¡A leer las etiquetas!

El empleo de los productos fitosanitarios juega un papel clave en el desarrollo de los cultivos para preservarlos de diferentes enfermedades, plagas y malezas. Con el objetivo de contribuir a una agricultura productiva y sustentable en el tiempo, es fundamental realizar las aplicaciones siguiendo las Buenas Prácticas Agrícolas (BPA); una demanda que hoy proviene desde todos los sectores de la sociedad.

Las BPA comienzan en el momento en que el productor está evaluando la posibilidad de realizar un control fitosanitario de su cultivo. Tras un monitoreo exhaustivo y teniendo en cuenta la biología de la adversidad a tratar así como la etapa fenológica en el cual se encuentra el cultivo, se deberá decidir si es recomendable realizarlo. En el caso que se decida realizar la aplicación, tras la recomendación del profesional actuante, el usuario realiza la compra del insumo que necesita.

Un usuario agroresponsable deberá conocer el producto que está aplicando y todas las indicaciones referidas a su uso, por lo cual debe leer detenidamente la etiqueta o marbete del producto. En Argentina existe una disposición legal que obliga a las empresas que producen o importan productos fitosanitarios a comercializarlos con sus etiquetas correspondientes y es responsabilidad del usuario leerlas, saber interpretarlas y respetar las indicaciones.

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Las etiquetas de los productos fitosanitarios están divididas en cuatro cuerpos o sectores, en donde se vuelca toda la información que se debe comunicar para poder utilizar estos productos.

En la zona inferior e izquierda de la etiqueta se ubica el Cuerpo A, donde se desarrolla toda la información relacionada con precauciones en el manipuleo de los productos; sus recomendaciones para el almacenamiento, primeros auxilios, antídotos y advertencias médicas. Es indispensable leer atentamente esta información ya que nos permite conocer cómo actuar en el caso que ocurra una emergencia o accidente y los teléfonos de los centros toxicológicos donde llamar.

Ubicado en la zona superior izquierda se encuentra el Cuerpo B, donde se detallan los datos propios de la formulación; marca comercial, empresa fabricante, composición química del producto, fecha de vencimiento y su número de inscripción en el SENASA. En este cuerpo es muy importante que el usuario verifique al momento de la compra la fecha de vencimiento y el número de inscripción en el SENASA. Este número garantiza que el producto que se está adquiriendo ha sido habilitado para su venta y ha comprobado ser seguro para su uso y el ambiente bajo las indicaciones de uso.

El Cuerpo C se encuentra ubicado del lado derecho de la etiqueta. Aquí se detallan todas las especificaciones técnicas agronómicas relacionadas al uso del producto; entre ellos se mencionan los cultivos para los cuáles fue registrado su uso, dosis y momentos de aplicación, así como tiempo de carencia y de reingreso, este último si fuese necesario.

La decisión de tratar o no un cultivo dependerá de las conclusiones que se deriven a partir del monitoreo, momento del cultivo y afectación de la plaga; sin embargo la forma de aplicación de un producto específico deberá alinearse a lo expresado en la etiqueta.

Es indispensable conocer las dosis de uso, así como los tiempos de reingreso para asegurarse no entrar al lote o cultivo tratado antes de que el producto se haya degradado. Asimismo, el tiempo de carencia (período mínimo entre una aplicación y el momento de cosecha), garantiza que tras la cosecha del cultivo, los posibles residuos existentes sean mínimos para no generar ningún efecto sobre la salud humana tras su consumo.

Finalmente, existe una última región, el Cuerpo D, donde se visualiza la banda de color, la cual representa la Clasificación Toxicológica del producto. Estas están divididas en 4 clases, las cuales son Ia y Ib (extremadamente peligroso y altamente peligroso, respectivamente) o Banda ROJA, Clase II (moderadamente peligroso) o banda amarilla, Clase III (ligeramente peligroso) o banda azul y Clase IV (normalmente no ofrece peligro), o banda verde.

Aquí también hay una serie de dibujos, llamados pictogramas, los cuales indican los elementos de protección personal (EPP) que se deben utilizar en cada caso, antes, durante y como proceder después de la aplicación.

Todos los productos que se comercializan y que han sido aprobados por el SENASA son seguros para las personas y el ambiente, siempre y cuando se utilicen como se indica en las etiquetas y bajo las Buenas Prácticas Agrícolas.

Por lo tanto, así como cuando tomamos un remedio, recomendado en una receta médica, no lo hacemos sin antes leer las indicaciones cuidadosamente; es muy importante que cada usuario lea e interprete correctamente la información de la etiqueta.

Autor: Ing. Agr. Federico Elorza, coordinador técnico de CASAFE

Fuente: CASAFE

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