, trigo o soja. En los últimos 8 años, se estima que se han almacenado de 35 a 40 millones de toneladas de granos por año.

Vale desmenuzar los distintos actores que intervienen en el proceso. “Grano, insectos, hongos y otros microorganismos respiran, consumiendo componentes del grano y O2 del medio ambiente, y liberando al medio ambiente intersticial CO2, agua y calor”, detalla Bartosik.

La concentración de oxígeno y dióxido de carbono es el resultado de la respiración y de la tasa de intercambio de gas con el exterior. “En grano seco suele darse una concentración de O2 de entre 10 y 18%, mientras que la de CO2 es de 3 a 10%. En grano húmedo disminuye de 2 a 5% en O2 y el CO2 aumenta de 15 a 25%”, cuenta. “Para obtener beneficios se necesita menos de 4% de O2 para limitar la actividad macrobiológica, o más del 20% de CO2, esto último relacionado a limitar los insectos. Esto dependerá del nivel de hermeticidad (perforaciones, mal sellado), la humedad del grano (cuanto más húmedo, más rápido alcanza ese nivel), la temperatura del grano, y de acuerdo en donde estemos ubicados”, agrega.

A partir de estas consideraciones, Bartosik establece plazos donde pueda mantenerse a salvo la cosecha: “En el grano seco, con una humedad relativa de equilibrio debajo del 65%, no hay efectos negativos en la calidad durante 6 meses si la bolsa se mantiene en buenas condiciones. En el caso del grano húmedo, si hubo clima frío hay de uno a tres meses de almacenamiento seguro, porque limita la actividad microbiana. En los meses de mayo, junio y julio va a haber 12 grados de temperatura y no habrá problema porque está en una heladera”, afirma. Y agrega: “Cuando las temperaturas empiezan a levantar en primavera, ahí tengo que ir pensando en desarmar la bolsa. En clima cálido no tengo chances, apenas un mes de almacenamiento seguro o incluso menos”.

¿Cuál es el límite para que no se eche a perder? “Cuando la temperatura de grano supera los 18/20 grados es una situación que se complica mucho porque es el límite de desarrollo de insectos. Empiezan a estar activos y, además, los hongos entran en el rango óptimo de desarrollo”, explica.

Bartosik enumera algunas consideraciones a tener en cuenta antes y durante el embolsado. Sobre el terreno afirma que “tiene que ser alto, nivelado, con cerco perimetral y una ligera pendiente para evitar anegamientos y riesgo de roturas”. Además, recomienda mantenerlo lejos de las malezas y rastrojos, de las cortinas de árboles y ser preventivo con los roedores y animales peludos.

El sellado es determinante. “Uno de los problemas comunes, además de las bolsas anegadas o rotas por malezas o animales, suelen ser los cierres deficientes. Tiene que estar herméticamente cerrada y para eso es que tiene que estar bien sellada”, comenta el técnico del INTA. Un mal cierre de la bolsa o una rotura pueden causar la estratificación de humedad y en consecuencia el deterioro del contenido.

Advierte que tampoco debe abusarse de su uso: “Debe haber una correcta disposición de las bolsas. Hay que ponerlas siempre de a dos y evitar grandes grupos”.

 

Autor: Agustín Monguillot

Fuente: Infocampo

Afirman que el campo podría generar 500.000 nuevos puestos de trabajo en 4 años

En el campo dicen que tienen que darle una buena noticia al resto de la sociedad. Creen que en cuatro años podrían generar no menos de 500.000 puestos de trabajo directos e indirectos en granos, carne, lácteos y economías regionales. Sostienen que para llegar a esa cifra deberían dejarlo hacer lo que mejor sabe: producir.

Ésa es la principal conclusión de un trabajo elaborado por economistas de la Fundación Argentina para el Desarrollo Agropecuario (FADA) que se presentó ayer en la Cámara de Diputados en un encuentro organizado por la Fundación Barbechando, entidad dedicada a vincular productores con legisladores.

Según el informe, esa cantidad de nuevos puestos de trabajo podría abrirse si se eliminaran o redujeran los derechos de exportación a los cultivos, se terminara con el control de las exportaciones vía ROE y se reintegrara el IVA, entre otras medidas.

