Caminando a ciegas

Nunca el sector agropecuario argentino se enfrentó a tantas incertidumbres. Nunca los productores tuvieron que tomar decisiones trascendentales sin conocer los factores claves del negocio como en esta época.

Un breve repaso sobre cada una de las actividades productivas con origen agropecuario nos pone frente a un rosario de dudas que convierten al proceso productivo en algo parecido a la ruleta -rusa en algunos casos-.

Los precios internacionales de los commodities no ayudan, pero agregaron su cuota de incertidumbre a la hora de vender la producción, en medio de un proceso electoral en marcha que invita a soñar con cambios que podrían mejorarlos.

Atraso y cepo cambiario, restricciones a las exportaciones y retenciones son los principales factores negativos que afectan la rentabilidad de prácticamente todos los rubros agropecuarios.

Con las elecciones a la vista y los candidatos a ganar la carrera entrando en la recta principal, el nivel de incertidumbre se agiganta. ¿Por qué decidir ahora si probablemente el ganador mejore las condiciones actuales?

Seguramente la acumulación de varias campañas con malos resultados no permita agregar 6 meses a la espera por hacerse de recursos, pero todos saben que cualquier cambio que el nuevo gobierno haga será para sumar, incluso en el caso de que el ganador sea tan K como CFK.

Los equipos económicos de los candidatos con posibilidades son muy parecidos. Todos -incluso el que lidera Miguel Bein, principal referente del Sciolismo– reconocen el retraso cambiario y el cepo al dólar como algunos de los principales factores negativos que afectan a los sectores productivos, fundamentalmente a los exportadores.

Todos reconocen que la presión fiscal ha llegado a niveles exagerados que junto a la complejidad del sistema tributario argentino generan un fuerte desaliento a las inversiones.

De una u otra manera los economistas ven en el fuerte déficit fiscal actual a una de las debilidades mayores a las que deberán enfrentarse en caso de convertirse en gobierno.

Finalmente la explosiva mezcla de subsidios al transporte y la energía, el enorme incremento de la cantidad de jubilados, empleados públicos y beneficiarios de planes sociales, cercena las posibilidades de proyectar cambios vertiginosos al nuevo gobierno que asumirá con la espada de Damocles del descontento social que generaría cualquier tipo de reducción de beneficios.

Para completar el panorama, la conflictividad que las paritarias salariales están generando, seguramente dejará para la próxima administración la difícil tarea de reacomodar los mínimos no imponibles del impuesto a las ganancias y los gravísimos retrasos que acumula la AFIP en la devolución del IVA a los agricultores y los exportadores.

La tarea que tendrá el equipo económico del candidato ganador será titánica y cada uno de los cambios que genere impactará de una u otra manera en los resultados de las empresas agropecuarias en particular, y en las economías regionales en general. Todos esperan ansiosos algunas definiciones que echen algo de luz sobre el futuro cercano y permitan planificar de forma más o menos racional los próximos años productivos.

El gran dilema se presenta a la hora de pedir definiciones ya que ningún candidato quiere usar términos que puedan “piantar votos”. Casi ninguno se atreve a prometer quita de retenciones o beneficios impositivos para los productores y mucho menos hablar de devaluación. Cualquiera que se atreva a decir abiertamente que tomará este tipo de medidas automáticamente se convierte en “gorila, facho y antipopular”, según la definición que los medios K -que no son pocos- hacen permanentemente frente a este tipo de políticas económicas.

En medio de todo lo que la política nos da y nos quita, los plazos de los vencimientos siguen corriendo, a los insumos hay que pagarlos y el dueño de la estación de servicios ya va cortando “el fiado” si no aparecen la plata.

Todos sabemos que vender hoy es asumir como mínimo que se pierde una buena parte de los precios, ya sea que se trate de cereales, carne o frutas nadie recibe el mejor precio posible. No incluimos en el listado a los tamberos porque ellos no reciben el mejor precio posible hace años y en ese caso en particular la pérdida que acumulan se suma mes a mes.

No es mucho lo que se puede hacer pero resulta indispensable, a la hora de pensar en el futuro, seguir trabajando para conseguir definiciones de parte de quienes nos gobernarán pronto, hacer conocer la realidad de nuestros sistemas productivos y quejarse a viva voz. El resto se hará caminando a ciegas.

 

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