Ya no es por las retenciones
Las retenciones ya no son el eje de la protesta. Si bien su modificación fue el detonante de la protesta agraria, hoy son sólo uno más de los tópicos que movilizan al interior de la Argentina.
Los brillantes economistas de la administración K consiguieron poner en primera plana de los diarios algunos temas sobre los cuales no se habló jamás en este país.
Todos los que nos dedicamos al antiguo oficio de la agricultura, conocemos con lujo de detalles los qué, cómo y cuánto de las retenciones, pero el común de la gente no. ¿Cómo que esa plata no se coparticipa? ¿Cuántos miles de millones? ¿Cuántas escuelas se pueden hacer con esa plata? ¿Juan suspendido?, ¿cómo puede ser si trabaja en una metalúrgica? Miles de preguntas nuevas. Miles de preguntas que los agricultores respondemos a diario. Miles de respuestas que están volcando la opinión pública de los pueblos a favor del campo.
A ningún integrante de los equipos de elite de la corte se le ocurrió pensar que muchas mentiras tienen “patas cortas” y que, por ejemplo, no es cierto que la agricultura “sojizada” no genera empleo. Genera tanto empleo que hoy, un verdadero desfile de intendentes pasa por la Casa Rosada a contar su verdad. Hasta la Unión Industrial dio señales de alerta. No se olvide el lector que cuando en la Argentina se vende un auto menos de lo esperado, se desata una crisis sin precedentes que, inevitablemente, termina con el Estado subsidiando a las fábricas, porque si suspende Ford o Renault es importante, pero si suspende Mainero o Metalfor no…
Durante los primeros días del paro, sólo parecía importante si los chacareros dejaban pasar la leche o no, si De Angeli se comía las eses o si Buzzi lo miraba feo a Miguens. Hoy la gente ya ve con preocupación que la actividad económica del interior del país cae en picada. No sólo las industrias ligadas al sector están comenzando a tener dificultades, sino que todo el entramado económico del país agropecuario se detuvo, y eso no le gusta a nadie.
El sector concentra cada día más gente. Cada vez que se organiza un nuevo tractorazo, la fila es más larga, y ya no se sabe qué hacer con los voluntarios que se arriman a los piquetes. Claramente algo está cambiando.
No se necesita la lucidez de Lusteau y ni claridad de los Fernández para darse cuenta de que el tema central de la protesta ya no son las retenciones. Hoy se discute el federalismo. Hoy se discute la forma en que se utilizan los recursos que produce el país agrícola. Porque hoy se descubrió otra mentira más. La gente se dio cuenta de que no es cierto que los agricultores no acepten las retenciones porque son “avarientos” y porque no quieren “redistribuir su riqueza entre los pobres”. Ya nadie puede creer ese invento fabricado para los discursos. La gente adhiere cada día más a la protesta porque entiende que se pueden mantener las retenciones por varios años, pero a niveles razonables, con un plan que prediga claramente su disminución y, por sobre todas las cosas, con un uso de los recursos no concentrados en las manos de la familia Kirchner/Fernández. ¡Por eso!
La gente adhiere a la protesta porque la inflación no tiene nada que ver con la soja. La inflación es la principal accionaria de la incertidumbre y este gobierno genera incertidumbre en cada uno de sus actos, comenzando por las dudosas cifras que publica el INDEC y coronando la torta con la frutilla de los controles de precios.
Finalmente, la gente adhiere al paro rural y lo convierte en un paro del interior del país porque se cansó de la soberbia, se cansó de escuchar que quien opina distinto es el enemigo, se cansó de ver cómo se gastan los recursos en sostener un sistema que puso a la dádiva y al subsidio como centro, en lugar de poner al trabajo y al esfuerzo personal en ese lugar.
Al paro hoy lo apoya la gente simple, la gente del interior que ya no le cree las mentiras al Gobierno. Y lo apoya porque ya no es por las retenciones.
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