“El 35,6% de los trabajadores está ocupado en las cadenas agroindustriales”, dijo Ernesto O’Connor, economista de FADA. Esto incluye tanto a los que cosechan frutas en la Patagonia, por ejemplo, como a los que fabrican sembradoras en La Pampa gringa, pasando por los camioneros que transportan ganado o los que envasan bebidas. “En forma directa e indirecta hay 2,7 millones de trabajadores que pertenecen a la agroindustria”, estimó el economista.

O’Connor se lamentó de que en los últimos años creciera sólo el empleo público. Sostuvo que en 2006 había 2,5 millones de personas que trabajaban para el Estado, pero que ese número se elevó a 3,7 millones de personas ocho años después. “No digo que sea malo el empleo público, pero no genera bienes y servicios de calidad, cuando el sector privado no genera empleo se desaprovechan las capacidades del país”, dijo, y añadió: “Al próximo gobierno le van a faltar pesos [porque tiene que bajar la inflación] y dólares, necesitará reactivar las inversiones y la economía”.

Respecto de los cuestionamientos sobre el impacto fiscal que tendría una baja o eliminación de los derechos de exportación, David Miazzo, economista de FADA, dijo que sería compensado por un incremento de la producción de maíz y trigo. Eso, a su vez, aportarían mayor recaudación por Ganancias. Respecto del impacto en los precios de los alimentos derivados de esos cereales, estimó que podrían incrementarse apenas entre 3,28 y 8,83% (carnes) y 5% (pan). “Es poco si se lo compara con el crecimiento de la inflación en los últimos tiempos”, sostuvo.

La presentación del trabajo se hizo frente a una decena de diputados de la UCR, Pro, el Frente Renovador y FE. Entre otros estaban Juan Casañas, Patricia Bullrich, Gilberto Alegre, Christian Gribaudo, Carlos Brown, Cornelia Schmidt Liermann, Myriam Juárez y Federico Pinedo. El único legislador del Frente para la Victoria que estuvo presente, aunque se retiró antes del debate, fue Luis Basterra, presidente de la Comisión de Agricultura de Diputados.

Asistieron también los presidentes de CRA, Rubén Ferrero; de Carbap, Horacio Salaverri; de Acsoja, Rodolfo Rossi, y Asagir, Luis Arias; el vicepresidente de Aapresid, Pedro Vigneau, y directivos de Aacrea y de la Sociedad Rural Argentina, entre otros. También participó el secretario general de la Uatre, Gerónimo Venegas.

Los legisladores firmaron una declaración en la que se comprometieron a trabajar para fomentar políticas públicas que alienten la producción agropecuaria. “El próximo gobierno tendrá que llegar a un consenso con el Congreso”, opinó Gribaudo.

Tras la presentación, los diputados advirtieron que además de impulsar la creación de puestos de trabajo en la agroindustria se debería terminar con la informalidad en el sector.

“Hay 25.000 tareferos [trabajadores de la yerba mate], pero sólo están en blanco 5000”, dijo Schmidt Liermann.

En tanto, Juárez denunció que el Gobierno no acepta la compatibilidad entre el cobro de un plan social y la ocupación en un empleo temporal como los que se ofrecen en las tareas de cosecha. “Hace diez años que lo pedimos, pero la gente, por miedo a perder el plan porque teme no reingresar al sistema, prefiere no trabajar”, dijo la legisladora catamarqueña.

Venegas, por su parte, añadió que el Estado, luego de intervenir el Renatre, no combate el empleo en negro. “Usa la plata para pagarles sueldos a los de La Cámpora”, se quejó el líder de Uatre.

 

Impacto en el crecimiento

  • En el trabajo de FADA se estima que el aumento de los puestos de trabajo en el agro podría darse un tercio en granos, un tercio en carnes y otro tercio en las economías regionales.
  • Por la caída de la producción, los economistas de FADA calcularon que se perdieron 300.000 puestos de trabajo en los últimos cuatro años.
  • Con la eliminación de las trabas, creen que podría aumentar 40% la producción de leche y crecer 12% el stock ganadero.

 

Autor: Cristian Mira

La soja y el maíz se negociaron en alza en la Bolsa de Chicago

Las subas rondaron los 2 dólares; en Rosario la oleaginosa se cotizó a 1900 pesos.

La especulación en torno del clima húmedo en el medio oeste de los Estados Unidos, zona núcleo para la producción de granos gruesos, posibilitó ayer el repunte parcial de los precios de la soja y del maíz en la Bolsa de Chicago. En el nivel local, la oleaginosa se mantuvo estable en los niveles del viernes pasado, en tanto que el cereal se cotizó en baja.

Al cierre de las operaciones en el mercado estadounidense, las pizarras mostraron subas de U$S 2,38 y de 2,18 sobre los contratos julio y noviembre de la soja, cuyos ajustes resultaron de 346,95 y de 338 dólares por tonelada. A las lluvias caídas durante el fin de semana en buena parte de las zonas productoras, se sumó un nuevo pronóstico que anticipa precipitaciones por encima de los registros usuales para los próximos 8 a 14 días.

Con estos datos como argumento, los fondos de inversión especuladores adquirieron unos 5000 contratos de soja, equivalentes a 680.000 toneladas.

Tras el cierre del mercado, el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA, por sus siglas en inglés) relevó ayer la siembra de soja 2015/2016 sobre el 79% del área prevista, por debajo del 86% de 2014 para la misma fecha y del 81% promedio de las últimas cuatro campañas. Además, el organismo ponderó el 69% de los cultivos en estado bueno/excelente, contra el 74% de igual momento del año pasado.

En el nivel local, las fábricas volvieron a proponer $1900 por tonelada de soja con entrega inmediata para las terminales ubicadas en el Gran Rosario, sin cambios respecto del viernes pasado. Por volúmenes más limitados que los adquiridos por las fábricas, los exportadores llegaron a pagar hasta $1920 para la terminal de Arroyo Seco, en tanto que en operaciones para entregas diferidas hacia agosto los compradores llegaron a convalidar $1930 por tonelada.

Las posiciones julio y noviembre de la soja en el Mercado a Término de Buenos Aires (Matba), sumaron U$S 1 y 0,80, mientras que sus ajustes resultaron de 218,30 y de 228,30 dólares por tonelada.

Respecto del maíz, en Chicago los contratos julio y septiembre subieron U$S 1,87 y 2,06, en tanto que sus ajustes fueron de 143,79 y 146,74 dólares por tonelada. Los especuladores adquirieron ayer unos 6000 contratos, equivalentes a poco más de 760.000 toneladas.

El USDA relevó el 74% del maíz estadounidense en estado bueno/excelente, sin cambios respecto de la semana pasada, pero por debajo del 75% vigente un año atrás.

En el mercado doméstico, los exportadores ofrecieron $960 por tonelada para la zona de Rosario, por debajo de los $1000 pagados durante la rueda del viernes pasado. Cabe señalar que en el último tramo de aquella rueda ya los compradores habían reducido sus propuestas a un rango de 950 a 980 pesos.

Las posiciones julio y septiembre del maíz en el Matba bajaron U$S 0,50 y 0,30, mientras que sus ajustes fueron de 106 y de 108,70 dólares.

Acerca del trigo, en la zona de Rosario la exportación volvió a pagar $1240 por trigo de calidad y entre 970 y 990 pesos por cereal condición cámara, sin cambios.

 

Autor:  Dante Rofi

¡A leer las etiquetas!

El empleo de los productos fitosanitarios juega un papel clave en el desarrollo de los cultivos para preservarlos de diferentes enfermedades, plagas y malezas. Con el objetivo de contribuir a una agricultura productiva y sustentable en el tiempo, es fundamental realizar las aplicaciones siguiendo las Buenas Prácticas Agrícolas (BPA); una demanda que hoy proviene desde todos los sectores de la sociedad.

Las BPA comienzan en el momento en que el productor está evaluando la posibilidad de realizar un control fitosanitario de su cultivo. Tras un monitoreo exhaustivo y teniendo en cuenta la biología de la adversidad a tratar así como la etapa fenológica en el cual se encuentra el cultivo, se deberá decidir si es recomendable realizarlo. En el caso que se decida realizar la aplicación, tras la recomendación del profesional actuante, el usuario realiza la compra del insumo que necesita.

Un usuario agroresponsable deberá conocer el producto que está aplicando y todas las indicaciones referidas a su uso, por lo cual debe leer detenidamente la etiqueta o marbete del producto. En Argentina existe una disposición legal que obliga a las empresas que producen o importan productos fitosanitarios a comercializarlos con sus etiquetas correspondientes y es responsabilidad del usuario leerlas, saber interpretarlas y respetar las indicaciones.

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Las etiquetas de los productos fitosanitarios están divididas en cuatro cuerpos o sectores, en donde se vuelca toda la información que se debe comunicar para poder utilizar estos productos.

En la zona inferior e izquierda de la etiqueta se ubica el Cuerpo A, donde se desarrolla toda la información relacionada con precauciones en el manipuleo de los productos; sus recomendaciones para el almacenamiento, primeros auxilios, antídotos y advertencias médicas. Es indispensable leer atentamente esta información ya que nos permite conocer cómo actuar en el caso que ocurra una emergencia o accidente y los teléfonos de los centros toxicológicos donde llamar.

Ubicado en la zona superior izquierda se encuentra el Cuerpo B, donde se detallan los datos propios de la formulación; marca comercial, empresa fabricante, composición química del producto, fecha de vencimiento y su número de inscripción en el SENASA. En este cuerpo es muy importante que el usuario verifique al momento de la compra la fecha de vencimiento y el número de inscripción en el SENASA. Este número garantiza que el producto que se está adquiriendo ha sido habilitado para su venta y ha comprobado ser seguro para su uso y el ambiente bajo las indicaciones de uso.

El Cuerpo C se encuentra ubicado del lado derecho de la etiqueta. Aquí se detallan todas las especificaciones técnicas agronómicas relacionadas al uso del producto; entre ellos se mencionan los cultivos para los cuáles fue registrado su uso, dosis y momentos de aplicación, así como tiempo de carencia y de reingreso, este último si fuese necesario.

La decisión de tratar o no un cultivo dependerá de las conclusiones que se deriven a partir del monitoreo, momento del cultivo y afectación de la plaga; sin embargo la forma de aplicación de un producto específico deberá alinearse a lo expresado en la etiqueta.

Es indispensable conocer las dosis de uso, así como los tiempos de reingreso para asegurarse no entrar al lote o cultivo tratado antes de que el producto se haya degradado. Asimismo, el tiempo de carencia (período mínimo entre una aplicación y el momento de cosecha), garantiza que tras la cosecha del cultivo, los posibles residuos existentes sean mínimos para no generar ningún efecto sobre la salud humana tras su consumo.

Finalmente, existe una última región, el Cuerpo D, donde se visualiza la banda de color, la cual representa la Clasificación Toxicológica del producto. Estas están divididas en 4 clases, las cuales son Ia y Ib (extremadamente peligroso y altamente peligroso, respectivamente) o Banda ROJA, Clase II (moderadamente peligroso) o banda amarilla, Clase III (ligeramente peligroso) o banda azul y Clase IV (normalmente no ofrece peligro), o banda verde.

Aquí también hay una serie de dibujos, llamados pictogramas, los cuales indican los elementos de protección personal (EPP) que se deben utilizar en cada caso, antes, durante y como proceder después de la aplicación.

Todos los productos que se comercializan y que han sido aprobados por el SENASA son seguros para las personas y el ambiente, siempre y cuando se utilicen como se indica en las etiquetas y bajo las Buenas Prácticas Agrícolas.

Por lo tanto, así como cuando tomamos un remedio, recomendado en una receta médica, no lo hacemos sin antes leer las indicaciones cuidadosamente; es muy importante que cada usuario lea e interprete correctamente la información de la etiqueta.

Autor: Ing. Agr. Federico Elorza, coordinador técnico de CASAFE

Fuente: CASAFE